lunes. 04.03.2024
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Narrativa | José Luis Ibáñez Salas@ibanezsalas

La cuarta novela de la escritora española Rosario Villajos se titula La educación física, fue publicada en 2023, se alzó ese año con el Premio Biblioteca Breve y es altamente recomendable.

Catalina “acaba de cumplir 16”.

Catalina sabe “que existe porque ningún hombre-lobo la ha matado todavía”.

“Cruzar el descampado es lo más parecido a lo que viven los personajes de las novelas del Oeste y de aventuras que leía hace unos años, solo que John Silver y el pequeño Jim quieren encontrar un tesoro en una isla y Catalina solo quiere llegar a casa a tiempo y sin que la violen”.

Catalina es la protagonista de La educación física y su miedo “es un miedo ancestral, estadístico, antropológico, epigenético, fundado”. Lo que ahora considera Catalina es que “su deber es parapetarse y huir, sin protestar”.

Catalina “se avergüenza hasta de las partes que en secreto encuentra más hermosas de su ser, como si la belleza no tuviera importancia o como si o no hubiera fulgor en ella solo porque la naturaleza la conceda de forma gratuita”.

Rosario Villajos tiene “la virtud escondida de ver u oír algo antes de que exista, pues de otro modo no se puede crear de la nada una escultura ni componer música ni escribir una historia” como la de La educación física.

Catalina detesta cada vez un poco más “esa cosa con brazos y piernas de casi metro ochenta que cada vez le resulta más difícil esconder”.

Catalina aborrece “lo más preciado que tiene”, su propio cuerpo.

Catalina, cuya familia se rige según dos principios básicos, que son “la culpa y el chantaje”, ha descubierto…

“que no tiene mejor forma de estar o no estar en el mundo que escribiendo, para ella eso equivale a sentir algo, aparte de miedo y culpa: escribir le sirve para transformar sus disforias, sus ganas de matar, sus ansias de existir o de existir sin un cuerpo; escribir hace que esa aflicción corporal con la que se conoce desde hace un tiempo se convierta en un duelo pasajero, algo que exorcizar; al escribir expulsa lo que cree que es, pero no quién es de verdad”.

Catalina no fue consciente de tener un cuerpo propio hasta los cuatro años: “hasta entonces suponía que mamá y ella eran una misma persona”.

Catalina, que todavía “no estaba preparada para ser adolescente, apenas había comenzado a sentir que era una niña”.

Catalina piensa “que en el fondo el deseo de una chica es solo la compasión hacia el deseo de un hombre”.

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Cicatrices en la memoria”: eso es lo que le parecen a Catalina los libros. Eso es lo que tiene toda la pinta de ser este: una cicatriz en la memoria de su autora. Una valiosa cicatriz con voluntad aterradora de ser hermosa.

Catalina “es una entusiasta, una cría decidida a soportar el mundo como sea”. Una chica que lo que quiere es “tener derecho a estar triste” y a “ser escuchada”.

Ojalá la novela de Rosario Villajos no fuera un tratado sociológico y fuera nada más (y nada menos) que eso, una novela.

Poco antes de que den las diez, “una promesa de volver sola” y ser la polilla que siempre quiso ser la autora de esta maravilla literaria de nuestro tiempo escrita con el donaire y la profundidad necesarios, creando personajes de una conmovedora profundidad literaria (por encima de todos, su protagonista, claro, esa Catalina prodigiosa como ser literario de época, pero también sus amigos y especialmente sus padres, su madre, su madre, su madre).

Y he escrito todo esto sin usar la palabra machismo. Ya tiene mérito.

Rosario Villajos ha creado un personaje memorable: Catalina