miércoles. 03.06.2026
CRÍTICA DE FRANCISCO PEÑA

Análisis de 'Lucrecia', una novela de Teresa Galeote

La novela será presentada el próximo 23 de abril en Madrid.
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Las novelas de Teresa Galeote tienen la intención de no dejar nunca indiferentes. Si en Cosas que no se olvidan, salían a relucir temas como el golpe de tejero o la OTAN, en Lucrecia, las orillas del tiempo, aborda uno de los temas más importantes de la circunstancia española actual como es el de la emigración. 

La emigración está vista como una especie de camino iniciático en el que el emigrante se ve obligado a superar un sinfín de obstáculos y adversidades, pero, que al contrario que el camino iniciático de la mayor parte de los caballeros andantes, no acaba bien en muchas ocasiones. Ahí tenemos los miles de ejemplos de los emigrantes que se quedan en el mar nada más iniciar su andadura. 

Lucrecia es una emigrante más, una mujer colombiana que llega a España añorando como todos los que vienen, sus raíces y sus familias

Lucrecia es una emigrante más, una mujer colombiana que llega a España añorando como todos los que vienen, sus raíces y sus familias. La vida no será fácil, y lo que desde la lejanía se ve como la tierra prometida o el paraíso, se va convirtiendo a lo largo de la novela en la más dura de las realidades. 

La emigración es un problema de la humanidad que supera las coordenadas de espacio y tiempo. Siempre ha habido emigración y siempre ha sido un momento doloroso e ilusionante. Teresa recuerda los momentos de la emigración española para concienciar sobre la actual. 

En este marco de la emigración surge la intimidad personal como una forma de agarrarse a la vida: el amor, sincero y profundo, se opone al sexo y la violencia conformando un espacio desgarrador con un final sorprendente. 

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La novela de Teresa juega con tres tiempos entrelazados que le dan una gran riqueza estructural:

- Por un lado, el presente, la vida difícil e ilusionada de Lucrecia y Jorge en la actualidad con las vivencias y las dificultades de lo cotidiano. Ahí surge, por ejemplo, como una amenaza constante el tema de los papeles, los dichos papeles que pueden hace pasar de la angustia a la ilusión. En el presente se desarrolla el núcleo central de la acción. 

- El pasado inmediato, el mundo que vivía Lucrecia y su familia en Colombia, el mundo que ha tenido que abandonar y que se añora a lo largo de toda la novela. Ahí surge el padre, Bernabé y otros personajes. Pero sobre todo, a partir de este mundo, nos aparece el inmediatamente anterior, que se convierte en un mundo mágico y maravilloso. Es uno de los mejores aciertos de la novela. El mundo de la magia, de la mitología se ve en personajes como la vieja india MARILULA.

Este mundo nos recuerda de forma inmediata el Macondo de García Márquez.

Como la Marilula, los personajes, el ambiente y la forma de vida se tiñen del realismo mágico del escritor colombiano.

El aire del realismo mágico impregna muchas de las páginas de la novela y va convirtiéndola en un espacio en el que la figura de la protagonista y de todos los que la rodean se ven sumergidos en la naturaleza. Por eso, podemos decir que Lucrecia representa ese mundo natural, espontáneo y virgen que se ve hollado y aprisionado por la realidad de la civilización. Las palabras que abren el capítulo dedicado a Bernabé con un claro ejemplo de ello. 

- El tercero de los planos temporales es el pasado remoto, el de la conquista de América por parte de los españoles y la revuelta de Simón Bolívar contra los conquistadores. Algunos de los capítulos son historias intercaladas donde la autora denuncia la violencia de la conquista. En el capítulo dedicado al nuevo mundo, la autora se recrea en cómo se generó la esclavitud y cómo los conquistados perdieron su libertad. De África a América, de América a Europa, todo es un continuo trasiego de vidas llenas de dolor y nostalgia. 

La novela se presenta, fundamentalmente, desde un narrador en primera persona, que luego nos enteramos que es Jorge. Pero el punto de vista varía, se enriquece en algunas ocasiones con la inclusión de capítulos en tercera persona, como el titulado "Desconcierto", casi al final de la novela y que le permite a la autora entrar en la mente del personaje para abordar cómo siente interiormente el conflicto brutal que está viviendo. 

Incluso la autora ha sabido crear la intriga con acierto. La primera línea nos deja ya una preocupación en el aire: Lucrecia desapareció de mi vida bruscamente. Y ahí se queda. Después, más adelante, va apareciendo un espacio inquietante, el salón, que se repite varias veces que sólo al final de la novela entenderemos completamente su significado. 

La novela está escrita en un lenguaje sencillo, directo sin grandes complicaciones formales pero hay algunas descripciones que son un verdadero acierto

La novela está escrita en un lenguaje sencillo, directo sin grandes complicaciones formales pero hay algunas descripciones que son un verdadero acierto, sobre todo cuando se adentra en ese mundo mágico del que hemos hablado. 

En ese espacio, hay algunos americanismos, intentando acercarse al lenguaje propio de los personajes. Por eso, podemos leer, por ejemplo macanudo. Y se intercalan algunas leyendas que contribuyen a incrementar el tono de irrealidad de la novela o que denuncian la situación de injusticia provocada por la conquista. 

Pero no faltan tampoco, en medio de ese pasado, guiños a la actualidad más cercana y envolvente como la referencia que hace a Benedetti, autor que le sirve, además, para la dedicatoria de la novela.

En fin, Lucrecia, Las orillas del tiempo, es una novela de cómo la emigración ha sido una constante en el tiempo y de cómo lo emigrantes han ido perdiendo siempre su raíces, cuando no su vida, en ese viaje iniciático hacia un nuevo mundo. 

Y sólo queda la pregunta final: ¿Dónde ir entonces? 

Francisco Peña; catedrático de literatura.


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Teresa Galeote (Madrid) reside en Alcalá de Henares desde 1982. Licenciada en Filosofía y Letras, ha sido Consejera de la Fundación Cultural Colegio del Rey, Consejera en el Consejo Escolar Municipal, y Concejala del Ayuntamiento de Alcalá de Henares, en la legislatura 1991/1995. Actualmente se dedica por entero a la literatura. Entre sus libros: Los sueños, (relatos), 1998, Iberia, (tres novelas cortas), 2001, La Universidad de Alcalá de Henares en el contexto político del S XIX, 2003, Cosas que no se olvidan, 2006, Los días largos, novela con la que ha obtenido el Premio Carta Puebla de 2008, La crueldad, cuentos colectivos 2009. Ha participado en las antologías de Ediciones Irreverentes Microantología del Microrrelato II y Antología del relato negro III.

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