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El final de 'Stranger Things': el adiós a la infancia y el paso a la adultez

Un cierre emotivo y ambiguo para la saga de Hawkins que nos obliga a elegir entre la esperanza infantil y la aceptación adulta.

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Jaime Polo | @lovacaine     

Desde su estreno en 2016, Stranger Things ha capturado la imaginación de millones de espectadores alrededor del mundo. Creada por los hermanos Duffer, esta serie de Netflix no solo revivió la nostalgia por los años 80 con referencias a películas como E.T., Los Goonies y Poltergeist, sino que también exploró temas profundos como la amistad, el miedo a lo desconocido y, sobre todo, el inevitable tránsito de la niñez a la adultez. Ahora, con el estreno de la quinta y última temporada, la serie ha llegado a su conclusión.

Advertencia: Este artículo contiene spoilers completos del final de Stranger Things temporada 5.

Todo empezó con cuatro amigos en Hawkins: Mike, Dustin, Lucas y Will jugando a Dungeons & Dragons en el sótano. Eran chicos normales con una amistad indestructible hasta que aparece Once y el Upside Down que entran en sus vidas como un mundo paralelo lleno de monstruos.

Stranger Things no es solo una gran historia de terror y ciencia ficción. Es una elegía a esa etapa de la vida en la que todo parecía posible

A lo largo de las temporadas, esos monstruos (Demogorgons, Mind Flayer, Vecna) son una excusa para hablar de cosas más reales: los primeros amores, las peleas, la pérdida de seres queridos, el bullying, el miedo a no encajar. El Upside Down es como una metáfora de todo lo feo que aparece cuando dejas de ser un niño.

En la temporada final, la cosa se pone apocalíptica. Vecna quiere unir los dos mundos y destruir todo. La batalla es mejorable, pero tiene su punto: explosiones, poderes, etc. Pero lo que realmente pega fuerte es lo que pasa con los personajes.

El momento más desgarrador es el de Once. Ella decide quedarse atrás para cerrar el portal definitivo y salvar al mundo, y todo indica que se sacrifica. Sin embargo, en el epílogo, Mike expone una teoría alternativa: Kali (la Ocho) habría usado sus poderes de ilusión para fingir la muerte de Once y permitirle escapar. Vemos imágenes de Once caminando libre, en paz, lejos de Hawkins y de cualquier amenaza. Los Duffer no ofrecen una respuesta cerrada. ¿Murió realmente o vive en algún lugar anónimo? Queda deliberadamente abierto. Mike lo resume con una frase sencilla y poderosa: “Yo creo que está viva”.

Esta ambigüedad es una de las grandes virtudes del final. Creer que Once sobrevive significa aferrarse a la magia y a la esperanza de la infancia; aceptar su sacrificio representa asumir la crudeza de la madurez. La serie nos plantea una pregunta esencial: cuando crecemos y enfrentamos pérdidas reales (personas, ilusiones, etapas de la vida), ¿en qué elegimos creer para poder seguir adelante?

La serie cierra con una nueva partida de Dungeons & Dragons, esta vez con los hermanos pequeños. El mensaje es claro: la infancia termina, pero sus valores (la amistad, la imaginación, la capacidad de creer en lo imposible) perduran y se transmiten.

Stranger Things no es solo una gran historia de terror y ciencia ficción. Es una elegía a esa etapa de la vida en la que todo parecía posible y un recordatorio de que convertirse en adulto significa despedirse de muchas cosas… pero también ganar la libertad de elegir nuestra propia narrativa.

Gracias, Hawkins, por hacernos sentir niños de nuevo. Y gracias por enseñarnos que, aunque crezcamos, siempre podemos decidir creer.