jueves. 04.06.2026
PRESENTACIÓN DEL LIBRO

La bahía es un campo de siembra

El libro de Alejandro Tarantino,Ya no, nunca, se presentará el próximo 20 de septiembre en la Biblioteca Pública Municipal San Fermín de Madrid a las 12:00 horas.
LIBRO. Ya no, nunca

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Septiembre 2025
Acerca de
Ya no, nunca
De Alejandro Tarantino Aréchega
O, quizá, acerca de él…

1.Alejandro Tarantino
Alejandro Tarantino

En Tarantino hay una violencia retórica que resuena en las cúpulas de las almas que no atienden al sentido… Y nos fascina. Mezcla el asíndeton con la repetición gráfica de las conjunciones copulativas (hay una “y…” constante, que no cesa, que precipita sobre el ahora la historia lírica de las pasiones humanas, lo que somos por lo que fuimos); mezcla la fuerza adjetival que hace del núcleo nominal un bastión: la forma en que un adjetivo en su escritura defiende la integridad de un nombre, las imágenes advenidas versos, que se intercalan en el decurso argumentativo como epítomes extremos, con la sucesión vertiginosa de subordinadas, que en ocasiones se hacen presencia en estar elididas, hasta el límite que nos turba en su tono conmovedor, que nos arroja a lo vivo que aún yace en la palabra.

Sí, hay en él un pathos dramático, un camino benjaminiano entre las ruinas que no es filosofía, una transformación del espíritu más allá del mediodía, del lugar sin sombras, donde aparece el vértigo perpetuo cioránico y el abismo de la poesía especular –esa escritura en la que él se reconoce hasta el desvanecimiento–; hay un corazón vivo y un destierro de sí desde donde contempla, con anuencia y extrañamiento, los modos de la desaparición. Siempre será un escritor secreto, difícil, y alígero para los que se detienen y alivian en él la pesantez del ser, llenando de anáforas la escucha y sustituyendo la causalidad por quiasmos paradójicos.

Pertenece al extravío y siempre lo imagino [yo, y espero otros lectores] como un flâneur de acantilados, pisando el silencio, «el margen de lo no dicho»[1], que incorpora las voces poéticas de los que fueron. Tarantino se siente parte de una honda tradición, hoy hermética y secreta, que se atesora en las palabras, en sus connotaciones y contextos; y es preciso, agudo, bajo el manto metafórico de la belleza, como un canto animal, aunque herido, sobrio, sustancial.

En los campos sembrados con las semillas de la lengua trabajan todos los poetas, cultivan metáforas, sobre todo, es un inmenso campo de imágenes, comen de ellas y sus derivados, lo hacen, todos, desde siempre y sus cuerpos y sus versos fertilizan y aridifican, desertizan, la tierra que queda al pasar de su tiempo. Los hay que deflagran el rastrojo de una tierra cansada. Todos pasarán, sí, pero algunos quedan en otros sobrevividos al fuego. Imaginad el incendio de un campo de narcisos y el velo mortuorio que cubre la altiva mirada de los generosos sobre las llamas: ¡Ese es el amor vívido de lo feraz! Porque, ciertamente, la narración que han ido tejiendo las voces de los sembradores y los recolectores y los hambrientos desde el primer grafo atmosférico es la del eros nutricio. Vivimos de amor, hablamos de amor, escribimos sobre lo hablado y lo vivido. Es el caudal de la sangre.

Tarantino mira al último siglo, espejo de los anteriores, donde se hacina el ciclo de las cosechas; mira a los ojos de los campesinos de la lengua, cultiva con ellos lo que ha de permanecer hasta la siguiente cosecha: el secreto del silencio de la lengua.

Novecento, un poemario que saldrá en breve, al igual que Ya no, nunca, son libros que se suman a un canto en un campo de trabajo, un horarium –un libro de alabanzas– al renacimiento.

LIBRO Ya no, nunca 2

Hay un recorrido desde Ya no, nunca hasta Novecento, desde 2010 hasta 2020, una década donde se conjuraron todos los fantasmas de una vida en el centro de un amor. De ahí la violencia retórica en la cúpula de las almas…

En su escritura y en su reflexión sobre los especulares, entre ellos Valente y Lorca y Pasolini y Quignard, está el no-género de la escritura, «en el que puedan coexistir en una misma prosa esos intrusos que como espectros irrumpen a diario en la vida de nuestra experiencia, tanto si se trata de emociones como de pensamiento…» [2]. Tarantino no está en la prosa discursiva, aunque teme ese abismo y es filósofo de formación, o quizá por ello.

No es raro escuchar, cuando lo llamas por teléfono, que está sumergido en la voz melancólica de Billie Eilish, en Chopin o Bach, en el sonido salmódico de Sleeping at Last, en Mahler o en Joan Valent… Porque la música es la metamorfosis y no el fruto. O saberlo en los acantilados, esos dulces abismos de la conciencia de ser, o en el lugar prolongado de las bahías… Porque el silencio de los que caminan se yergue en las tormentas.

En este libro hay sonido y silencio. Porque es difícil tras el leer, este libro u otro de los suyos, tras leerlo a él, no sentir en la boca el salitre, el viento salino, el blanco de la sal… la sed infinita ante el agua marina… y todos los rumores del mundo… y no tener la iluminación profana de ya no, nunca

Este libro y su autor están en los límites de los poetas especulares; porque ellos habitan las fronteras del ser y del decir del silencio. Sí, se puede escribir el silencio; se sabe después de leer y nos invaden los sonidos del mundo y calla la conciencia lingüística. Ese silencio tras la lectura es lo escrito; aunque, hay tantos silencios en la diáspora del amor…

Y ellos ya saben que los bárbaros no vendrán allende los desiertos, de los infiernos, que ya están entre nosotros y han colonizado el deseo edénico. Por ello los literatos quignardianos [los que acaban con la primogenitura emocional del hambre; los que sienten el deliquio de la lectura, de la resignificación constante y genealógica de las palabras; los tristes diletantes en el infinito aorístico del arte] escriben con el terror de hacerse visibles, y sí, quieren ser leídos y reconocidos, pero no quieren ser vistos. Son taciturnos y despliegan una educada y dulce misantropía, hoy, podríamos decir, revolucionaria ante la colonización del inconsciente.

Ya no, nunca es un silente canto de amor. Y su obra gráfica recuerda a una abstracción de la pintura paleolítica, a las primeras manifestaciones sapiens de la pulsión de vida. Amor y vida, qué otra cosa pedirle a un libro… desde siempre, para siempre…

Candela Llanos de Vanda

CARTEL (1)

[1] Paul Ricoeur: Sobre la traducción. 2005. Editorial Paidós. p. 54: «Pues no solo hay contextos evidentes; hay también contextos ocultos y lo que llamamos las connotaciones, que no siempre son intelectuales, a veces son propias de un medio, de una clase, de un grupo, incluso de un círculo secreto. Existe el margen disimulado por la censura, lo prohibido, el margen de lo no dicho, surcado por la figura de lo oculto».
[2] Carmen Pardo y Miguel Morey, postfacio “Las voces del agua”, en Butes de Pascal Quignard.

La bahía es un campo de siembra