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Narrativa | TERE SUSMOZAS
Tras Lo malo de una isla desierta (Pre-Textos), un libro de relatos de fondo existencialista y corte clásico en su forma, Javier Echalecu (Madrid, 1981) rompe los límites del género en Sin noticias del mundo animal (Mrs. Danvers), con una serie de prosas misceláneas que quiebran toda norma de narración tradicional.
Abre el volumen el relato «Acaso un binomio inadmisible» que nos presenta al buriburi de los trópicos, una criatura extraña de aspecto nada temible y movimientos lentos, pero que resulta ser un depredador despiadado. Y que sirve de excepcional metáfora a lo que recoge este libro, tan híbrido como original: planteamientos basados en sucesos sencillos y extrañas coincidencias, escritos en un tono desenfadado y con distanciada ironía, pero tan incisivos que ningún lector sale indemne de ellos.
Cuentos, informaciones increíbles de la vida cotidiana, crónicas, anécdotas y diversas imaginaciones del autor, se distribuyen en seis secciones: «Especulaciones», «Alegorías», «Colisiones», «Intermedio», «Ecuaciones» y «Autoficción». En todas ellas encontramos a un narrador curioso que, en un tono no exento, a veces, de perplejidad, nos invita a asomarnos a los abismos de la naturaleza humana desde una racionalidad abierta.
En una mixtura de realidad y ficción, el tema alrededor del que orbitan casi todos los cuentos es el desencanto. Un desencanto como ya lo anticipó Nietzsche y lo describió Camus, que tiene su origen en el tedio que provoca la repetición sucesiva de actos cotidianos, cuando las necesidades básicas están cubiertas y todo es, en apariencia, satisfactorio y agradable. El tiempo no presiona ni agobia, pero se vive desligado del pasado y desvinculado del futuro, al no existir un propósito de vida definido. La confrontación de ese vacío existencial, lejos de llevar al desasosiego, conduce a los personajes del libro a una observación minuciosa de la realidad, que desemboca en algún tipo de hallazgo, a menudo nimio, pero que les resulta extrañamente revelador. Siguiendo esta premisa destacan «Alegoría 2», en el que un hombre explora hasta qué punto puede llegar a aburrirse sin enloquecer, o el sugerente «Alegoría 4» en el que su protagonista, sin saber el motivo, abandona, una tras otra, distintas casas en busca de algo nuevo: «… Esa misma noche preparó las maletas y dio indicaciones un poco imprecisas a la chica de la recepción, levemente confundida, levemente enamorada, lo uno consecuencia de lo otro, y salió por la puerta del establecimiento decidido a no regresar nunca más (..) a pesar de haber vuelto a dejarse una luz encendida…». Estos relatos enlazan con una serie de ficciones que reflexionan sobre la rutinaria vida laboral, como son «Baldomero, último ordenanza» y «Sobre la labor de los funcionarios de actas».
Dentro de esa monotonía, donde nada parece ceder al deseo y a las pasiones, la comparación con el otro es, quizá, inevitable en un intento de calibrar la posición de uno mismo en el mundo. Sin renunciar al humor, la narrativa de Echalecu se convierte así en un mecanismo de análisis crítico de la condición humana, como sucede en «Inconvenientes de una buena noticia», o en las ingeniosas reflexiones de «Un amigo se excede» y «Un amigo levanta la voz», así como en las distintas combinaciones de parejas posibles que, en tono matemático, son planteadas en la sección «Ecuaciones».
Recoge también el libro la narración de sucesos inusitados que rompen alguna norma, entrando en juego cierta suerte de azar, o lo que Borges denominaba «la maquinaria de la causalidad». Un ejemplo de esto lo encontramos en «Plaza Cristino Martos» en el que un hombre agrede a otro mordiéndole: «Si lo pensamos bien, hay pocas operaciones donde dos seres humanos alcancen un grado tan elevado de intimidad como la de un mordisco, que tiene algo de agresión, sí, pero también de beso».
Con prosas autoficcionales como «La autoficción llama con fuerza a las puertas de Javier Echalecu», en el que el propio autor indaga y reflexiona sobre un antepasado suyo también escritor, no podían faltar alusiones a la identidad, quizá porque quien se conoce a sí mismo, ignora lo que es el tedio. Destacan los cuentos «Se revela un secreto», sobre un joven que se considera tan insignificante que hasta le cuesta reconocerse en las fotografías, y «Ciertas gentes son así»: «Es horrible. Nadie debería ver a sus amigos reír así. Pero lo más monstruoso es asistir a las oscilaciones de esa cara parecida a la mía. En ella, en efecto, hay algo que se me parece, algo que va más allá del parecido físico, algo más íntimo…».
Y porque todo hombre desencantado de su presente recurre a la nostalgia, algunos textos, no exentos de cierta ternura, aluden a la infancia como reflejo de un tiempo de plenitud, en el que aún no se había experimentado la sensación de fracaso. Una muestra de esto la vemos en el relato «Salí corriendo»: «… me doy cuenta de que con todas esas tristes pérdidas casi se podría reconstruir un cuerpo entero, y configurar un niño ideal (…) ese niño que fuimos todos, en el que entramos y del que salimos, pura creación involuntaria, zumo de nuestras infancias, lírico pero bestial Frankenstein…»
Instalándose en el terreno de lo probable, algunas de las prosas se tornan especulativas y plantean un futuro en el que el avance de la tecnología, en lugar de jugar a favor del individuo, parece dirigido a incrementar la sensación de inercia y frustración que ya atraviesa a la mayoría de los personajes. Así, «Nuevas formas artísticas» teoriza sobre un posible sistema de implantación de recuerdos a gusto del usuario, mientras que «Lo que mueve sin ser movido», bajo ese mismo concepto aristotélico, lanza una mordaz hipótesis sobre motores de búsqueda en la red que generen situaciones reales a partir de nuestras palabras.
Para completar el volumen, y contradiciendo el título, en una incursión en el territorio de la fantástico, algunos animales extraños se deslizan por el libro, como el ya mencionado buriburi de los trópicos, o el insecto acústico de «Berlaymont»: «… el minúsculo azulejo que he robado se ha convertido en un insecto chupador que, en la soledad de mi bolsillo, aprovechando el momento, se alimenta de los latidos de mi corazón.»
En cuanto a la forma, hay cierto gusto por la enumeración, la plasmación concreta de hechos fechados o numerados, rozando el juego y la escritura experimental en algunos de los cuentos. Pero, en general, los relatos están escritos con un lenguaje directo, lo cual le otorga agilidad y fluidez a la prosa. Son claras las resonancias de los microcuentos de Franz Kafka o Julio Cortázar, los juegos oulipianos de Georges Perec, la influencia de cuentistas como Quim Monzó, así como de la escritura fronteriza de autores como Ferrer Lerín y Ángel Zapata.
Los textos misceláneos de Sin noticias del mundo animal nos provocan asombro al descubrirnos la verdad tras las apariencias. Y se complementan para formar un todo que nos muestra, con humor cómplice y gran precisión, la eterna incertidumbre humana. El resultado es una enérgica exhibición de maestría por parte de Javier Echalecu, que nos envuelve así en un universo muy particular, siempre irónico, desenfadado, extraño.
Septiembre 2025
Sin noticias del mundo animal. JAVIER ECHALECU . Editorial Menos Lobos, 2025. COMPRA ONLINE
Escritora y crítica literaria

