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martes. 28.06.2022
Hablando de música (pop)

La música, la pop sin ir más lejos, ha merecido millones de reflexiones a lo largo de los tiempos. Recogí algunas de ellas en mi libro La música (pop) y nosotros. Selecciono ahora las que considero más hermosas, impactantes, útiles o sobresalientes. Son todo tuyas.

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Música y alma

Algunas de esas reflexiones las escribí yo mismo. Estas, por ejemplo:

Estás llegando al edificio donde trabajas y sientes unas irresistibles ganas de escuchar en cuanto te sientes The night before. Así funciona esto. [Suena música, siempre suena música donde estoy.]

GRACIAS POR LA MÚSICA: / cantáis esas canciones como si fueran vuestras, / las ponéis esa sintonía emocionante así a lo bestia, / como si no nos debierais nada a los demás, / como si no fueseis humanidad; / tocáis esas baterías con tanta saña, / esas guitarras de fuego y cielo, / gritáis esas melodías incandescentes a lo grande, / con los latidos de vuestros pianos de agua, / como si la emoción os saliera del alma, / como si no nos estremecierais rotundamente; / y lo hacéis todo pensando en nosotros, / en un auditorio universal de estrellas solemnes, / de estrellas enardecidas y festivas, / lo hacéis ensimismados en nuestros recovecos. / Adolescentes en un mundo vibrante y al acecho, / jóvenes sin edad ni vísperas: / gracias por darnos los sonidos de la respiración, / gracias por provocarnos la danza y la santidad, / porque sin la música no hay nada, / sólo el silencio de las guerras.

Tropiezo una y otra vez con la evidencia del sol, pero no le encuentro jamás sentido a su silencio, a ese debatirse suyo entre la luz y las sombras siendo como dice ser el centro de todo: ¿no lo seremos nosotros, los humanos acostumbrados a cantar incluso en la oscuridad de la noche todo ese sonido que nos distingue de los demás seres vivos?

En los lugares del silencio, la música va situando los besos de nuestra memoria para ocupar hueco a hueco lo que el vacío nos elude con el viejo truco impostor del horror aquel antiguo. La música en la noche se convierte en luz y puede ser un lugar, una respiración, la nada y el cambio, lo que sepamos querer.

Sabemos que en aquella canción se encendía el mundo, era la canción que ponía punto final a la oscuridad, la canción de las almas abandonadas en los desvanes, la de una melancolía suspendida sobre todas las cosas, era un elemental silencio de sonidos olvidados, mutilados. En aquella canción crepitaban ardientes los rumores de las sirenas y los aceros ocultos en las noches antiguas, en ella se sostenían las perdidas miradas de mujeres desvaídas, planeaban los dueños de las vidas cada victoria, en ella se estremecían todos los augurios imaginados, en ella los días que habían sido regresaban uno a uno como espléndidos recuerdos de las sombras que dejaban las primeras danzas en las paredes de aquellas cuevas donde nacimos para ser miserables, luminosos, enamorados, monstruosos. En aquella canción estaba toda la naturaleza humana expuesta de par en par, abierta en rodajas de lluvia, resplandeciente y afinada, música para las penas, música para la llegada de las nuevas promesas, nada más que música para un poema de versos arrepentidos de ser sólo poesía sin música.

Un mundo afortunadamente musical, repleto del ruido que da en ser un bello sonido doloroso gracias al arte y la magia de los ritmos salpicados sobre el tiempo y el espacio con la suavidad enloquecedora de la sangre que circula por el entramado azul del bien y el mal. Un mundo para la vida y la muerte. Un mundo para la vida. Y la muerte.

Otras reflexiones son de gente que escribe mucho mejor que yo, por ejemplo, el novelista estadounidense Dennis Lehane, uno de cuyos personajes dice en su novela Cualquier otro día:

“Verás, las palabras hablan para el cerebro y el cerebro es una máquina. La música habla para el alma porque las palabras son demasiado pequeñas”.

Ya se lo leímos a Neil Young: “la música expresa lo que las palabras no pueden”.

Poesía, ruido…

“¿No es hora de que la poesía se ponga a la altura de la música?”

J. M. Coetzee: Juventud, 2002
 

“Donde quiera que estemos lo que oímos es fundamentalmente ruido. Cuando lo ignoramos, nos perturba, cuando lo escuchamos, nos resulta fascinante”.

John Cage

La música como arte

Jorge Luis Borges escribió que "todas las artes propenden a la música, en la que la forma es el fondo". Y, para Arthur Schopenhauer, la música era la auténtica expresión del mundo, al cual es capaz de superar: “la música, al pasar por encima de las ideas, es también enteramente independiente del mundo fenoménico al que ignora sin más y, en cierta medida, también podría subsistir aun cuando el mundo no existiera en absoluto, siendo esto algo que no cabe decir de las demás artes”.

El experto musicólogo Ted Gioia consideraba en su imprescindible libro de 2020 La música. Una historia subversiva que “la música en otras épocas formaba parte de la vida de la gente; en la actualidad proyecta el estilo de vida de la gente. […] La música entretiene, pero nunca puede reducirse a un mero entretenimiento. […] Las canciones siguen cargadas de magia incluso para quienes han olvidado cómo acceder a ella: con la música todos podemos ser magos”. Pero, en contraposición, Paul Waterman, componente del destacado y exitoso trío de productores británicos Stock, Aitken & Waterman declaraba muchos años antes, en 1989, que “la música no es arte, es entretenimiento, y quien diga que es arte se ha equivocado de gremio: la música siempre se ha compuesto con una finalidad concreta, ya sea una boda o un funeral o un nacimiento, y los compositores siempre han cobrado por ello. Mozart, Beethoven y Händel cobraban dinero. Si uno puede aprovechar su talento para no ser pobre, debería hacerlo”.

Yo creo que arte es. También entretenimiento. A veces las dos cosas, y en ocasiones sólo una de ellas.

“Las canciones populares son la única forma de arte que describe el talante de nuestro tiempo. Es de lo que hoy se cuelga la gente, no de los libros ni del teatro ni de los museos.”

Bob Dylan, en 1966

La música es, escuchamos al videoartista y cineasta José Ramón da Cruz en Geometría del Esplendor (un documental sobre el dúo español de música industrial Esplendor Geométrico), “el arte de organizar con sensibilidad y lógica una combinación de sonidos y silencios”. También “la emotividad que permite darles coherencia”.

Sonidos y silencios. Para el poeta Manuel Vilas “sólo la música tiene legitimidad para acabar con el silencio”. Y otro poeta, Juan Carlos Suñén (en su poemario de 1989 Un ángel menos), tañó unos versos que decían:

“El primer silencio pertenece a los hombres que se hunden en / lo alto, a los hombres tallados por la fascinación / de la música, […] / y a su paso se aparta el infinito / […] / (mientras un hombre muere en todas partes). […] / Conozco sólo tres profanaciones: / limpiar la superficie de un espejo, / exhumar una hoguera, / ser un músico”.

El escritor Andrés Trapiello escribe en su libro Madrid que “la música no sólo es el reducto inexpugnable de la memoria, para lo triste y lo alegre, sino el lazarillo que te lleva sin tropiezo alguno hasta la época en que se compuso y te presta sus ojos para ver todas las cosas de aquel tiempo. […] De todas las artes es la música la que mayor poder de evocación logra arrancar del corazón y la memoria humana, la que más directamente apela al sentimiento”.

La música pop y la frescura

El escritor británico Nick Hornby escribió un bello libro dedicado a la música pop, se titula 31 canciones y en él le leemos que “no puedes mantenerte toda la vida con tu música de siempre, sobre todo si eres alguien que escucha música todos los días, en cualquier ocasión, necesitas recarga, porque la música pop tiene que ver con la frescura”.

Sin embargo, otro escritor, el español Luis Landero, escribió en su libro El huerto de Emerson que la música pop no es más que una “insidiosa y sugerida pornografía sentimental.” ¡Qué cosas!

Prefiero pensar que el pop, la música pop desde luego, es un hechizo que, como escribiera el destacadísimo periodista musical español Diego A. Manrique, se compone de una “misteriosa mezcla de sinceridad emocional y artesanía sensorial”.

Sinceridad emocional y artesanía sensorial, nada más y nada menos.

 

La música (pop) y la vida

Hace ya mucho tiempo que el influyente pensador Friedrich Wilhelm Nietzsche (de quien sabemos por el periodista musical Julián Ruiz que “decía que la música era un hechizo, una bruja que pervierte y absorbe, que no tenía nada que ver su procedencia con las musas ni las sirenas, como decían otros filósofos”) nos ayudó a pensar en la música. Así, en general: en la música. Y dejó escrito que "la vida sin la música es sencillamente un error, una fatiga, un exilio".

En esa línea, refiriéndose a la música pop más específicamente, en fechas mucho más recientes, la periodista musical Arancha Moreno dijo aquella maravilla de que “la vida es eso que pasa entre canción y canción”.

“Y las canciones... eran himnos. Eran pautas que seguir, eran códigos mediante los cuales nos reconocíamos, eran acertijos o afirmaciones sobre lo que estábamos viviendo. Llevar un LP bajo el brazo era una señal de identificación. Hemos crecido cual volutas alrededor de ese tallo musical que fue la música pop de los 50, 60, 70, 80... y han quedado muchas canciones que nos ayudan a vivir. Porque la música es uno de nuestros mejores amigos. (No, no es el único, pero sí de los mejores.)”

Elena Gabriel

Porque, como Tere le dice al protagonista de la maravillosa novela Las leyes de la frontera de Javier Cercas: "No se puede vivir sin música, Gafitas".

«Y la vida ahí tendida, desafiándote a que la escribas».

Bruce Springsteen

El afamado musicólogo Greil Marcus afirma en uno de sus libros de referencia que “la música busca cambiar la vida; la vida sigue; la música queda atrás; eso es lo que queda para que podamos hablar de ello”.

¿Qué es la música (pop o no pop)?

El músico David Byrne nos dice que “LA MÚSICA ES PARTE DE LA GEOMETRÍA DE LA BELLEZA”. También que “no hacemos la música; nos hace ella a nosotros”. Y que, “lejos de ser un entretenimiento, la música es parte de lo que nos hace humanos. […] La música surgió al mismo tiempo que las personas”.

“La música es una capacidad cognitiva compleja”, les leo a Lilach Akiva-Kabiri, Daniel Schön, y Tomaso Vecci en su libro dedicado a la música y la psicología (o viceversa).

Para Nick Hornby, “la música, como el color, o una nube, no es ni inteligente ni no inteligente, simplemente es: todo lo que le pido a la música es que suene bien”. Y el musicólogo Ramón Andrés escribió en su Filosofía y consuelo de la música, de 2020, que “la música es una manera de pensar el aire, un modo de aprender la vibración que la atmósfera deja en el oído”.

“La música es el infinito”. Eso me dijo el músico y periodista musical Fernando Martín.

“La música es infinita. Y aunque me he enamorado incontables veces con toda clase de músicas, de todas partes del mundo... siempre hay algo. Yo creo que simplemente se llama libertad”.

Jeff Buckley

Escucharla, tocarla, cantarla

José Luis Zapatero nos acercaba la música tanto en su libro El tiempo en 50 canciones que cuando le leíamos cosas así nos convencíamos de lo mucho que necesitamos escuchar las canciones que amamos:

“No importa el dispositivo en el que la escuchemos, los instrumentos que la produzcan o el ritmo que tenga. La música sonó en las cavernas y sonará en las naves espaciales que algún día surquen galaxias remotas. Desde el Big Bang hasta el estallido final nuestro tiempo se llena de sonidos. Que no pare la música”.

JoseluisZapatero

Que no se detenga esa maravilla que nos traen los músicos:

"Cuando tocas música es como si encendieras una luz en la oscuridad."

Carlos Santana

"Cantar es para mí un sacerdocio."

Elis Regina

Y el rocanrol, que vino a salvarnos la vida

Greil Marcus dijo que “la esencia del rock and roll como una agresiva cultura popular que rompía barreras de raza, clase, geografía y música.” Y, como le escuchamos a Patrick Kenzie, el personaje de Dennis Lehane en su novela Un trago antes de la guerra: “sabe Dios cómo conseguía mantener la gente su cordura antes del rock and roll”.

“Mi corazón volaba con Aviador Dro, se divertía con Siniestro Total, se emocionaba con Gabinete Caligari, se encogía con Décima Víctima”.

Beatriz Alonso Aranzábal (directora del documental De un tiempo libre a esta parte, de 2015, y componente del grupo musical Monaguillosh)

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