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José Luis Rebordinos, el difícilmente sustituible director del Zinemaldia donostiarra, suele declararse forofo del género de terror. No es mi caso. En una ocasión tuve que abandonar la sala porque no soportaba las truculencias del relato. He olvidado incluso el título, pero tenía que ver con una criatura que acababa siendo devorada por un colectivo enloquecido. Nada que ver con ‘La semilla del diablo’ de Polanski, toda una obra maestra.
Al ver su sinopsis, dudé mucho en ver la película que reseño en estas líneas. Había optado por ‘Chicas tristes’, que no podía ver en el Cervantes (donde, por cierto, prometen margaritas tras el pase), porque tengo un compromiso ese día. El caso es que hoy, además de nevar, en Berlín hay una enésima huelga de transporte público y tuve que cambiar el itinerario. Por eso me he dirigido a la matinal del Berlinale Palast a ver la película finlandesa ‘Nightborn’, cuyo título en suomi ni siquiera me atrevo a transcribir.
Su coguionista y realizadora, Hannah Bergholm, ha conseguido la proeza de captar toda mi atención y tenerme pegado a la pantalla sin pestañear. Lo cierto es que su cinta combina un buen abanico de géneros. Empieza como una cinta romántica en un paisaje bucólico y se transforma pronto en una inquietante película de suspense, para dar paso luego al terror y, finalmente, al humor, consiguiendo transitar con soltura por todos ellos.
El público ha salido contento, con una sonrisa en la cara y bromeando sobre las terroríficas e hilarantes imágenes recién vistas. Algunas escenas me han hecho evocar ‘Un monstruo viene a verme’ de Juan Antonio Bayona, película de cine fantástico que me gustó horrores. Me he llevado una grata sorpresa e igual no es para tanto. Pero ya se sabe que las altas expectativas pueden quedar defraudadas y las bajas, más que colmadas.
La protagonista también merece una mención especial, porque no se trata de un papel fácil y consigue bordarlo. No sé si se premiarán algunos de sus muchos méritos cinematográficos.



