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martes 17/5/22
EL MADRID DEL PRIMERO DE MAYO

La plaza de la lealtad, la bolsa de comercio y el cuartel general de la armada

'El Madrid del Primero de Mayo', de Francisco Javier López Martín, por entregas en Nuevatribuna.

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(Capítulos 22, 23 y 24)

22.- PLAZA DE LA LEALTAD

A mitad de camino entre las fuentes de Neptuno y Apolo, se encuentra la Plaza de la Lealtad, con forma semicircular, respetada por los alineamientos del Hotel Ritz y del edificio de la Bolsa de Comercio que se encuentran en ella.

En el centro de la Plaza se levanta el Obelisco del 2 de Mayo. Las Cortes de Cádiz, en 1814, decidieron levantar este monumento a las víctimas del levantamiento popular contra los franceses, en el Campo de la Lealtad, en el Salón del Prado.

Cuando Fernando VII recupera el trono, en 1814, a pesar de su abdicación de 1808 en favor de José Bonaparte, es recibido en Madrid como el Deseado. Pronto los liberales comprobarán que el rey pretende gobernar España desde los más rancios postulados absolutistas, anulando la Constitución de Cádiz de 1812. De nada sirve que algunos héroes de la Guerra de la Independencia como Espoz y Mina, Porlier, Torrijos, Milans del Bosch -quién lo iba a decir-, o Van Hallen, protagonizasen levantamientos para reconducir el reinado hacia posiciones más cercanas al liberalismo.

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El teniente de navío estadounidense, Alexander Slidell-Mackenzie, pasa por Madrid en 1826 y nos describe al rey Fernando VII como un monigote que saluda desde su carroza como espantando moscas, mientras su hermano Don Carlos, con su bigote rojo como rabo de zorro y su sonrisa falsa, más que atraer simpatías, amedrenta, acompañado de su mujer, basta, ceñuda y de negra pelambre.

Las cruentas guerras desatadas para mantener un imperio colonial que se desmorona de forma irreversible, darán pie, en 1820, para que en Cabezas de San Juan, las tropas que debían de partir hacia América se amotinen y vuelvan sus fusiles hacia la capital.

El levantamiento de Riego inaugura el trienio liberal, que se verá abortado por la entrada en el país de los Cien Mil Hijos de San Luis, en 1823, dispuestos a restaurar el absolutismo que la Santa Alianza intenta mantener vivo en Europa.

En 1821, en pleno apogeo liberal, el Ayuntamiento madrileño convoca el concurso para elevar el monumento constitucionalista, que es ganado por un discípulo de Juan de Villanueva: Isidoro González Velázquez. 

El romanticismo comienza a abrirse camino e impregna los círculos liberales. En Europa es el momento de Lord Byron, que morirá luchando por la libertad de Grecia, de Shelley y su esposa Mary, la creadora del monstruo de Frankenstein y, en España, de Larra, Bécquer, Espronceda, Ventura de la Vega...

El Obelisco será uno de los primeros monumentos románticos españoles, rodeado por un jardín circular en el que se alzarán enormes cipreses. Si tenemos en cuenta que las obras se prolongan hasta 1840, no es extraño que el resultado final sufriera notables recortes y amputaciones que difuminaron el proyecto inicial, tal como ocurrió con la mayoría de los proyectos fraguados durante el reinado de Fernando VII.

Como consecuencia de ello, las dimensiones del Obelisco no se corresponden con el diseño original y desentonan con la base que lo sustenta, compuesta por una escalinata, sobre la cual se sitúa un pedestal con lápidas conmemorativas laterales. Al frente, una urna contiene las cenizas de los madrileños fusilados en este mismo lugar por las tropas napoleónicas. En la parte trasera, un niño con un león. El Obelisco se soporta sobre un pedestal flanqueado en sus caras por las estatuas del Valor, la Virtud, el Patriotismo y la Constancia.

El fuego que arde ante el monumento y las comitivas de representantes de otros países que lo visitan para depositar coronas de flores, recuerdan que el Obelisco ejerce también de Tumba del Soldado Desconocido.

323.- BOLSA DE COMERCIO

En la misma Plaza de la Lealtad, en el número 1, se encuentra la Bolsa de Comercio de Madrid. Escribo “Bolsa” y pienso inmediatamente en el lugar donde las grandes empresas, los dueños del capital, invierten su dinero y obtienen fabulosos beneficios. Tengo que leerlo otra vez, para caer en la cuenta de que un buen número de pequeños ahorradores invierten parte de sus ahorros en la Bolsa.

Cualquier sencillo manual de economía, explica que ahorro es todo aquello que no destinamos al consumo. Podemos atesorar ese dinero, pero la inflación, por pequeña que sea, se va comiendo esos ahorros. También podemos invertirlo en comprar una vivienda, títulos de renta fija del Tesoro Público, o acciones que coticen en Bolsa. Estos son los casos más frecuentes.

La elección dependerá de factores como la cantidad de dinero del que disponemos y de la opinión personal que nos merezca cada una de las opciones y los beneficios que pensamos obtener.

En un momento de crisis económica o altos tipos de interés, las personas que ahorran y deciden invertir en “activos financieros”, elegirán valores seguros como los bonos, que les permiten asegurarse un rendimiento fijo. Sin embargo, en tiempos de crecimiento económico y bajos tipos de interés, la inversión se dirigirá hacia las acciones, que tienen mayor riesgo, pero pueden ser más productivas.

Ahora bien, la Bolsa tiene sus reglas. Por ejemplo, hemos visto que tiene que ver con los tipos de interés y, a su vez, éstos con la Renta Nacional. En nuestros días, la internacionalización de la economía no es tan evidente en los intercambios comerciales entre países y continentes, como en el libre flujo del dinero en los mercados financieros.

Así las cosas, no es la renta nacional la que condiciona exclusivamente los avatares de la Bolsa. La bajada de tipos de interés en EEUU, un cambio de gobierno en Rusia, o la caída de los mercados financieros asiáticos, pueden tener un impacto mayor sobre las fluctuaciones bursátiles, en muchos casos, que fenómenos que afecten directamente a la economía española.

Pero volvamos a nuestro recorrido, porque otra vez me estoy perdiendo. El caso es que la bolsa había pasado por media docena de emplazamientos, desde que se estableciera en Madrid en 1831, cuando se convocó el concurso para construir un edificio sobre el solar en el que se levantaba anteriormente el teatro El Dorado. El concurso fue ganado por Enrique María Repullés y Vargas, quien en 1884 inicia las obras que concluirían en 1893.

La fachada se ajusta a la forma cóncava de la Plaza. Una escalinata sirve de soporte a un pórtico de seis altas columnas corintias, sobre las cuales se levanta un ático. Dos pisos de arquerías completan el conjunto.

En el interior, se encuentra una sala de operaciones semicircular, con bóveda de hierro y cristal, en la cual se desarrollan las contrataciones del mercado de valores de lunes a viernes. La construcción se inspira en el diseño que realizó Van Hansen, en 1877, para la Bolsa de Viena.

24.- CUARTEL GENERAL DE LA ARMADA

Siguiendo por la misma acera del Paseo del Prado, se encuentra el Cuartel General de la Armada, que fue sede del Ministerio de la Marina y que alberga el Museo Naval. De nuevo os encontráis con un edificio levantado siguiendo las pautas del estilo ecléctico que marcó la arquitectura española de principios de siglo. 

En este caso, los elementos clásicos se combinan con los góticos, y se completan con otros de estilo cisneros. El edificio se levanta sobre un solar rectangular, con dos patios interiores. La recargada fachada exterior se unifica con una torre central.

La obra es iniciada por José Espeliús en 1915 y es concluida por Francisco Javier de Luque en 1925. En los años 70 se realizó una ampliación del edificio que intenta responder con un lenguaje moderno a la misma estructura de la fachada de principios de siglo, a base de rectángulos que componen una fachada coronada en su cuerpo central.


Capítulos anteriores


El Madrid del Primero de Mayo de Francisco Javier López. Capítulos publicados

Presentación: Madrid Patrimonio por entregas

La plaza de la lealtad, la bolsa de comercio y el cuartel general de la armada