Hollywood en Don Torcuato
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Torres-Remírez | @jostorresremrez
De un tiempo a esta parte hay películas de serie B que están siendo reconocidas como las grandes películas que en verdad son. Cintas que han marcado un antes y un después en la historia del séptimo arte y cuya influencia se puede ver en grandísimos directores. Ya desde los ochenta del pasado siglo había directores y guionistas que se basaban en ideas o recursos vistos en esas cintas de las décadas anteriores, pero no fue hasta la llegada de Tarantino en la que esto se hizo sin ningún descaro, más aún, el propio Quentin hace gala de ello y homenajea a estas películas constantemente, tanto dentro como fuera de la pantalla. También en nuestro país tenemos a personas sin ninguna vergüenza que alaba este cine como pueden ser los organizadores del festival de cine CutreCon, que este año celebra a principios de febrero su decimocuarta edición. Pero no es oro todo lo que reluce, hay muchas películas de serie B que son infumables, aunque tienen su encanto. Sea la clase de serie B que sea, hay una cosa en común, la intrahistoria de estas películas puede ser fascinante, y el libro “Hollywood en Don Torcuato” de Vial Books, nos cuenta la historia de nueve de estas películas.
Nadia hablará de estas películas en el futuro, y posiblemente ningún Tarantino que salga dentro de 20 o 30 años las homenajee, pero hay que reconocer, que su historia es, como mínimo, llamativa
El nombre de Roger Corman está asociado a la serie B y la gente siempre lo menciona como el hombre que le dio la alternativa a numerosos grandes artistas y directores, pero se olvidan que también hizo mucha morralla, porque Corman sólo pensaba en el dinero, en ahorrar un dólar para tener más beneficios. Por otro lado, tenemos a Héctor Olivera, un respetado director argentino pero que también era empresario y quería mantener a flote su productora. De estas casualidades de la vida, sus caminos, se cruzaron y dieron al mundo del cine nueve películas (actualmente olvidadísimas) y un puñado de anécdotas que el periodista Andrés Frevier ha ido recogiendo con mucho mimo en su libro.
Durante la década de los ochenta, con la explosión del vídeo y los blockbuster, Corman necesitaba hacer películas baratas y rápidas para poder venderlas en los videoclubs (y algunas en salas de cine), por eso iba a rodar a todas las partes del mundo (Italia, Filipinas, Perú, Chile, etc…) y en estas búsquedas de abaratamiento, se encontró con Héctor Olivera. La conversación fue sencilla, Corman necesitaba películas. Olivera necesitaba producciones para mantener abiertos sus estudios. Ambos salían ganando. Así que empezó una asociación que es una rara avis en la historia cinematográfica argentina.
Las nueve películas que consiguió hacer Corman en Argentina bajo la producción de Olivera no las conoce casi nadie: Deathstalker (1983), El guerrero y la hechicera (1984), Los hechiceros del reino perdido (1985), La reina de Barbaria (1985), La guerra de la cocaína (1985), El enigma del Talismán (1986), Deathstalker II (1987), Two to tango (1988) y Negra Medianoche (1990). Aunque hay que señalar que justamente este año, en el festival CutreCon se proyectará “Deathstalker II”.
Las cintas, en sí mismas, no tienen más interés que el de ver una clase de cine que ya no se hace, efectos prácticos y digitales y, sobre todo, mucha imaginación para poder sacar adelante las cosas
Las cintas, en sí mismas, no tienen más interés que el de ver una clase de cine que ya no se hace, efectos prácticos y digitales y, sobre todo, mucha imaginación para poder sacar adelante las cosas. Quizás, las únicas que no son de “espada y brujería” [La Guerra de la Cocaína (1985, Two to tango (1988) y Negra Medianoche (1990)] son las más interesantes de ver, no sólo por la historia, sino también por descubrir una Argentina distinta a la que estamos acostumbrados. Pero el libro no va de las películas, sino de lo que hay detrás de ellas. De su rodaje, de sus anécdotas, de todo lo que el público no ve, pero hace que una película sea especial.
Frevier se ha documentado hasta la saciedad, no sólo con fuentes secundarias de información, sino presentándose delante de los protagonistas de estas historias y preguntándoles por ellas. La mayor envidia que tengo es que ha conseguido una entrevista con el mismísimo Héctor Olivera.
En el canal de Youtube de Amor de Cine le realicé una entrevista al escritor donde desvela con mayor profusión la elaboración del libro y la historia de la serie B argentina. Una clase magistral para los amantes del cine y del país sudamericano.
Nadia hablará de estas películas en el futuro, y posiblemente ningún Tarantino que salga dentro de 20 o 30 años las homenajee, pero hay que reconocer, que su historia es, como mínimo, llamativa.