jueves. 18.04.2024
@slaplana_tve

Ya no me acuerdo, amigos.
Me he perdido, estoy desorientado,
todas las estrellas me parecen iguales.

No sentir la arena de los Campos del Tinduf,
ni oír cantar, a las mujeres, en Hassania.

No salen los niños de las casas de abobe,
para jugar al fútbol, o volar una cometa.

No recuerdo firmar aquellas cartas
de apoyo, denuncia y solidaridad,
en favor de los presos de conciencia saharauis.

Redactadas, con sumo cuidado, ponderación y respeto
por la mano amiga de Amnistía Internacional
(¡qué hago yo, ahora, con todos esos papeles!).

En el día del padre, me vuelvo un animal.

Me estabulo en mi cuarto leyendo, jugando al ajedrez,
viendo tres partidos de Rugby; el Seis Naciones, los escaques,
las letras impresas me esperan sin matices, ni preguntas,
no van a inquirirme sobre si existe la “primavera saharaui”.

Me llega desde Ucrania un sabor salado y cálido,
que se precipita por mi nasofaringe abajo.

¿Dónde está mi padre? Ayudarme a buscarlo.
Padre, ¿qué me puedes decir?
Hijo eres un perdedor con método, pero te quiero;
haz como yo: ¡no te salves!, ¡no se te ocurra rendirte ni salvarte!

En el día del padre escucho los mensajes de voz de mis nietos,
las felicitaciones de mis hijos y toda mi familia.

Lágrimas veraces, espontáneas y calmas se derraman de mis ojos.

Sinceramente: no sé si lo merezco, o soy un maldito pusilánime.

Otra vez a perder, sin tocar el balón. Por enésima vez los pobres van al cerco.

Los gritos enfebrecidos de las mujeres saharauis, el Zaghareet,
transidos de dolor no me despiertan, Y yo caigo, caigo
mecido por este bienestar tan desbocado,
sin conciencia crítica, sin espasmo moral.

Como Zuleijá [J1]  intento abrir los ojos, pero el impacto me ciega no me deja ver con claridad. Me sume en la perplejidad de ese viraje “traicionero” del Gobierno, mejor dicho, de la mayoría socialista del Gobierno que, lo parece y lo consigue, dirige “en exclusiva la Política Internacional y Exterior de nuestro país”; como si el Gobierno no fuera un órgano colegiado sino un negociado con áreas independientes, privativas, intransferibles. Me refiero, es obvio, al cambio radical relativo a la posición política de las autoridades de nuestro país, sobre el largo y tortuoso conflicto del Sáhara Occidental. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué ha cambiado en el escenario internacional para plegarse a las exigencias marroquíes y alejarse del Derecho Internacional, del cumplimiento de los Mandatos y Resoluciones de la ONU? ¿Por qué, precisamente ahora, en plena guerra inhumana en el oriente de Europa? ¿Podrían invocarse los mismos principios, las mismas exigencias? No hay dos asuntos iguales, pero sí semejantes, pero sí rigurosos de un tratamiento afín y similar.

 Perdonadme, pero esto no es un asunto baladí, esto tiene una dimensión importante, sustancial. Cabeza fría y atención expectante. ¡Ojalá que no!; pero el encontronazo: ¿podría suponer el principio del fin del Gobierno de Coalición? ¿Sería tan agudo, tan penetrante que los socios del Gobierno Socialista pudieran sentarse con ellos a debatir cuestiones nucleares, leyes y demás aspectos legislativos en cualquier mesa de diálogo; menos en la del Consejo de Ministros? Se acumulan tantos disentimientos, tantos desencuentros. Se hace imprescindible una explicación “gubernamental [J2] convincente y sólida. Algo, una verdad que sofoque esta ansia de conocer las causas, de calibrar la profunda desavenencia.

Tal vez lo entienda; pero no lo asumo. Queridos amigos: los sucesivos informes de Amnistía Internacional sobre la situación de la población saharaui y el comportamiento del “país ocupante y administrador de un territorio objeto de descolonización” son descorazonadores y atroces: ausencia del derecho a la libertad de expresión; penas crueles, degradantes e inhumanas; violencia contra las mujeres, represión por delitos “religiosos y de creencias”; penas de muertes, ejecutadas inflexiblemente hasta al menos 1993[J3] ; desapariciones en custodia, vulneración del derecho a la salud, persecución implacable de los defensores de los Derechos Humanos, etc…

Todo este horror puede soslayarse, ¿acaso -como en otro conflicto actual y sangrante- no se puede decir que el Rey Mohamed VI es un sátrapa, un violador continuado del Derechos Internacional y de los Derechos Humanos? Sus víctimas son árabes, prácticamente en su totalidad, musulmanes. Algunos, pocos, tienen los ojos verdes o azules, su tez es morena. Viven lejos, muy lejos, en el desierto al sur de Argelia o en la diáspora, expulsados de sus territorios. No poseen riquezas naturales, son brutalmente subdesarrollados. El “amigo americano” desde el comienzo del conflicto, 1975, los abandonó a su suerte y apostó, decididamente, por el agresor, el invasor. ¿Os suena esto?

Por no faltar, en el comunicado gubernamental emitido por la Moncloa anunciando el cambio de postura, no ha faltado siquiera el latiguillo –ha hecho fortuna, en la “tontada” cursi del discurso oficial- de la bárbara expresión “hoja de ruta”. Suscribo: “en una hoja de ruta clara y ambiciosa (…) para garantizar la soberanía, la integridad territorial y la prosperidad de nuestros dos países”. ¡Chúpate ésa, campeón! Cáspita, zambomba (horario infantil) será por retórica huera, hipocresía y cinismo salvaje. ¿Clara y ambiciosa? Será para Marruecos y su régimen dictatorial. Del resto de la morralla diplomática, mejor ni hablar. Bases sólidas, realistas y creíbles; una especie de “trágala” blando, fantasmagórico e insufrible.

Conservar la calma, reconocer la complejidad de la urdimbre conflictiva, tomar consciencia de las consecuencias de abordar determinadas acciones políticas, embadurnarnos con el cieno de la realidad y su puñetera verdad revolucionaria. Todo bien, pero por favor, no me pidáis que me rinda; ¡no quiero salvarme! Repito: ¡No quiero salvarme [J4] ! ¡Viva el pueblo saharaui! ¡Viva el Frente Polisario1

[J1] Juego discursivo con la magnífica novela: Zuleijá abre los ojos. Autora: Guzel Yájina.
[J2] Más bien debiera decirse, del mayoritario sector socialista gubernamental. El resto, increíblemente, no se enteran de nada, ni pueden plantear sus objeciones. Convidados de piedra.
[J3] Se continúan dictando, pero no se llevan a cabo.
[J4] Obviamente, tampoco quiero que me salve “el amigo americano”.

Polvo en suspensión en Madrid ¿Eran lágrimas, premonitorias, del desierto de Tinduf?