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Francisco Nieto |
La recomendación es clara y diafana como las aguas profundas que nos muestra este estimable documental: Kantauri se tiene que ver en un cine, y si es en la pantalla más grande en el que se pueda exhibir, pues mejor que mejor. La paradoja es que seguramente se vaya a estrenar en salas más reducidas, cuando luciría a las mil maravillas en una que tuviera una muy buena calidad de imagen. Por lo que he podido comprobar algunos cines de la cadena Cinesa sí que la van a proyectar, así que hay que aprovechar la oportunidad, porque seguro que no dura mucho tiempo en cartel.
Quien vea Kantauri va a asistir a una experiencia única e irrepetible en la que la calma y el sosiego van a estar presentes durante todo el tiempo que dure la sesión. Su poco más de una hora de metraje equivaldría por lo menos a tres sesiones de mindfulness, ya que en cada fotograma se respira una sensación de serenidad, y así nos dejamos mecer por el oleaje mientras contemplamos las maravilas acuáticas de la Costa Vasca del Cantábrico, un lugar que pese a su cercanía se trata de un entorno poco conocido para gran parte de la población.
Y por si fuera poco las bellas imágenes que nos brinda el documental de este paraje incomparable vienen acompañadas de la calidad y muy poética narración del escritor guipuzcoano Patxi Zubizarreta, quien además de ser un reconocido autor de literatura infantil y juvenil tiene una faceta distinta como creador de espectáculos que combinan música, imagen y literatura. La preciosa banda sonora viene firmada por Joseba Beristain, cuya participación como músico en proyectos audiovisuales es bien conocida incluyendo música para cortometrajes, cine, documentales y vídeos promocionales.
La palabra espectacular se nos queda corta a la hora de catalogar el alud de elementos de la flora y la fauna que se nos muestran. Como uno no entiende mucho de adelantos tecnológicos en cuanto a filmación de espacios subacuáticos se refiere nos remitimos a la información facilitada por la productora donde se nos explica detalladamente los recursos utilizados para conseguir las impresionantes imágenes en las que parece que podamos acariciar a alguno de los seres vivos que pululan por aquellas aguas.
Para el tratamiento visual del documental se han utilizado cámaras con lentes ojo de pez que han permitido filmar animales de gran tamaño en su ambiente. Pequeñas pero sofisticadas cámaras escondidas en el fondo y que, al pasar desapercibidas, son testigos de secuencias que resultarían imposibles si estuviéramos presentes. También se han hecho uso de trípodes que ellos mismos han diseñado y que les han permitido obtener imágenes fijas a pesar de las fuertes corrientes.
Para los más entendidos en la materia, completamos esta información con el tipo de tecnología utilizada: Sony Alpha 7 s3. Full frame, 4k, 120 FPS. Panasonic Lumix gh5, 4k 60.
GPS. Carcasas nauticam. Hidrófonos. 4 focos Scubalamp SUPE 6K pro; Dron Dji mini 3 pro. 2 cámaras Lumix S5 II. Varias ópticas (50mm, 18mm, 85mm, 24mm, 70-200). El resultado es absolutamente asombroso, y existen instantes que van a permanecer en la retina durante mucho tiempo, como aquel momento cumbre a punto de finalizar la odisea en el que se cruzan algunos bancos de anchoas con otros de atunes. ¡Impresionante e hipnotizante a la vez!. Y eso que los directores comentan que fue una situación que se dio por casualidad, ya que normalmente es muy dificultoso que se produzca algo por el estilo. Y nosotros tenemos la inmensa fortuna de asisitir a uno de las representaciones más alucinantes que tienen lugar en Kantauri, o sea, en el Cantábrico.
No sería justo finalizar esta reseña sin hacer hincapié en las labores de dirección del científico marino Xabier Mina y del guía de buceo y monitor especializado en tiburones Isaías Cruz. Ámbos, en su afán didáctico, posibilitan que entendamos a la perfección todo lo que se nos muestra, bien gracias a las explicaciones teóricas mezcladas con algún que otro pasaje extraído de obras de autores como Fernando Pessoa o bien a la alta resolución de la imagen.
También destacar la presencia en pantalla en algunos pasajes de la obra de Marta Gil, experta buceadora que actualmente ostenta varios récords nacionales de apnea. Nadie mejor que ella y los momentos en los que se sumerge en las profundidades marinas para ilustrar la comunión entre el ser humano y el mar, instantes de un lirismo estremecedor.



