miércoles. 29.05.2024
Paul Auster, Harvey Keitel y Wayne Wang en el set de Smoke
Paul Auster, Harvey Keitel y Wayne Wang en el set de 'Smoke'

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Guillermo Barrera | @guille_barrera

Un legado literario de renombre nos dejó el pasado 30 de abril: Paul Auster

De antemano, me declaro culpable de no conocer a conciencia su obra. Por lo tanto, ni soy un gran fan ni un seguidor acérrimo, y por supuesto, me resultaría imposible hacer un análisis de su obra literaria, en cambio, sí que puedo decir que me fascina la única obra que he leído bajo su firma: “Leviatán”, también puedo hablar de la pequeña pero interesante incursión de Paul Auster en el séptimo arte. 

Su verdadero legado cinematográfico, y el film que realmente me interesa destacar, homenajear y por supuesto, recomendar es, sin lugar a dudas, la joyita independiente: “Smoke”

Se puede decir que todo empezó cuando Philip Haas adapto su novela homónima: “La Música del Azar” (1993), ese drama con aura a road movie, donde hasta el propio Auster se prestó a un pequeño cameo, por lo tanto, a lo largo de las década de los 90s, el escritor dejo su pequeña huella cinematográfica, primero como guionista, escribiendo: “Smoke” (1995) (su mejor trabajo cinematográfico) dirigida por Wayne Wang, con el que mantuvo una estrecha relación profesional, puesto que juntos, dirigieron la secuela de “Smoke” (1995) : “Blue in the Face” (1995). Ya en solitario, el escritor, se animó con la dirección, escribiendo y dirigiendo: “Lulu on The bridge” (1998) con una estelar Mira Sorvino o la bastante regulera: “La vida interior de Martin Frost” (2007). 

Pero el verdadero legado cinematográfico de Paul Auster, y el film que realmente me interesa destacar, homenajear y por supuesto, recomendar para los que no la hayan visto todavía, tras ese merecido y buen re-visionado en este obituario del novelista, es sin lugar a dudas la joyita independiente: “Smoke” (1995). Un drama que nos traslada a un verano de Brooklyn, de finales de los 80s, donde un grupo de personas frecuentan un estanco de barrio, donde el estanquero, es el gran confidente de todos ellos. Auster firma el guion, basándose en su relato: “Cuento de Navidad de Auggie Wren”. Dirige el norteamericano, nacido en Hong Kong: Wayne Wang, donde impulsa la película dotándola de una enorme personalidad narrativa y visual, reparto potente, donde protagoniza un inmenso Harvey Keitel (el intérprete más ligado a los trabajos cinematográficos de Paul Auster), junto a otro grande: William Hurt. Cierran el reparto, Stockard Channing, Forest Whitaker, Harold Perrineau, o curiosamente, pequeña participación, de por aquel entonces un todavía desconocido: Giancarlo Esposito. Exquisita y sentimental propuesta fílmica que gustó bastante en el Festival de Berlin en su año de estreno, dirigida con una notable e inmensa sensibilidad, y por supuesto, interpretada de forma maravillosa por una dupla actoral colosal, que conocemos de sobra, como lo son: Hurt y Keitel. Película de historias cruzadas, y en este caso, historias interesantes, envueltas en una cotidianidad bastante irresistible, se consigue construir personajes carismáticos, de enorme empatía. Un relato humano, totalmente dickensiano, sobre las esperanzas, la pérdida o la amistad o como muchos la etiquetan, una película sobre el placer de perder el tiempo, una cinta con mucho humo y tabaco, meras metáforas donde intenta transmitir, bajo esa cotidianidad, todo aquello que puede pasar u ocurrir entre la gente, un arte de vida plasmado en pantalla.

Como ya he comentado, el mismo año, este clásico noventero de culto, tuvo una divertida secuela con el mismo equipo, tanto detrás como delante de cámaras, hablo de “Blue in The Face” (1995). Mucho más simple, y es evidente, que, como secuela, pierde frescura, a pesar de ser más cómica, no es tan interesante como su predecesora, pese a ello, es digna secuela, simpática y agradable de ver. 

Paul Auster, review smoke