lunes. 04.03.2024
MIGUELCEDRES
Miguel Cedrés

Miguel Cedrés es un maestro de primaria y músico que, a los 13 años, cuando intentaba descifrar una guitarra española que le regaló su abuelo, se enamoró del Abbey Road de The Beatles; años más tarde fundó el grupo Los Coquillos con su hermano Ginés, de gran éxito de ventas y popularidad en Canarias en la década de 1990.

Miguel es de esos músicos no sólo enamorados de la música, faltaría más, sino interesados en toda la cultura que la rodea, por ejemplo, en esos artefactos a los que llamamos libros. Le pregunto sobre el último libro dedicado a la música que ha leído y él me dice que The Beatles, Rubber Soul. La cuadratura del círculo, de Enrique Torras Bosch. Es el enésimo libro sobre el grupo por antonomasia, donde aún le descubren cosas nuevas sobre ellos, añade; también que terminó un poco antes un libro que le fascinó, el de Ignacio Faulín sobre la cultura pop durante el franquismo.

Cuando hablamos aquí de música nos referimos a la música pop, que si, para mí, es la música popular que escucha la gente desde que llegó aquella revolución norteamericana encabezada por Elvis Presley, para el músico canario es nada más y nada menos que la música que cambió el mundo, las costumbres, el modo de vestir, de relacionarse, es la música “que te acompaña y te sirve como un café por las mañanas y como bálsamo y medicina en los malos momentos”.

Es un disco muy trabajado, con muchos detalles de guitarras, teclados, cuerdas y metales reales. También armonías vocales

Conversamos sobre su última grabación, la maravilla pop que es Verano mortal, de recientísima aparición. Escuchemos a Miguel: “Es un disco muy trabajado, con muchos detalles de guitarras, teclados, cuerdas y metales reales. También armonías vocales, algo que no se hace mucho últimamente en el pop. Me preocupa que las melodías vocales no estén trilladas y, aunque no soy poeta, pretendo que haya cierta lírica, aunque se traten temas cotidianos”.

Si hay una canción de ese pequeño prodigio que a mí me ha entusiasmado (mucho) esa es Mejor estar solo (Hay más, claro, quizás todas), una canción que tiene, como siempre pasa con las buenas (y con las malas, que conste), una historia: es curioso, me dice su compositor e intérprete, “la canción tiene unas melodías ya claras y en la letra comienzo hablando del peligro de exponer tu vida en las redes sociales (me refiero a esas chicas jóvenes que casi se desnudan bailando reguetón) y luego sucedió un episodio en mi vida durante la grabación que me dejó bastante noqueado: uno de mis mejores amigos me decepcionó de un modo muy fuerte… por eso lo de mejor estar solo. Las canciones a veces sirven para eso… como catarsis. En la segunda parte del tema que canta conmigo mi hermano Ginés se nota más ese cambio sutil en la letra”.

En nuestra charla hay el habitual combate entre artistas musicales, mejor dicho, entre nuestros gustos, bastante similares hay que decir. Salen nombres como Nacha Pop, Radio Futura, Gabinete Caligari, Coque Malla, The Beatles, Los Rodríguez, The Kinks, Elvis Costello, Paul Weller, The Police, etc. Sólo hay algunos grupos o cantantes o guitarristas en los que no coincidimos: el paradigma es Loquillo, para mí una cumbre artística del pop español, para Miguel uno de esos artistas a los que cabe reconocer su trayectoria larga y con obra, pero “algo sobrevalorados. Tampoco te puede gustar todo”, remacha el creador de Verano mortal.

¿Qué sería de nosotros sin los músicos, sin esa gente que, como Miguel Cedrés, nos hacen la vida más fácil, inigualablemente mejor? A mí me gusta mucho darles siempre que tengo ocasión las gracias. Gracias, Miguel, gracias. Gracias por la música. Por tu música. Por mi música.

Miguel Cedrés, Verano mortal