sábado. 02.03.2024
Valerio Evangelisti
Valerio Evangelisti

El boloñés Valerio Evangelisti novela en esta primera obra de su Trilogía Americana (las otras son One Big Union Todo han de ser) el germen y evolución de los Estados Unidos desde la guerra de Secesión hasta convertirse en el país más industrializado y el más poderoso Imperio de Occidente. Escritor comprometido con la izquierda y el movimiento obrero de su país, en sus novelas, ensayos e historietas protagoniza a los nadie, en lo que se conoce como Nueva Épica Italiana.

En esta novela, Evangelisti narra magistralmente la evolución de los Estados Unidos desde antes del fin de la guerra. Para ello crea el personaje carismático Pantera, santero mexicano y mercenario, contratado por la patronal minera cuyo brazo armado, la Policía del Carbón y del Acero, reprime al naciente movimiento obrero. 

Escritor comprometido con la izquierda y el movimiento obrero de su país, en sus novelas, ensayos e historietas protagoniza a los nadie

En plena guerra de Secesión (1861-1889) surgía una gran incertidumbre sobre el destino de los Estados Unidos. Dos batallas estratégicas comenzaban a librarse en plena guerra que, una vez finalizada, se prolongarían durante décadas: una, en el Este y en el Norte, donde el ferrocarril constituía el eje del desarrollo industrial y la minería su combustible; la otra batalla se daría en el Sur, entre los grandes terratenientes ganaderos y los pequeños propietarios, muchos de ellos, inmigrantes llegados de Europa, principalmente de Irlanda, de Inglaterra o de Alemania. Para que el ferrocarril pudiera distribuir el carbón por todo lo largo y ancho del país, los gobernantes debían comprar con grandes sumas de dinero las servidumbres de paso a los latifundistas. Los pequeños agricultores y ganaderos, en cambio, ponían resistencia para que el tren pasara por sus terrenos. La batalla estaba servida, si bien era cierto que poco podían hacer estos últimos ante los grandes propietarios de tierras aliados con los gobiernos de turno y con las poderosas compañías mineras. Sin dejar de lado los enfrentamientos entre los propios inmigrantes, especialmente enconados contra los irlandeses.

Evangelisti narra magistralmente la evolución de los Estados Unidos desde antes del fin de la guerra

El hollín de las chimeneas de carbón y de las locomotoras iban creando un paisaje ennegrecido en los condados mineros que se expandían por todo el país. Las grandes empresas que explotaban el subsuelo no tenían piedad con los mineros de todas las edades, que se enterraban diariamente bajo cientos de metros respirando el polvo negro causante de la silicosis. Mineros que oficiaban como esclavos en jornadas interminables desde mucho antes del amanecer hasta la noche cerrada en que salían de la mina.

“Era preciso forzar la mirada para advertir la presencia de decenas de niños y algunos ancianos… Distinguían la antracita buena de la falsa… Varios capataces, armados con bastones y con correas de cuero, controlaban la calidad del trabajo. Si uno de los niños dejaba pasar una piedra de dudosa pureza le asestaban unos golpes en la espalda o en la cabeza. Vistos más de cerca, los críos se asemejaban a monos oscuros acurrucados con sus pequeños abrigos y con sus amplias gorras caladas hasta las orejas. A todos, sin distinción, les sangraban los dedos; a algunos también la cabeza o la frente, debido a las abrasiones causadas por los bastonazos o los correazos. Los más afortunados disponían de una mascarilla que les cubría la nariz y la boca… Cuando los niños tenían los labios destapados se veía que espumeaban la baba negra de quien masca tabaco.” (p. 172)

Como todas las narraciones de Evangelisti, ésta es también una historia de ficción. Pero una ficción construida sobre escenarios históricos detallados y bien documentados

A las penosidades del trabajo esclavo de la minería se sumaba otro escenario no menos espeluznante: la infinita invasión de ratas, muchas de ellas enormes como cerdos: “… decenas de ratas irrumpieron en el pasillo, chillaban y correteaban furiosamente… como si formaran un torrente de pelaje gris… el flujo de ratas era incesante.” (p. 103)

Como todas las narraciones de Evangelisti, ésta es también una historia de ficción. Pero una ficción construida sobre escenarios históricos detallados y bien documentados, obra no sólo de un novelista, sino también del historiador profesional que también era nuestro autor. Y como tal, pone a disposición del lector una bibliografía razonada que permite profundizar en los hechos históricos narrados. Sea con la lectura de esta extraordinaria novela, sea con la documentación aportada, será difícil aburrirse, pues como él mismo afirmaba, aburrirse es contrarrevolucionario.

Porque el aburrimiento es contrarrevolucionario. Antracita, de Valerio Evangelisti