martes. 05.03.2024
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Patricio Guzmán

La sesión Horizontes Latinos del festival de cine donostiarra (Zinemaldia) y en su 70 edición ha tenido un estreno de lujo, con el nuevo documental de Patricio Guzmán, el cineasta chileno bien conocido por La batalla de Chile y su reciente trilogía compuesta por Nostalgia de la luz, El botón de nácar y La cordillera de los sueños. El cubo pequeño, el K2, ha vibrado al terminar la proyección. Los aplausos no tenían fin y el público se ha puesto en pie para manifestar su emoción compartida. Una lástima que el director no haya podido asistir personalmente por un problema de salud. Sin embargo el coloquio que se pudo mantener después con la productora testimonia el enorme interés suscitado por la cinta.

Guzmán tiene la rara habilidad de hacer poesía política con sus imágenes. La magia de su montaje te hace conectar con las vivencias de quienes aparecen en la pantalla. El espectador se siente física y anímicamente trasladado al escenario donde ocurrieron los hechos. Los encuadres, las entrevistas, el sonido, las fotos, la música ambiente,  todo se confabula para hipnotizar al espectador y hacerle viajar hacia el interior de la historia contada.

Los símbolos van desfilando. La estatua ecuestre del general Baquedano se retiró para que no resultase dañada, pero amurallaron la zona del pedestal y los manifestantes demolieron esa muralla como si fuera un nuevo muro de Berlín. El terreno acotado por los militares se abre a la gente. Todas las personas entrevistadas son mujeres, de muy distinta condición. Hay una politóloga, una chica en paro, una ajedrecísta, la presidenta mapuche de la convención, las autoras del himno feminista que recorrió el mundo.

Mi país imaginario nos cuenta el proceso chileno iniciado en octubre de 2019 por la subida tarifaria del metro.

Mi país imaginario nos cuenta el proceso chileno iniciado en octubre de 2019 por la subida tarifaria del metro. Nadie hubiera imaginado que esa chispa prendiera como lo hizo. Pero el malestar social estaba contenido como en una olla a presión, tras dos décadas de dictadura y treinta años de una democracia que seguía rigiéndose por una constitución propiciada por Pinochet. Las manifestaciones de protesta fueron reprendidas con toda dureza primero por los carabineros y a renglón seguido por los militares, dando lugar a enfrentamientos de una enorme violencia, porque no se comprendía qué hacía el ejército en las calles.

La indignación popular forzó un referéndum que mayoritariamente secundaba la creación de una asamblea constituyente encargada de redactar una nueva Carta Magna, sensible a las desigualdades, la perspectiva feminista y la diversidad en general. El primer discurso del recién electo presidente Boric sirve como colofón a la película, que a buen seguro debería tener una continuación donde se narre la continuación de un proceso imparable, porque el anhelo de cambio no parece reversible.

Como dice alguna pancarta las nuevas generaciones tienen la rabia de sus padres, pero no su miedo. No tienen ninguna confianza en los partidos políticos ni las instituciones, pero eso no les ha impedido arrollar en un referéndum y elegir como inquilino del Palacio de La Moneda a quien se declara heredero del espíritu de Allende. Las Alamedas de la libertad han vuelto a abrirse, aunque necesitan hacerse más frondosas con una mayor participación.

Como dice alguna pancarta las nuevas generaciones tienen la rabia de sus padres, pero no su miedo.

Como se nos ha recordado en el coloquio, ojalá que todos los países tuvieran como cronista de su propia historia a su Patricio Guzmán particular. Exilado desde hace cuarenta años, este genial octogenario lleva a Chile en su corazón y continúa relatando al orbe las peripecias de sus compatriotas como ha hecho desde hace más de medio siglo.

Se diría que Chile quiere inaugurar una nueva época. Que la gente reniega de las pensiones de miseria y el endeudamiento masivo que generaron los préstamos para cursar estudios universitarios. Que no todos pueden pagar una educación y una sanidad privadas. Que la precariedad es insoportable y cuestiona las reglas de juego del sistema neoliberal que sólo beneficia a unos poco. Que las gangosas agua de la mentalidad patriarcal ya no mueven molino. Que el futuro ha de tener un alma solidaria y cooperativa que no abandone a los más débiles. Todo esto lo cuenta un cineasta que sabe contagiarnos su entusiasmo por cuanto le interesa.

La crónica de una indignación con rabia y sin miedo