martes. 05.03.2024
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Narrativa | José Luis Ibáñez Salas@ibanezsalas

El quinto libro del escritor español Antonio Tocornal es el primero suyo de relatos, aparecido en 2023 con el título de Cadillac Ranch, tras cuatro novelas, la primera de ellas de 2017 (La noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie), la única que aún no he leído.

Cadillac Ranch es un libro de cuentos admirable. Comienzo por ahí. Diez de los quince que lo componen han sido galardonados en diversos certámenes especializados entre 2019 y 2023.

Es espléndido el que lo abre y le da título, como lo es ese limitarse a dejarse vivir de su protagonista. Dios salve a Bruce Springsteen… Y a Antonio Tocornal. Conducir toda la noche, conducir toda la mañana y contemplar cómo los insectos de tu vida se empotran contra el parabrisas de tu buick: España 1, Estados Unidos 0.

La fantasía agobiante del segundo cuento, ‘En el paréntesis del mundo’, quiere hacernos pasarlo mal junto al protagonista: “mi casa se expande”, o de cómo aquello de hogar, dulce hogar puede dar en ser una pesadilla asumida con la que convivir hasta…

Da gusto lo bien que mide el autor de Pájaros en un cielo de estaño la longitud de sus relatos: ‘Hanami (la muerte es amarilla dorada)’ tiene una medidísima extensión breve, perfecta para percibir “tanta belleza marchita” y lo bello que es el dolor (cuando se decide ir muriendo) de la “tristeza dulce”.

En ‘Tal vez un hogar’ (“desde hace algún tiempo vivo recluido en mi automóvil”), aunque en la radio hablen “del cambio climático, de las dificultades para formar gobierno y de lo alarmante de las tasas de paro”, Tocornal nos pone delante algo inverosímil que es tan real como todo aquello: eso de llegar a ser únicamente sueño.

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Antonio Tocornal

Cara de mujer con tres ojos’ es una burla tenebrosilla del mundo del arte y la infelicidad angustiosa del artista que vende su alma al éxito (“al fin y al cabo, el arte no es más que el deambular de un ciego a través de un laberinto mientras intenta descifrarlo para de esa forma descifrarse a sí mismo”).

Ayúdame a salir’ habría merecido haber sido el guion de uno de los capítulos de aquella serie televisiva de Narciso Ibáñez Serrador llamada Historias para no dormir, recientemente continuada con cierto tino por otros cineastas.

El protagonista-narrador del brevísimo ‘Un pueblo pequeño y pintoresco’ comienza contándonos que “me ha brotado un pequeño pueblo en la palma de la mano izquierda”, y luego nos dice que ha necesitado una lupa (“menudo dineral de lupa”), y que sus habitantes “están hechos a mi imagen y semejanza”. Resulta delicioso leer cosas así. Y ese delicado sentido del humor de Tocornal…

La misión’ está a punto de ser hilarante, de no ser por…

En ‘Lo insólito’, Antonio Tocornal va directo a la línea medular de la literatura de una manera… insólita. Claro.

“Estoy a punto de morir, pero no se preocupen por mí; estoy bien […] Andaba buscando literatura y fue la muerte la que me encontró a mí”.

No olvidemos que, “a menudo, lo inflexible de la realidad aborta una buena historia”. Y de buenas historias (disparatadas) está lleno este libro de historias (sabiamente disparatadas). Esta, por ejemplo.

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Al misterio se dedica ese casi poema que es el perfecto ‘Cuarto cerrado’, tal vez el mejor, y ya es decir, relato del volumen. “La humildad noble que se instala en las casas de los pobres”.

Después de ‘Ultramar’, el más flojo de la serie, la delgadez de ‘Los cacharritos’ remonta en este vals aturdido y dicharachero que es el libro hasta llevarnos al cuento que hace el número trece, ‘Ya no hay luciérnagas’, otro de los cortos, ese en el que la protagonista se convierte en su madre, esa pequeña joya (como el brillo de esas luciérnagas, que ya no hay).

El espléndido ‘Cundi macundi’ casi cierra el volumen, con su soltura de coco silbando sin acabar de caer nunca al suelo (y su protagonista y ataúd con su nombre), pero esa es la misión, acabar este libro brillante, del bonus track que es ‘Negros literarios’, donde aprendemos que las moscas españolas… escriben en español. Como Tocornal, que lo hace en un español maravilloso, iluminado por una imaginación fascinante, y atractiva y sencilla. A quien, por cierto, sus cuentos se los escriben unas moscas. (También sus novelas: Bajamares, Malasanta…) Tenía que contarlo.

Menudo cuentista Antonio Tocornal (todos al Cadillac Ranch)