lunes. 04.03.2024
diogo

¿Cómo se mide el amor de un padre? ¿Es por sus palabras, por sus actos, por los recuerdos? ¿Qué distancia es la que separa la simple relación filial de algo más, de un concepto que no somos capaces de explicar? La familia se vive, se observa como un capítulo alargado de una serie, o como una película infinita donde los patrones se repiten. Y en ocasiones, en esos requiebros que nos depara el pasar una esquina tan puntiaguda que araña, nos encontramos con padres que lo darían todo por su hijo, incluso cuando creen haberlo perdido todo. Diogo Mainardi es ese padre, y la distancia que le separa de su hijo no son más que 424 pasos.

Se explica en libros de psicología, en manuales de educación, en programas donde la familia es más un cuadro ligado al surrealismo que a la realidad. Todo el mundo intenta explicar qué significado tiene la relación entre un padre y un hijo, pero pocas veces nuestra mirada se posa en dos cuerpos, en dos elementos, que conforman un todo. En La caída asistimos al despertar de Tito, hijo del autor, que por un parto mal programado, sufrirá una parálisis cerebral. Así, asistiremos a la verdad descarnada de un padre que encuentra en sus palabras la razón por la que su hijo ha sufrido tanto, y la experiencia de que, en la familia, a veces, cuando todo se nubla y aparece la tormenta, lo único que nos queda es empezar a caminar. Dos generaciones de hombres unidos por un fallo, por algo que nunca debió suceder, y que supone exorcizar los demonios que habitaron una casa en el mismo momento en que unos ojos se abrieron al mundo.

Diogo Mainardi es un padre, pero también es un héroe. Una criatura que apremia el paso, que observa en la distancia, que intenta comprender lo que su hijo no puede comunicar, a través de su paso por hospitales, por la literatura, por las edificaciones que son como los mausoleos del horror, aquellos que producen sombras alargadas, que tapan la alegría, y que la Historia, la que se escribe con mayúsculas, tanto nombre de tirano ha retenido. La caída es un libro, pero también es una experiencia, que se acerca a nuestras lágrimas, a nuestro silencio cuando la desgracia cae, pero también es un grito que nos hace comprender que la distancia que separa la felicidad de la tristeza, a veces, está en los simples pasos que un niño da por primera vez y que se convierten, a pesar de su número concreto (424) en infinitos.

¿Como se mide el amor de un padre? “La caída”