jueves. 04.06.2026
CINE

'Si pudiera, te daría una patada': Rose Byrne pisa fuerte en otra maternidad desencantada

El segundo largometraje de Mary Bronstein sigue a Linda, una mujer ahogada por las circunstancias.
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Aleix Sales | @Aleix_Sales

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En el corpus de películas recientes que han llegado sobre uno de los temas de actualidad que empieza a romper su tabú como son las madres arrepentidas, Si pudiera, te daría una patada podría situarse en el centro de ellas. El segundo largometraje de Mary Bronstein sigue a Linda, una mujer ahogada por las circunstancias. Con una hija enferma, un marido ausente y un apartamento que se cae a pedazos, es forzada a trasladarse a vivir a un decadente hotel mientras se arregla el agujero en el techo. Paralelamente, ella, psicóloga de profesión -y también en tratamiento- aborda el caso de una paciente que siente paranoia y desconfianza hacia su bebé recién nacido. En este escenario, la directora filma sin proponérselo una obra nexo de títulos precedentes. Tiene el aura evocadora, claustrofóbica y malsana de la modélica Salve Maria (Mar Coll, 2024), dibujando igualmente metáforas de una maternidad desmitificada, como un agujero que se va agrandando hasta llevarse todo por delante y engullirlo. Por otro lado, se distancia un poco del realismo de Coll y apuesta por un punto de vista que se adentra en el estado mental de su protagonista, con resonancias a la aproximación de Die my love (Lynne Ramsay, 2025), estrenada hace unos meses, aunque con un retrato de lo onírico menos dado a la fuga excesiva y más cercano a lo real, estableciendo una fina línea entre lo cierto y lo delirante. Finalmente, rebaja la gravedad de las anteriormente mencionadas ofreciendo alivios cómicos como lo hiciera Canina (Marielle Heller, 2024), pero tiñéndose de un color mucho más negro y descartando la amabilidad que acababa impregnando la película protagonizada por Amy Adams.

En esta casual e involuntaria mezcla, Si pudiera, te daría una patada evidencia también rasgos ya característicos de otros filmes de su productora, A24. Concretamente, en la puesta en escena de Bronstein se nota la influencia de los hermanos Safdie y la paradigmática en los últimos años Diamantes en brutos (2019) para plasmar la presión y la asfixia de la situación vital de Linda. La directora se compromete durante buena parte de su metraje con el cerrado y angustiante primer plano, siguiendo a una sobrepasada y progresivamente desquiciada Rose Byrne. La apuesta le funciona ya que, desde el primer hasta el último instante, Bronstein instala en ella una sensación de incomodidad y pesadumbre que acompañan a su compleja protagonista y al espectador durante casi dos horas. Y estos primeros planos son llenados por una inmensa Byrne, que brinda un recital interpretativo con el que transita por una amalgama de emociones con una facilidad apabullante, logrando conectar con el público a pesar de tener un rol moralmente enmarañando y antipático en muchos aspectos.

Como el panorama de Linda, el guion se desborda y no remata satisfactoriamente algunas de las líneas que apunta, quedándose un poco coja después de la construcción gradual que va sentando a medida que suceden los minutos. No obstante, esto es compensado con creces por la comunión que crean la cámara de Bronstein y Byrne, la cual, si diera una patada, la película se derrumbaría. Pero ellas dos sostienen sobradamente una nueva lectura de esas mujeres que se dan cuenta de las flaquezas e impedimentos de una de las más sacralizadas convenciones sociales que se llevan vendiendo desde hace siglos. Un desencaje que deviene toda una experiencia cinematográfica por la que merece la pena pasar.

'Si pudiera, te daría una patada': Rose Byrne pisa fuerte en otra maternidad desencantada