viernes. 19.04.2024
SEMBLANZA DE PEPO PAZ SAZ

El poeta de San Andrés de los Tacones

El autor evoca su relación con David González, poeta asturiano recientemente fallecido con 58 años, al que incluyó, con cuatro libros,  en la colección de poesía de Bartleby Editores, y traza una semblanza de su compleja personalidad como poeta y como ser humano.
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Foto blog "Escritores sucios"

SEMBLANZA | PEPO PAZ SAZ   

La última vez que viajé a Gijón fue a principios del mes de junio de 2021. Como era nuestra costumbre desde hacía más de veinte años, cuando el trabajo me llevaba hasta la ciudad donde vivía David González intentábamos concertar  un encuentro para poder charlar de nuestros proyectos literarios. En David, cuyo piso de la Plaza de la Soledad de Cimavilla siempre imaginé destartalado y repleto con los libros que habrían sobrevivido a su último arrebato, encontré ese rasgo singular que tanto se echa en falta en la nomenclatura cultureta de este país: la pasión por la poesía. 

David, con todos sus defectos,  fue un lector impenitente, un agitador de conciencias, un tipo al que amabas u odiabas sin término medio".

De aquellos sucesivos y espaciados encuentros en la cuesta del Cholo (a veces, pasaban años) me quedará siempre la imagen de un David permanentemente al borde del abismo cuya mirada se encendía al hablar de alguna lectura postrera, de aquel o aquella poeta que había descubierto y que deseaba compartir: David González, el último poeta maldito de una estirpe restringida -porque “poeta” se es, no se elige ser-, repudiado por la oficialidad, marginado en los ambientes poéticos de su propia ciudad y del resto del Estado, encabezó desde siempre (y en la clandestinidad a la que aboca el hambre), ese movimiento que defiende la poesía a pie de barricada, de celda. De corazón.

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Embalse de san Andrés de los Tacones, localidad de origen de David González

David, con todos sus defectos -que eran, seguramente, muchos- fue un lector impenitente, un agitador de conciencias, un tipo al que amabas u odiabas sin término medio. En Bartleby publicó cuatro poemarios, antologó a la "generación blogger", presentó a otros autores -a veces en las antípodas de su quehacer como poeta, por ejemplo, a José Mármol, intelectual dominicano que en 2013 obtuvo el Premio Nacional de Literatura de su país, y a quien David arropó muchos años antes en el Ateneo Obrero de Gijón cuando aquí era un perfecto desconocido- y hasta se atrevió con alguna traducción a cuatro manos de poesía estadounidense contemporánea. Corría la primera década del siglo XXI. Luego su voracidad creadora, esa que le llevaba a escribir y leer de manera improrrogable, alejó nuestros caminos, pero nunca nuestra relación personal. Siempre se mostró receptivo, animoso. Indomable.

Decía que la última vez que estuve en Gijón fue a principios del mes de junio de 2021. Veinte años separaban aquel primer encuentro cerca de la estación de FEVE, apoyados en un muro callejero, en el que sellamos una relación de lealtad mutua que mantuvimos por encima del naufragio del tiempo. Aquella última vez diluviaba y, pese a todo, buscamos el cobijo de un toldo en una terraza desierta para celebrar, por un rato, que seguíamos al pie del cañón. Bajo nuestros zapatos empapados corrían ríos de agua. Vi a David en unas condiciones físicas deplorables. Tantos años de fatigas y desfases se estaban cobrando su pieza. En mitad del aguacero emergió, sin embargo, el David González generoso: él me ayudó a elegir unos pendientes que yo quería regalar a una persona muy especial (y lo hizo por socorrer a aquella vendedora ambulante a la que el diluvio amenazaba con arrastrar casi como a nuestras ilusiones). Sus ojos se iluminaron al hablarme del actor Roberto Álamo y de una entrevista reciente en la que loaba su poesía. Andaba enredado en un libro de relatos y en su enésimo poemario. Se quejó del olvido de las instituciones locales. Nada nuevo. Luego, el silencio hasta que hace apenas tres meses nos hizo partícipes de su enfermedad a través de Instagram, diagnosticada tarde, tras muchos meses de dolores en la espalda que lo consumían. Se enfrentó a la muerte como lo había hecho siempre a la vida: desde el margen, con la rebeldía de los desheredados. David González, poeta de Cimavilla, de Gijón, de San Andrés de los Tacones: genio y figura. Te echaremos de menos, colega.


 

Pepo Paz Saz -fotografía de Erre García (si se utiliza por favor respetar el copyright)[59242]
PEPO PAZ SAZ.
Escritor y editor. Bartleby Editores 
Foto Erre García  
 

 

El poeta de San Andrés de los Tacones