domingo. 25.02.2024
Ding Liren- Ian Nepomniachtchi

En noviembre del pasado año la selección española de ajedrez ha obtenido un resultado histórico en el campeonato del mundo de ajedrez rápido, obteniendo el tercer lugar al derrotar  nada más y nada menos que a la India.

El vencedor fue China y el subcampeón Uzbekistán. El equipo español estaba formado por los grandes maestros FIDE Jaime Santos, David Antón, Alexei Shirov y Miguel Santos. Y sin embargo este hecho ha pasado desapercibido para los medios de comunicación españoles, ¡incluso para los periódicos deportivos de ámbito nacional como el AS o el Marca!, lo cual les debiera caérseles la cara de vergüenza y, al menos, costarles el puesto a sus directores.

Lo cual, también, nos tiene que llamar la atención de qué tipo de prensa tenemos, siendo este hecho algo menor en comparación con la falta de objetivación en la información (la información no tiene adjetivos) de periódicos como el ABC, El Mundo o La Razón, incapaces de separar información de opinión en un mismo artículo de supuesta información. Pero este es otro tema.

Hay que destacar también que dentro de dos meses se celebrará el campeonato del mundo individual entre el ruso Nepomniachtchi y el chino Ding Liren al renunciar el actual campeón, el noruego Magnus Carlsen, a disputar contra el clasificado para tal fin. Ha sido una decisión insólita que nunca habían decidido anteriores campeones y no se sabe exactamente las razones que le han llevado al campeón vigente a tomar esa decisión. Ya anunció que solo le motivaba disputar el campeonato del mundo ante el iraní Alireza Firouzja, pero este no se clasificó para ello.

En nuestro país –y a pesar de ser como queda dicho España una potencia europea y mundial– no trasciende y no por falta de jugadores, y clubes que se dedican a este juego, sino por la ausencia de periodistas preparados para evaluar a jugadores y, ni siquiera, para informar de ello.

También por la falta de interés de los directores de periódicos escritos, cuya sola obsesión actual es echar como sea –aunque lo sea con medios ilícitos– al actual y legítimo presidente Pedro Sánchez. Solo hay un periodista consumado en estas lides informativas y buen ajedrecista que es Leontxo García y sus crónicas aparecen en el periódico El País o en televisión en su programa El rincón de los inmortales. O por lo menos eso parece.

Aprovechando esta cuestión a veces se ha suscitado el tema de hacer obligatorio el ajedrez en el colegio por sus virtudes de obligar a la reflexión al alumnado, amén de otras posibles bondades. Es verdad que hay países que lo tienen así en su enseñanza secundaria, pero a mí me parecería un error esa obligatoriedad y sí como una asignatura optativa, como puede ser una actividad deportiva, la música o un segundo o tercer idioma.

La razón principal de ello es que no todo se puede pedir y el ajedrez puede dar lugar a dos extremos: o que se convierta en un pasatiempo sin profesores que ayuden a los alumnos a jugar cada vez mejor o lo contrario, que absorba tanto que el alumno que caiga en las redes del juego de los 64 escaques afloje sobremanera en el estudio del resto de las asignaturas.

Además no hay en este país una masa de profesores que sepan ajedrez lo suficiente como para enseñar ajedrez, sus tácticas y sus estrategias. La enseñanza secundaria –incluida el bachillerato– y la universitaria debiera cumplir la regla de los dos cincos: cinco asignaturas por curso y cinco días a la semana. Todo lo demás puede ser optativo y siempre desde lo público para no dar ventaja al dinero de los papás.

Como dice el aforismo, la ociosidad es la madre de todos los vicios y quien juega al ajedrez, lee El Quijote o hace deporte, por ejemplo, siempre será menos agresivo y más generoso con los demás, aunque sea con generosidad egoísta, que es la generosidad más inteligente.

Es verdad que la obra de Cervantes no defiende el pacifismo porque ese es un concepto moderno –ingenuo en la mayor parte de los casos–, pero su lectura mueve a la reflexión y el gozo, y ese es el mejor antídoto contra la violencia. Yo diría más, que el que juega a este juego, lee a Cervantes y haga deporte –las tres cosas a la vez– y, además, estudia o trabaja, llevará una vida feliz siempre que la vida la haga compatible, claro, con las necesidades y situaciones que la realidad impone.

Y hechas estas denuncias y estas propuestas, aquí acabo.

Madrid, 29 de enero del 2023.

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