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sábado. 02.07.2022
naranja

Anthony Burgess, autor de la novela distópica A Clockwork Orange (traducido como La naranja mecánica) había escuchado en un pub inglés una vieja expresión cockney que le gustó mucho: As queer as a clockwork orange, que podría traducirse como “Tan raro como una naranja de relojería”). Una versión más longeva afirma que orang significa persona en el idioma malayo y Burgess vivió años en Malasia. En su ensayo Clockwork oranges, el autor menciona que “este título sería ideal para una historia acerca de la aplicación de los principios pavlovianos o mecánicos a un organismo que, como una fruta, cuenta con color y dulzura”. El título alude a las respuestas condicionadas del protagonista a las sensaciones de maldad, respuestas que coartan su libre albedrío.

Por otro lado, se ha celebrado el pasado 5 de marzo el centenario del nacimiento en Bolonia, en 1922 de Pier Paolo Pasolini, asesinado a los 53 años en 1975. Poeta, escritor, cineasta, dramaturgo, ensayista y pintor, fue uno de los mayores artistas e intelectuales italianos del siglo XX “Amo la vida ferozmente, desesperadamente”, había declarado antes de ser víctima de la agresión de una sociedad mojigata e hipócrita donde el pensamiento crítico sucumbía a manos de la violencia convertida en metafísica del odio ideológico.

Es como si la plenitud de esta teoría del exabrupto social hubiera adquirido plena plasticidad en este siglo XXI derrotando toda posibilidad de trinchera ideológica o ética y llegando a la violencia material más descarnada, sin ninguna aspiración moral de diálogo racional o equilibrio político. La caída del Muro de Berlín, la disolución de la Unión Soviética, la hegemonía apabullante del capitalismo no significó una reducción global del conflicto con un único sistema económico y social, sino que, al contrario, el capitalismo posmoderno ha mostrado que su ácido desoxirribonucleico se sustancia en la conflictividad permanente entre individuo, naciones y grupos de interés donde las bajas pasiones, la violencia y la insolidaridad son conceptos icónicos del mercado. El neoliberalismo ataca todas las subjetividades e interpretaciones ideológicas de la realidad compadecidas con la convivencia ya que no cree en la sociedad sino en individuos compitiendo entre sí en término desiguales. Predica la amplia liberalización de la economía, el libre comercio en general y una drástica reducción del gasto público y de la intervención del Estado en la economía en favor del sector privado, que pasaría a desempeñar las competencias tradicionalmente asumidas por el Estado. Esta economía posmoderna se sustancia en una visión apocalíptica del discurso político de los hacedores capitalistas.

Este darwinismo social también se produce entre naciones. La invasión de Ucrania por parte de Rusia es una reordenación de los tradicionales bloques del siglo XX, ajuste de cuentas entre élites. En uno y en otro lado de la línea de fuego, serán las clases populares las que pagarán la barbarie de la guerra de una forma u otra. La guerra como el capitalismo, como afirmaba Henk Middelraad, saca las respuestas emocionales humanas más negativas en ambas partes.

‘La naranja mecánica’, Pasolini y Putin