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viernes. 03.02.2023
Sara Mesa

Narrativa |LOURDES CACHO ESCUDERO |

Uno se adentra poco a poco en La familia, el último libro de Sara Mesa, de puntillas, como si propiamente se tuviesen que cumplir las normas que el progenitor, gran admirador de Gandhi, impone a su mujer y a sus hijos. Y a él mismo. La obligación de ser, la rigidez y la austeridad hacen de hilo conductor y aparentan ser los personajes principales de una obra en la que los secretos, aunque no se permitan, serán la sombra de cada uno de sus personajes. “Pocos ven lo que somos pero casi todo el mundo ve lo que aparentamos”, se suele decir. En este libro la familia aparenta ser y solo los personajes secundarios que aparecen para poner una pizca de humor y color al blanco y negro de las normas, para definir la palabra egoísmo o para narrar la fragilidad del hijo mayor, no fingen. “Una familia rara pero educada”, así se refiere a ellos la vecina del tercero, a la que Padre pone de ejemplo a no seguir, aunque a ella le parece un hombre amable por el que siente una pequeña o tal vez gran admiración y al que no duda en defender ante los comentarios que su hija le hace de ese vecino que a ella le resulta cruel. Y lo es, cruel, ante su propia familia, ante Madre, ante él mismo. Obsesionado por la conducta, hace de esta el camino a seguir poniendo obstáculos sin darse cuenta o tal vez, dándose cuenta de ello, no a la libertad de sus hijos, sino a las libertades: ellos no pueden expresar libremente lo que realmente sienten, no pueden guardar bajo candado lo que escriben, no pueden desear el juguete de moda o el cómic del momento. La única que parece mostrar lo que siente es Madre, al principio, tras nacer el hijo mayor. Después se conforma. Aunque quizás, también sea una apariencia; o una crueldad, porque tanto esa conformidad como el silencio que se hace dueño de ella tras nacer su primer hijo no son sino armas que utiliza contra Padre. Cualquier miembro de la familia puede tener una buena conducta y parecer la peor y viceversa. 

Pasamos de un personaje a otro sin querer despedirnos, queriéndonos asegurar de que un hermano va unido a otro, de que cada uno tiene su propio carácter que lo identifica, la alegría, la angustia, el desenfado, el amor propio

Entramos en el libro a través de la descripción de la casa, la cual se nos presenta como una madriguera o una prisión, un lugar desde el que aprender a salir o a entrar sin hacer ruido, en el que aprender a convivir pero también a vivir, a esconderse, a escapar, a esperar. El libro en sí es una casa que atrapa al lector con su prosa y nos tienta a descubrir, a abrir y cerrar puertas que nos llevan de un capítulo a otro buscando una recompensa, la de saber que los personajes han crecido, ellos mismos son estancias a las que entramos para indagar en la vida de cada uno, para saber qué ha sido de ellos, en qué se han convertido después de salir de la casa, para refugiarlos y a veces, también, para refugiarnos con ellos. Se describe de una manera soberbia la angustia, que no deja de acompañar a cada uno de los miembros de la familia e incluso al lector, que se pregunta cuánto hay de felicidad o de infelicidad en una familia, aparentemente humilde que colabora, también aparentemente, con una causa para niños con Síndrome de Down, que adopta a una sobrina cuando esta se queda huérfana, cuánto hay de realidad o de ficción en los sentimientos, en el ser o en el querer ser. La rebeldía, el descaro, la falta de compromiso, el miedo, la hipocresía, pasean por el libro junto a las mentiras o la invención. Hay momentos en los que alguno de los personajes se inventa para vivir. En realidad, creo que todos tienen una doble vida, la que aparentan vivir y la que viven. 

La autora es capaz de recurrir a un lenguaje sencillo para describirnos una escena brillante. Contar las cosas tal como son, sin rodeos, nos encoge el corazón y nos hace partícipes de la desilusión y de la inocencia. Un juego de niños, como el escondite, nos muestra de una forma espléndida el otro escondite, el que los adultos guardan en el corazón, el angustioso, el que no es tan divertido, el que los hace caer en la tentación de llorar cuando nadie los ve, el que los desnuda y los muestra tal como son. 

La filosofía es otro de los grandes personajes que aparecen en este libro, en realidad la culpable de la austeridad y de las normas, pero también la que les hará recordar quienes son, la que propiciará momentos divertidos y otros no tanto. La filosofía aparece como salvadora y como verdugo. Y cada uno de los miembros de la familia decidirá cómo emplearla o cómo entenderla, cómo aplicarla a su vida. 

Pasamos de un personaje a otro sin querer despedirnos, queriéndonos asegurar de que un hermano va unido a otro, de que cada uno tiene su propio carácter que lo identifica, la alegría, la angustia, el desenfado, el amor propio. Todo ello envuelto en un halo de soledad. El propio libro se despide con el peso de la soledad frente a la alegría pícara de la inocencia, frente al asombro de los ojos de un niño. Otro acierto de Sara Mesa, que hace su escritura, imprescindible.

La familia. SARA MESA.  Anagrama. Barcelona, 2022. COMPRA ONLINE


LourdesCacho
Lourdes Cacho Escudero.
Poeta, narradora y crítica literaria

Un halo de soledad | «La familia», de Sara Mesa