lunes. 26.02.2024
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Los días 26 y 27 de octubre se han celebrado en Valladolid las jornadas Neoliberalismo y Educación. Un análisis político para la acción sindical organizadas por la Federación de Enseñanza de CCOO. En estas, sin hacer un análisis sesudo sobre el neoliberalismo económico y cultural, se ha intentado identificar aquellos elementos de esta ideología que han impregnado al conjunto del sistema educativo, en sus distintos componentes: escolar, familiar y sociocultural; y que, en muchos casos, convivimos con ellos sin darles mayor importancia.

En ocasiones, pensando que son inamovibles, o consecuencias de los tiempos, asumiendo desde las esferas social, cultural y política, discursos de odio, actitudes racistas y xenófobas, o ideas segregadoras, excluyentes, que se van instalando entre la gente de la calle como si fueran el signo de los tiempos.

La pasividad institucional y política, y la ceguera social son dos de los ingredientes perfectos para que el discurso del odio y la persecución a las libertades se vayan instalando a sus anchas en la sociedad. La pasividad la ejercen aquellos grupos sociales y partidos políticos que se alían con la extrema derecha haciendo suyos los elementos más importantes de su discurso, pero también los gobiernos que no ven ni actúan en consecuencia con lo que ven; o actúan con el propósito de promover el conflicto social y el odio como estrategia política como son los casos de los gobiernos autonómicos de Madrid, Castilla y León y Murcia. En el ensayo sobre la ceguera, Saramago relata como la podredumbre material se va instalando en las calles, la social en la colectividad y la moral en cada una de las personas.

El neoliberalismo mantiene un cuidadoso y manifiesto interés por el conocimiento, por la educación y la cultura. Los ha situado en el centro de un proyecto epistemológico y educativo muy claros y con objetivos muy definidos. Necesitamos comprender para actuar.

El proyecto educativo neoliberal lleva tiempo construyéndose y no ha sido promovido, principalmente, por el Estado ni los gobiernos, sino por las grandes empresas y los bancos (Multinacionales, Grupos de Bancos, fondos de inversiones, etc.). No tiene paredes, sino plataformas y trabajadores y trabajadoras las 24 horas del día. Practica la universalidad sin equidad. No necesita ser excluyente porque individualiza los talentos, los recorridos vitales y el aprendizaje: el apoyo mutuo es cosa del pasado.

Pero hay otros componentes que afectan directa o indirectamente a la presencia y fortalecimiento de las ideas neoliberales en el sistema educativo. De entre estos destacaría algunos que considero de proximidad al día a día de la tarea docente y de la educación. Uno de ellos son determinadas prácticas sindicales, y de las asociaciones del sector, que se convierten con sus reivindicaciones en los guardianes de las esencias más conservadoras del sistema educativo, desarrollando como organizaciones objetivos propios contrarios a la innovación educativa, y que ayudan a mantener todo aquello que pone freno a la equidad y a una escuela pública sin adjetivos, enturbiando y debilitando el derecho a la educación.

Otro, son las reformas educativas que se hacen y se aplican con poca o ninguna implicación del profesorado; sin experiencias previas a su aplicación; y sin tener en cuenta el importante trabajo que numerosos colectivos docentes realizan a lo largo y ancho del territorio español. Estas reformas se terminan traduciendo en más burocracia, el famoso “papeleo”, y concitando el rechazo de un importante número de docentes, familias y estudiantes.

No menos importante es la inversión, otro de los componentes esenciales que fortalece y hace posible una de las premisas neoliberales más visibles: los recortes para que todo funcione; la educación española sigue siendo la peor vestida de Europa, siempre con ropa de mala calidad, siempre con remiendos, siempre con tallas que no son las suyas. Y esto, aun reconociendo el esfuerzo inversor del gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos que está siendo parejo tanto a la LOMLOE como a la nueva ley Orgánica de Formación Profesional. El cómo se materializan estas nuevas inversiones en las Comunidades Autónomas, nos introduce en otros de los componentes esenciales, la lealtad o deslealtad institucional.

En España no existen 17 modelos educativos, sino dos formas diferentes de entender las políticas educativas que tiene que ver con la ideología del partido político gobernante; por ejemplo, el gobierno de la Comunidad de Madrid es el que más fondos devuelve al gobierno de España, de aquellos que se destinan, para la creación de plazas públicas en FP, programas PROAS, Formación del Profesorado, etc.; la que menos recursos públicos invierte en la educación pública, y de las que más retraen para invertir en el sector privado.

Nuestra tarea es ingente. Necesitamos recuperar y fortalecer el discurso desde el Humanismo. Definir el sentido de la educación es definir el sentido de la emancipación. Es preguntarse por la dignidad humana de manera abierta. Emancipación y dignidad, a través de la autonomía que nos proporciona la educación. Es recorrer el camino, siempre inacado, del progreso como mejora moral que, el neoliberalismo ha convertido en “prosperidad” entendida de la forma más excluyente y anti comunitaria.

Tomás Mann en la conferencia ¡Alerta Europa! De 1935, discurso coloquio del Comité Permanente de las Artes y de las Letras sobre el tema “la formación del hombre moderno”, echaba en falta un humanismo militante, “un humanismo que descubriera su fortaleza y se empapara de la convicción de que el principio de la libertad, de la tolerancia y de la duda, no debe dejarse explotar y arrollar por un fanatismo sin vergüenza y sin titubeos”.

No debemos refugiarnos en la indiferencia cívica, sino ser capaces de volver a la vida las ideas y las acciones más reivindicativas del humanismo más militante. No debemos desaprovechar ser el sindicato mayoritario en un sector tan complejo como el de la educación y tan proclive al corporativismo, de todo tipo, para fortalecer nuestro discurso como sindicato de clase y nuestro modelo educativo como soporte fundamental de la sociedad que queremos: más justa, más solidaria, más humana.

Las Jornadas de Valladolid han sido una invitación a la reflexión sobre los temas expuestos en este artículo, y otros de indudable importancia que por espacio no se han comentado y que ha pretendido dar respuestas a dos preguntas sencillas en su complejidad: qué queremos y qué hacemos cuando nos están cambiado las piezas que componen el sistema educativo.


Pedro Badia | Secretario de Política Educativa de la Federación de Enseñanza de CCOO

Neoliberalismo y Educación, un análisis político para la acción sindical