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Jaime Polo | @lovacaine
Las fronteras entre el deporte, el entretenimiento y la cultura pop se difuminan cada vez más y Sergio Ramos, el legendario defensor del fútbol español, ha decidido incursionar en la música con su nuevo single "Cibeles". Este tema marca el debut solista del ex capitán del Real Madrid, ahora en las filas del Monterrey mexicano.
Debo confesar algo antes de empezar: no me gusta. Suena genérica, predecible y carente de la gracia que hace que una canción trascienda. Sin embargo, más allá de mis gustos personales, "Cibeles" invita a una reflexión profunda sobre el intrusismo profesional, sus implicaciones culturales y lo que revela sobre la sociedad actual. Analicemos porque es sumamente interesante.
Como crítico, lamento que Ramos contribuya a una cultura donde el arte se diluye en espectáculo
Musicalmente, "Cibeles" es un producto de la era del streaming: producción pulida pero impersonal, con beats cortesía de Ovy On The Drums. La voz de Ramos intenta evocar cierta emoción, pero cae en el territorio del karaoke de un viernes noche. No hay innovación vocal; es un eco de baladas españolas estándar, sin profundidad. Ramos, quien dejó el club en 2021 tras una disputa contractual, expresa malestar por sentirse descartado pese a sus logros: 22 títulos, incluyendo cinco Champions League.
El intrusismo: ¿arte o marketing?
Aquí radica el núcleo de la cuestión. Sergio Ramos irrumpe en la música. Esto no es nuevo; recordemos a Shaquille O'Neal con sus álbumes de rap o a Kobe Bryant rapeando con Tyra Banks. Pero ¿qué significa este fenómeno? En esencia, es la colonización de campos culturales por celebridades con capital simbólico acumulado en otros ámbitos. Ramos no necesita audiciones ni demos; su fama futbolística le abre puertas en la industria musical, donde productores y plataformas lo reciben con brazos abiertos por el potencial viral.
La voz de Ramos intenta evocar cierta emoción, pero cae en el territorio del karaoke de un viernes noche
Desde una perspectiva filosófica, esto me recuerda a Platón en La República, donde defiende la especialización: cada individuo debe dedicarse a su oficio para el bien de la polis. "El zapatero no debe ser guerrero, ni el guerrero zapatero", argumenta Platón, pues la dilución de roles genera mediocridad. Aplicado aquí, Ramos como cantante diluye la pureza del arte musical, convirtiéndolo en un hobby de élite; invade un campo donde los músicos profesionales luchan por visibilidad. Esto no sólo deslegitima el esfuerzo de artistas emergentes ¿Cuántos cantautores españoles quedan eclipsados por el nombre de Ramos?, sino que mercantiliza la música. "Cibeles" no es un acto creativo puro; es marketing personal, un intento de reinventarse post-fútbol, similar a cómo David Beckham se convirtió en ícono de moda.
¿Qué conlleva esto para la sociedad? En una era de redes sociales, el intrusismo fomenta la idea de que el talento es intercambiable, que la fama basta para validar cualquier incursión ¿Es justo que un millonario use la música como catarsis, mientras artistas dedicados luchan por subsistir?
Ramos tiene derecho a experimentar y es cierto que su mensaje puede llegar a calar en algún aficionado del Real Madrid. Pero como crítico, lamento que contribuya a una cultura donde el arte se diluye en espectáculo. Si Ramos quiere volar musicalmente, que entrene como lo hizo en el campo. Es el triunfo del capital sobre la creación verdadera. ¿Vale la pena? El tiempo lo dirá.



