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Mauro Nicolás Gamboa |
Al llegar al recinto de IFEMA, en los pabellones 12 y 14, emplazamiento donde tiene lugar la tercera edición del Starlite Madrid percibimos que no es una noche más. Es una de esas que están marcadas en rojo en el calendario y de las que, por cierto, quedaran marcadas a fuego en nuestro interior y en el de los miles de asistentes que acudieron a ver a Poveda en estado puro.
El escenario es imponente. En él se puede ver un telón en tonos rojos que preside el mismo. Un árbol de navidad sutil ubicado en uno de los laterales y dos minis stages, uno con un set de percusión y el otro con cuatro sillas clásicas de cuadro flamenco. Todo dispuesto, todo alistado, todo en su punto exacto para que Miguel Poveda pinte una obra de arte de máxima expresión y de las que merecen ser colgadas en una galería de forma permanente.
Resplandeciente ingresa al escenario una de esas voces que antes de oírla, sabes que te va a conmover. Sabes que va llevar tu esqueleto a otro estado. Sabes que conducirá un barco emocional que conectará con lo más profundo de tu ser. El hilo conductor de toda la velada fue Miguel Poveda compartiendo su voz con un respetable que ansiaba ver de nuevo al cantante catalán demostrando todo ese talento que alberga en su interior.
Con motivo de la presentación en sociedad de su último trabajo de estudio que lleva por nombre El árbol de la alegría y sobre el cual giró toda la presentación, Miguel Poveda a ritmo de villancicos, coplas y cantes flamencos, sacó su lado mas jondo para compartir una velada para enmarcar.
Desde el primer instante supo conectar con el público. Con un auditorio que le proclamó a los cuatro vientos un cariño enorme y el cantante español devolvió todas esas muestras de afecto en un concierto de altísimo nivel con una voz que lució sólida, acompasada y emotiva durante las casi dos horas de actuación. Starlite Madrid se fundía en un sólo corazón y latía al unísono con cada verso, con cada estrofa, con cada pieza sonora que afrontaba Poveda en su espectáculo.
Conducido en todo momento por las cuerdas, la madera y la guitarra del talentosísimo Jesús Guerrero, Poveda va creando un mundo paralelo donde las almas de los miles de asistentes se sumergen en él. Difícil es narrar lo vivido. Emoción a flor de piel y su aura que no sólo trasmite duende, sino que sienta cátedra de flamenco.
Durante todo su concierto fue intercalando piezas icónicas de sus mas de 25 año de trayectoria con el mencionado disco El árbol de la alegría, logrando tocar la fibra del respetable de principio a fin. Con algunos cambios de ropa, los cuales también servían para variar el tercio en la actuación, el cantaor luce un poderío de pulmones, digno de estudio. Se mantuvo cercano, alegre y comunicativo en toda la noche.
Su concierto está diseñado como un espectáculo donde las penas se quedan afuera. Todo se olvida y durante su duración se permite la licencia nuestra alma de viajar, de trasladarse a otro espacio y tiempo. Las luces juegan un rol protagonista y sus continuas modificaciones, permiten crear una atmósfera y un ambiente único, propio de un cuadro flamenco, sí. Pero también de esos diseñados para cautivar al espectador.
Piezas como “Portal de Oriente”, “Camino de Egipto”, “Los Campanilleros” y “Fuera las penas” hicieron que la noche fuera única. Momentos como su bajada a cantar entre el respetable mostrando una gran cercanía, el acompañamiento de una bailaora sobre las tablas o cuando “se bate a duelo” con su guitarrista Jesús Guerrero, son de esos que quedarán para siempre guardados en nuestra memoria.
Anuncia como primicia que va a revisitar su gran disco Coplas del querer, publicado hace más de 15 años, a mediados del próximo 2026 con una gira que promete ser apasionante y desata el aplauso homogéneo del todo el público.
La entrega es absoluta por parte del cantaor y el duende, tan característico en artistas flamencos, es una extensión de su ser. También el aura especial que rodea al artista es digna de estudio. Hasta cuando habla con el público emociona y sabe cómo cautivar. No es justo decir que fue sólo un concierto el vivido en Starlite en Madrid, fue una experiencia de esas vitales que todo ser humano debe realizar al menos, una vez en su vida.
Su espectáculo navideño protagonizado por villancicos tradicionales reinterpretados y bajo sus texturas, sirvió como preludio perfecto a la nochebuena. Ya en el tramo final, se emociona y va presentando con sentidas palabras a cada uno de sus músicos. De pie junto a sus compañeros de velada con pandero, mortero y crótalos, disparan las últimas piezas y se retiran cantando y al compás por uno de los laterales del escenario ante una imponente y sentida ovación, la cual es tan atronadora que hace regresar al stage al protagonista de la velada para interpretar “La bien pagá” y “Mis tres púñales” ante un auditorio que brillaba.
Concluía una noche especial, con duende, con alma y con Miguel Poveda en un estado de forma sublime.
Antes de concluir quiero felicitar al festival por acercar al público estas propuestas con tanto arte que hacen que merezca la pena estar vivo.
Starlite Madrid, el festival que llena de estrellas el cielo de Madrid y el alma del respetable.




