Robert Redford, el actor que sedujo al mundo y que en 1966 huyó de Hollywood a Mijas para encontrar la paz
Robert Redford, leyenda de Hollywood y fundador de Sundance, falleció a los 89 años en Utah.
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Celín Cebrián | @celincebrianvaliente
El actor y director de cine Robert Redford ha fallecido este martes pasado a los 89 años de edad en su casa de Utah. Se nos va una de las grandes leyendas de Hollywood. El cine pierde a una de sus figuras más legendarias. Quizás a una de las más elegantes y de las más necesarias para comprender el arte. Redford era el compañero perfecto de todo actor en la pantalla. Ha muerto en medio de las montañas de Utah, donde tenía su última morada, el lugar para despedirse de este valle de lágrimas de la mejor manera posible: lo hizo mientras dormía. Él mismo que creó un pequeño festival para que se pudieran ver las películas que a él le hubiera gustado protagonizar o dirigir, ésas que gozan del gusto minoritario, porque si algo tenía este actor, desde que empezó a abrirse un hueco en esta industria de los sueños, era que él no había llegado hasta allí para convertirse en uno más de esos actores estúpidos que trasladaban la ilusión de una falsa profundidad. Robert Redford era un tipo de palabra, atractivo y seguro de encarnar a cualquier personaje como se merece, algo a lo que le ayudó su atractivo cautivador y su inteligencia, sobre todo en las causas en las que creyó hasta su muerte, como la conservación del medio ambiente y la política de su país, a pesar de que no fuera santo de su devoción de muchos críticos cinematográficos de EEUU, que lo encontraban demasiado guapo, incluso en el Gran Gastby. De todo esto, lo más enriquecedor tal vez sea el persistir en el tiempo de ese santuario llamado Sundance, donde surge el talento, encarnado en las distintas voces que pueden hacer películas en libertad.
Robert Redford era un tipo de palabra, atractivo y seguro de encarnar a cualquier personaje como se merece, algo a lo que le ayudó su atractivo cautivador y su inteligencia
Charles Robert Redford Junior es un actor y director estadounidense nacido en Santa Mónica, California, el 18 de agosto de 1936. Hijo de Martha W. Hart, una ama de casa, que tenía un hijo, William, de un matrimonio anterior, y de Charles Robert Redford, Sr., un lechero que se convirtió en contable de la empresa Standard Oíl. Robert lo contaba así: ―”Mi familia es de origen irlandés y escocés. Ellos vinieron del viejo mundo y trajeron consigo el amor por las palabras y el placer de contar historias, pero también llevaban consigo el más absoluto rechazo a hablar de cuestiones personales, por lo que jamás se quejaron de algo. Por eso yo tuve que encontrar la manera de dejar a un lado las emociones, porque fuera cual fuere la emoción que sintieras, ninguna de ellas estaba invitada a la mesa familiar”. La escuela media la cursó en el Van Nuys High School y la finalizó en 1955, año en el que muere su madre de un cáncer a la edad de 41 años. Menos mal que consiguió una beca en la Universidad de Colorado en Boulder para estudiar arte, gracias a su habilidad como jugador de béisbol. Al principio, se ganó la vida en la compañía petrolera en la que su padre era contable y después trabajó de peón para reunir dinero y viajar a Europa para convertirse en pintor. Estudió arte en París y Florencia. En 1957 volvió desencantado y empezó a llevar una vida rebelde sumida en el alcoholismo.
En 1958, en California, conoce a una joven de 18 años, Lola Van Wagenen. Ella es mormona y originaria de Utah. En ese preciso momento, la chica estaba de vacaciones. Se enamoraron a primera vista y se casaron el 12 de septiembre de ese mismo año. La joven era de una familia acomodada que consiguió reconducir la vida de Rober Redford. Ese mismo año se matriculó en el Pratt Institute de Nueva York para estudiar arte y también interpretación, cursando estudios de arte dramático en la American Academy of Dramatic Arts. Y en 1959 nació su primer hijo Scott, que falleció meses después por muerte súbita. Ese mismo año, uno de sus profesores de la universidad le consiguió un papel en una obra de teatro en Broadway. Y en 1960, empezó a trabajar en la serie de televisión Playhouse 90, año en el que también nació su hija Shawna.
Corría 1961, cuando cosechó un gran éxito con su interpretación en la obra Sunday in New York en Broadway, comedia de Norman Krasna, pero su debut en el cine no llegó hasta 1962 con la película War Humt, año en el que tuvo a su tercer hijo, David James, que participó de bebé en la película.
Después del rodaje, volvió a Broadway para interpretar Descalzos por el parque, de Neil Simon, una actuación que le impulsó muchísimo en su carrera y que además fue el trampolín para Hollywood.
Sus primeros papeles no fueron de gran relevancia: películas como La rebelde (1965), de Mulligan, La jauría humana, con Marlon Brando y Jane Fonda, dirigidos por Arthur Penn, Situación desesperada o Propiedad condenada. Fue entonces cuando decidió dejar Hollywood y mudarse a Mijas, España, para comenzar una vida bohemia y relajada. Estamos en 1966. Unos meses después, ya en 1967, le llegó la oferta para protagonizar la versión cinematográfica de Descalzos por el parque junto a Jane Fonda, que tuvo un gran éxito. El actor abrió entonces su propia productora independiente, Wildwood Enterprises, cuya primera película fue Downhill Racer (1969). El 22 de octubre nació su hija Amy Hart, mientras filmaba Little Faus and Big Halsy… Y a partir de ese año, protagoniza Dos hombres y un destino, junto a Paul Newman y El candidato (1971), dirigida por Michael Ritchie, en la que se narra la historia de un abogado idealista que lucha por ganar un lugar en el senado de California sin convertirse en un político. Redford confesó en una entrevista: ―”Yo no soy un activista, no soy un tipo que pueda pertenecer a un movimiento. No creo en el comportamiento grupal. No es que esté en contra de eso, sencillamente no es para mí. Mis aspiraciones se remiten al deseo de vivir en una tierra que no esté envenenada por la contaminación o corrompida por una serie de nefastos sistemas”.
Luego llegaron Las aventuras de Jeremiah Johnson, una película que trataba de la supervivencia del individuo y de la naturaleza en un hermoso poema lírico que se ideó Sidney Pollack, su gran amigo. Luego vinieron Tal como éramos (1973) y El golpe (1973), de nuevo Paul Newman, y la primera nominación a los Oscar de su carrera.
Es en 1980 cuando Robert Redford se estrena como director con la película Gente corriente, con la que obtuvo buenas críticas y el Oscar al Mejor director. También fue ese año cuando creó un centro de enseñanza para jóvenes apasionados por el cine, el Instituto Sundance, que cuenta con su propio festival de cine que viene celebrándose desde 1983.
Como actor, sigue siendo una estrella que tiene mucho tirón comercial lo que le lleva a protagonizar Memorias de África (1985) junto a Meryl Streep, año en el que se separa de su esposa después de 27 años. En 1986 protagonizó Peligrosamente juntos y se enamora de Debra Winger, pero la relación no duró demasiado, ya que ella lo dejó por un actor más joven, Timothy Hutton, incluso se casó con él. De la noche a la mañana, se va a vivir con la modelo francesa Nathalie Naud, de 25 años y a la que le lleva 26 de diferencia. Y así hasta que aparece en su vida Sonia Braga, a la que dirigirá en Un lugar llamado milagro y con la que tendrá un romance que durará hasta 1990, momento en el que comienza a salir con la pintora alemana Sibylle Szaggars. En 1991 fue abuelo, en 1994 fue nominado al Oscar a la mejor dirección por Quiz Show, el dilema y en 1998 actúo y dirigió, ambas cosas a la vez, El hombre que susurraba a los caballos.
Ya en el 2000 rodó películas como Spy Game (2001), La sombra de un secuestro (2004), Una vida por delante (2007)… Y en el 2009 se casó con su pareja Sibylle Szaggars, la pintora alemana, y en 2013 rodó como único protagonista Cuando todo está perdido. En 2014 participó en la producción de Capitán América, también en Un paseo por el bosque, en 2017 repitió su papel de Alexander Pierce para un cameo en Avengers: Endgame y en el 2018, tras la película Old Man And The Gun, anunció que ése sería su último trabajo. Aun así en 2019 salió de su retiro para interpretar al presidente Robert Redford en una versión ficticia de sí mismo en una serie de HBO.
Redford ha sido uno de los grandes rostros de la década de 1970, capaz de alternar entre el Hollywood más comercial y el cine de autor
Redford ha sido uno de los grandes rostros de la década de 1970, capaz de alternar entre el Hollywood más comercial y el cine de autor. Y tuvo un papel muy relevante en la consolidación del cine independiente, al fundar el Festival de Sundance, plataforma de lanzamiento de autores como Quentin Tarantino, Steven Soderbergh o Kevin Smith. Escaparate de obras emblemáticas como Reservoir Dogs o Whiplash. Fue nominado al Oscar como mejor actor por El golpe y ganó como director una estatuilla por Gente corriente. También fue nominado al Oscar de la Academia por la dirección de Quiz Show, El dilema y en 2002 fue galardonado con un Oscar de honor como reconocimiento a su labor como actor y su carrera como director. Es decir, 3 premios Oscar y otro honorifico.
Cuando estaba en todo su apogeo, años 70 y 80, pocos actores poseían la potencia estelar que tenía Redford, el chico de oro de Hollywood y el hombre de la sonrisa de un millón de dólares, que seguía con su activismo ecologista, su enfoque antisistema dentro de la industria y sus esfuerzos pioneros por ofrecer una plataforma a los cineastas independientes. Redford supo utilizar su fama de gran estrella para cambiar el estatus hollywoodense.
Siempre decía: ―”De niño nadie me dijo que tenía buen físico”. Y cuando salía el tema de las actrices o de sus parejas, él afirmaba: ―”La belleza de una mujer está en su edad”. Un actor que se pasó la vida luchando por no ser un sex symbol. Una vez afirmó: ―”Tuve que luchar contra esa imagen. No podía hablar de eso ni quejarme, porque también tenía sus cosas buenas. Pero no era fácil a la hora de trabajar porque sólo se veía lo otro”. Fue en el año 1992, cuando el encantador Robert Redford protagonizó esa joya titulada Sneakers (Los fisgones), una aventura de alta tecnología para su época realizada en un mundo posterior a la Guerra Fría y anterior a Internet, cuando la realidad virtual estaba en sus inicios y los temores a una ciberguerra aumentaban cada día. La película es una mezcla de géneros, desde el thriller al atraco, a una obra policíaca, más cerebral que una película de acción, en la que Bishop y su equipo se basan en su ingenio, en lugar de utilizar artilugios, para lograr sus objetivos. El director, Phil Alden Robinson, introduce momentos de ligereza, como la secuencia del baile, con momentos sublimes. Junto a Redford, aparecen Sidney Poitier como ex agente de la CIA, Dan Aykroyd como el teórico de la conspiración Darren “Mother” Roskow, David Strathairn, un genio ciego con un oído agudizado, River Phoenix, la ex novia de Bishop, Liz Ogilvy (Mary McDonnell)… Sneakers trata sobre secretos, que los tiene, y muchos, pero es una película dispuesta a compartirlos e incluso a revelarlos. Es cuando Bishop aclara: ―”No se trata de quién tiene más balas, sino de quién controla la información”.
Su otro amor, quizás algo más elevado y secreto, era la pintura
Nunca fue un hombre de Hollywood, aunque lo pareciera. Así lo confirmó cuando dijo: ―Ya no se puede gestionar una forma de arte como si fuera un negocio, y sin embargo ellos lo siguen intentando”. Su otro amor, quizás algo más elevado y secreto, era la pintura. Vagó por Europa durante más de un año, se relacionó con artistas, con estudiantes e intelectuales, hasta que se quedó sin dinero en Florencia. Un profesor que había conocido organizó una especie de exposición de su obra y, con las pequeñas ventas, se pagó el viaje de regreso a casa. Por eso siempre estaba dispuesto a tomarse un descanso: para poder pintar. Y mirar detenidamente la luz de cada sitio, de cada lugar.
No me gusta simplificar y condensar una obra tan extensa como la de Robert Redford en una lista con las películas por orden, de mejor a peor, cuando a la hora de hablar de la calidad hay que tener en cuenta muchos factores y las opiniones son una cosa muy personal y objetiva. Aun así, me atreveré a enumerar 10 de sus películas:
Las aventuras de Jeremiah Johnson, Gente corriente, Dos hombres y un destino, Quiz Show, Descalzos por el parque, Todos los hombres del presidente, El Gran Gastby, Los tres días del cóndor, Brubaker y Memorias de África.
Su trayectoria está plagada de clásicos y a lo largo de seis décadas compaginó los roles de actor con proyectos de dirección y producción, convirtiéndose en un referente del cine de autor y en un símbolo del compromiso artístico con las nuevas generaciones. Como decía en su columna el Time New York Times, “su influencia no se limitó a la pantalla, porque Robert fue un defensor de la naturaleza y del medio ambiente, valores que reflejó en su vida personal”.