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Miriam Conde Redondo (Valladolid, 1968) es Ingeniera Industrial e hija de librera, aspectos que marcaron su pasión por la literatura, pues, como bien dice ella “escribir también es diseñar”, mientras que gracias a su madre creció rodeada de libros. Ganadora de varios premios literarios y creadora de novelas de suspenso histórico, nos ofrece su nuevo libro titulado “La mirada de la Diosa”, una trama que entrelaza varias épocas y dos vidas. Por ejemplo, los avances tecnológicos de los años noventa se cruzan con los códigos de la Segunda Guerra Mundial y con los hechos cotidianos de los personajes. Lo íntimo y lo colectivo avanzan a pulso en esta novela.
Óscar Vegas | ¿Qué cuentas en “La mirada de la Diosa”?
Miriam Conde Redondo | En La mirada de la Diosa relato una historia que entrelaza varias épocas y dos vidas: la de Gonzalo, un ingeniero que descubre un secreto familiar ligado a la Segunda Guerra Mundial, y la de Sara, una profesora que regresa a España con una herida emocional. Ambos se ven arrastrados a una búsqueda frenética que comienza con unos cuadernos con códigos secretos y continúa en los confines del Monte Athos, un lugar con una historia milenaria que aún asombra hoy en día.
En La mirada de la Diosa relato una historia que entrelaza varias épocas y dos vidas
La novela explora también cómo los secretos del pasado pueden condicionar el presente. Desde los códigos nazis hasta la obsesión por un tesoro oculto, cada paso abre una vía hacia intrigas, traiciones y revelaciones inesperadas. Es un viaje del héroe que combina acción, emoción y reflexión.
Más allá del suspense, también quise que fuera una historia de personas. Sus miedos, sus lealtades y sus decisiones, narrados con sus propias voces. Porque detrás de cada historia hay seres humanos que aman, sufren y se enfrentan a decisiones que pueden cambiar el curso de sus vidas.
El pasado es un punto clave en tu novela. ¿La historia termina pasando factura?
Sí, el pasado siempre pasa factura, aunque intentemos no escucharlo. En la novela, los personajes descubren cómo pueden afectarles algunas decisiones tomadas décadas atrás. Lo que parecía olvidado resurge con fuerza, obligándolos a enfrentarse a verdades incómodas.
Me interesa mostrar cómo la historia no tiene que contarse solo cómo un concepto abstracto, sino como algo que se filtra en lo cotidiano
Me interesa mostrar cómo la historia no tiene que contarse solo cómo un concepto abstracto, sino como algo que se filtra en lo cotidiano. Los secretos familiares, las lealtades y los silencios pesan más que los grandes acontecimientos. En este caso, la guerra y sus códigos se convierten en el punto de partida de una búsqueda en la que los protagonistas ven reflejadas sus propias contradicciones.
Tu novela tiene mucho de intriga histórica, pero también de historia íntima, familiar. ¿Te interesa representar ambos aspectos?
Muchísimo. Para mí, la intriga es el motor que impulsa la acción, pero la vivencia íntima de cada personaje es lo que le da sentido. Sin emociones, sin vínculos personales, el misterio sería solo un juego intelectual. Quería que el lector sintiera que detrás de cada hecho histórico hay una vida, detrás de cada decisión, una emoción.
Creo que la literatura gana cuando combina lo grande y lo pequeño, los hechos que cambian la historia y los sentimientos que cambian a las personas
La relación entre Gonzalo y su abuela, por ejemplo, es clave para entender por qué se embarca en una búsqueda tan arriesgada. Y lo mismo ocurre con Sara: su regreso a casa no es solo físico, es un viaje interior hacia sus raíces y hacia la reconstrucción de sí misma.
Creo que la literatura gana cuando combina lo grande y lo pequeño, los hechos que cambian la historia y los sentimientos que cambian a las personas. Esa tensión es la que da fuerza a la trama.
¿La ficción ayuda a darle importancia a la memoria?
Sin duda. La ficción tiene la capacidad de hacer que la memoria cobre vida, que deje de ser una lista de fechas y nombres para convertirse en experiencias humanas. Contar una historia es exactamente eso, dar voz a quienes ya la han perdido y rescatar unas emociones que los documentos no pueden transmitir.
Cuando escribo, no solo relato hechos, también intento comprender motivos, heridas y emociones que han quedado atrapadas en el tiempo. La memoria, a veces, duele; pero narrarla la convierte en algo vivo, algo que podemos mirar sin miedo.
Creo que recordar es un acto de amor. Es decirle al pasado te entiendo y te doy un lugar. Y la literatura es mi manera de hacerlo, de transformar esa nostalgia en palabras que puedan llegar a otros.
¿La actualidad tiene elementos para escribir intriga histórica?
Por supuesto. Vivimos rodeados de enigmas, aunque no siempre los percibamos. La tecnología, la geopolítica, los conflictos personales… todo ofrece material para crear historias que beban del pasado. De hecho, muchas tramas actuales son herederas de viejos esquemas.
En la novela, los avances tecnológicos de los años noventa se cruzan con los códigos de la Segunda Guerra Mundial
En la novela, los avances tecnológicos de los años noventa se cruzan con los códigos de la Segunda Guerra Mundial. Esa mezcla me parecía fascinante: cómo lo antiguo y lo moderno pueden entrelazarse para generar nuevas ideas. La historia nunca está cerrada ni tampoco conocemos todo. Para mí fue una sorpresa descubrir el monte Athos.
Además, la intriga histórica conecta con una necesidad básica del ser humano, comprender. Queremos saber qué ocurrió y por qué. Esa curiosidad es el germen que hace avanzar una buena trama.
Eres ingeniera industrial, hija de librera. ¿Qué aporta esa combinación a tu vocación literaria?
Creo que aporta equilibrio. La ingeniería me ha dado método, rigor y una forma lógica de abordar los problemas. La literatura, en cambio, me permite explorar lo intangible, lo emocional, lo simbólico. Ambas facetas se complementan más de lo que parece.
Ser hija de librera me marcó desde niña. Crecí rodeada de libros, descubriendo mundos en cada estantería. Ese contacto cotidiano con la palabra escrita sembró en mí la pasión por contar historias.
Al final, escribir es también diseñar, es levantar una estructura sólida que sostenga emociones y pensamientos. Y en eso, mi formación técnica y mi amor por los libros se dan la mano.
¿Recuerdas los primeros libros que leíste y te impactaron?
Sí, algunos los recuerdo con nitidez. De niña me fascinaban las aventuras clásicas, esas historias que te hacen soñar con lugares lejanos y personajes valientes. Más tarde llegaron las novelas históricas, que me abrieron la puerta a épocas y culturas que parecían palpitar en cada página.
Los maestros de las aventuras como Alejandro Dumas, Julio Verne, Stevenson y algunos autores españoles, como Matilde Asensi o Pérez-Reverte me dejaron huella
Los maestros de las aventuras como Alejandro Dumas, Julio Verne, Stevenson y algunos autores españoles, como Matilde Asensi o Pérez-Reverte me dejaron huella. Me enseñaron que la historia puede ser apasionante si se cuenta con ritmo y emoción. También descubrí esa fuerza que tiene la intriga en obras que combinaban misterio y conocimiento.
Creo que esas lecturas tempranas fueron el inicio de mi vocación. Me hicieron comprender que la literatura no solo entretiene, sino que ilumina y transforma.
¿La mirada de la Diosa marca un punto determinante en tu literatura?
Sí, sin duda. Cada libro es un peldaño, pero este supone un salto importante. He querido ir más allá en la construcción de la trama, en la profundidad psicológica de los personajes y en la integración de distintos planos narrativos.
En esta novela he explorado con más intensidad la conexión entre el mito y la historia. Me he permitido arriesgar, jugar con escenarios y tiempos, y eso me ha dado una libertad creativa que necesitaba.
Creo que marca un antes y un después porque consolida una voz propia. Es el resultado de años de aprendizaje y también de una madurez personal.
¿Qué primera sensación te gustaría que se llevaran los lectores cuando terminen tu historia?
Me gustaría que sintieran que han vivido una aventura, pero también que han reflexionado sobre cuestiones que nos tocan a todos, la lealtad, la traición, el poder de las decisiones. Que cierren el libro con un buen sabor de boca y algunas preguntas.
Quiero que experimenten la emoción del descubrimiento, esa chispa que se enciende cuando una pieza encaja y revela un sentido oculto. Pero también que se queden con la certeza de que la historia no es algo lejano: está en nuestras familias, en nuestras raíces, en los silencios que heredamos.
Si al terminar la novela el lector siente que ha estado allí, entonces habré cumplido mi objetivo.





