CINE SOCIAL

On Falling: una caja solitaria

On Falling retrata la precariedad laboral y el aislamiento migrante con un estilo sobrio y poético.

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Aleix Sales | @Aleix_Sales

La explotación obrera, siempre bajo la presión de no perder ni un ápice de productividad, ha sido habitualmente objeto de estudio para la faceta social que cierto cine ha sido capaz de mostrar. Desde los campesinos trabajando para el señor feudal hasta estos esclavos con aparatos decodificadores que se pasean por hostiles almacenes repletos de paquetes, en los que la gratificación después de matarse a fichar artículos es la elección libre de una chocolatina de máquina. Uno de los insignes de este realismo social, Ken Loach, ya abordó el drama de los repartidores de mensajería en la desoladora Sorry we missed you (2019) y, ya retirado con casi 90 años, sigue dando voz a las bases de la sociedad, produciendo esta ópera prima de la portuguesa Laura Carreira. On Falling sigue a Aurora, inmigrante lusa que trabaja preparando pedidos en un gran almacén de Escocia mientras comparte piso con otros extranjeros en busca de prosperidad fuera de su tierra.

Es inevitable comparar el trabajo de Carreira con su mentor o con otros históricos como los hermanos Dardenne, pero la cineasta logra un estilo todavía más depurado, tomando una protagonista inestable y quebradiza que bien podría salir de Von Trier o Haneke. Esto deriva en una trama mínima que queda empacada con silencios elocuentes y un vacío que suma a los temas centrales de la obra como el aislamiento del expatriado, la denuncia de la precarización y de las condiciones apremiantes de estas empresas gestadas desde la “emprendeduría” o el hecho de cómo un trabajo asfixiante puede llegar a anular a alguien como persona, vaciarla de contenido e impedir su desarrollo personal y vital. Carreira toma con aplomo su propuesta directa, despojada de artificios, y filma un contundente alegato a favor de la dignidad laboral alejada del panfletarismo. Asimismo, reflexiona sobre cómo, en un mundo aparentemente más conectado, cada vez uno se recluye más y rechaza el contacto humano a raíz de otros estímulos surgidos y potenciados desde el capitalismo y el consumo, representado en la adicción al móvil de Aurora.

Conjugada con frialdad, pero sin olvidar espacios para la cálida conmoción desde un espectro emocionalmente moderado, la debutante también es capaz de entregar secuencias de aire poético con los que reforzar orgánicamente la rueda en la que se encuentra su protagonista. Prueba de ello es esa caja que va cayendo sobre sí misma y no avanza en la cinta transportadora. Y aunque todo pueda parecer gris, el desenlace brinda un rayo de optimismo en el que, en medio del aislamiento, la colectividad es el lugar donde encontrar refugio ante tanto obstáculo.