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Mauro Nicolás Gamboa |
El cantante puertorriqueño Pedro Capó, se presentaba en la sala BUT en la capital española y hasta allí nos dirigimos los enviados especiales de Nueva Tribuna.
Una larga fila aguardaba a que se abrieran las puertas del recinto ubicado frente a la biblioteca Mario Vargas Llosa. Había mucha expectación por ver al artista latinoamericano interpretar sus clásicos que han cautivado a millones de personas en todo el orbe. Día domingo en Madrid y los dioses de la música nos ofrecen un concierto a modo de ofrenda para nuestra alma. Un show emotivo por demás y al que no le faltó nada.
Luces fuera, abundante humo, el respetable ruge, Intro instrumental disparada y la temperatura va en aumento. Acto seguido, sube al escenario Pedro Capó y desata una atronadora ovación que se entremezcla con aplausos y móviles filmando. Inaugura el espectáculo con “Hoy me siento cabron” y la fiesta ya está lista.
Se aprecia como el intérprete conecta desde el primer compás con sus seguidores. Las voces de todos los presentes acompañan en piezas como “Esto se jodio”, “La sábana y los pies” y “Buena suerte” entre otras.
La banda (compuesta por baterista, bajista, corista, guitarrista y algunas programaciones disparadas desde consola y ordenador) suena compacta. El ritmo se apodera de los esqueletos al completo. Hasta las columnas de la sala bailan. Pedro Capó es un músico que destaca por su omnipresencia continua sobre las tablas. Sabe crear un cuadro sonoro ideal. De esos que uno cuelga en su corazón para siempre.
Visiblemente emocionado ofrece un abrazo simbólico a la multitud. Agradece por el cariño y por llenar la sala. Indica que “esta noche vamos a crear un paréntesis. ¡¿Cómo no vamos a celebrar si estamos vivos?¡” y continúa el directo con “Existo”, “Ojos claros” y “Estoy enamorado”.
A destacar es el groove de su concierto, el cuál prosigue envolviendo con su telaraña de hits a sus feligreses. También en su show, se percibe la amplitud de géneros y estilos musicales que integran sus canciones. El pop de autor bien realizado. El cantante se muestra de buen humor, sonriente, feliz, cercano y agradece continuamente por el apoyo. El karaoke al unísono continúa su andar con “Amores como nuestro”, “Adiós” y “Aquí estaré”.
En sus ojos se ve la complicidad con toda la platea. El magnetismo de su figura es evidente. El respetable aplaude cada gesto del intérprete. Si se quita el sombrero. Si canta a dúo con su corista. Si baila. Cada pestañeo es celebrado. Sin lugar a dudas, podría fundar su propia religión.
“Tu fanático”, “En vivo” y “Sabe bien” se van combinando a la perfección con el show de luces del concierto. El público no cesa de cantar, de aplaudir, de bailar, de celebrar la vida a través de las canciones de Pedro Capó. Las emociones son palpables. La felicidad es evidente en el ambiente. La sangre está en plena ebullición, pero las agujas del reloj, anuncian que el tiempo siempre es tirano.
Los bises en el recital de Pedro Capó, son de esos momentos en la vida, para guardar eternamente en nuestro interior. El tramo final de la velada incluye “La neta”, “La fiesta” ,”La calma” y “Gracias” para poner un broche de oro, diamantes y zafiros a un espectáculo sublime e inimitable. Durante varios minutos, tras la culminación del concierto, el cantante originario de Puerto Rico, fue aplaudido fervorosamente.
Pedro Capó, un artista que atrapa en directo y bendijo a Madrid compartiendo su talento.



