jueves. 29.02.2024
ARTÍCULO DE MANUEL MARTÍNEZ FOREGA

Literatura transmedia: Rimbaud entre nosotros

Manuel Martínez Forega realiza un acercamiento crítico, desde la reflexión y el conocimiento, a la "literatura transmedia" que la nueva era que preside Internet y el mundo digital están generando en nuestro ecosistema cultural. El análisis parte de sendos libros de Jaime Miñana y de Hernán Ruiz y Agustín Serra.
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Narrativa | MANUEL MARTÍNEZ FOREGA  

En un universo de ficción transmedia se puede navegar por sus tramas, sus personajes y sus misterios a través de múltiples recursos narrativos: novelas, documentales, pruebas, blogs de personajes, webs, cómics, música… Todos cuentan parte de una historia inacabada en la que seguramente el lector también tiene mucho que decir. Dos modelos de esta corriente narrativa nos lo ofrecen Bitácora a la deriva, de Jaime Miñana (Madrid, Esto no es Berlín Ediciones, 2015), y Plot 28, de Hernán Ruiz y Agustín Serra (Zaragoza, Prames, 2019). 

Bitácora a la deriva es ejemplo avanzado de literatura transmedia; pero es, además de pesquisa estética, un extraordinario modelo de versatilidad referencial y autorreferencial, de hondura psicológica, de sabiduría caracterológica. Unas volutas de humor que trasiegan por el entorno de las figuras distancian la perspectiva del narrador que describe fisonomías del alma a través de morfologías esperpénticas al valleinclanesco modo en las que encontramos mores, soberbias, prejuicios, vicios y alguna virtud; o bien iconos sociales, figuras representativas y algún replicante en forma de dibujo animado que nos bañan de memoria, de ilustración, de crónicas cuya antropología histórica es tan grata porque forma parte de nuestro procomún. Ese jakuzzi entre la gravedad y la ironía masajea de manera honda al lector, que se verá invadido por el diatermalismo de los geles erotizantes. Se trata de un ejercicio intelectual intenso: un espagat en el que los extremos se separan para dejar en el centro la certeza de que es en ese punto, el del tiempo presente, donde se ejerce la máxima tensión. Una tensión dramática sintetizada a través de tipologías que han inundado nuestro entorno de nuevas fisonomías sociales y de conductas acordes con ellas que no pertenecían a nuestra realidad inmediata. Una visión de la historia social con ajustes ideológicos y políticos que exige una lectura inequívocamente dramática, conociendo que la sabiduría en el manejo de semejante exigencia depende de tomar la distancia justa entre el drama y la ironía que lo vela sin solaparlo. 

Lo que claramente se deduce de esta corriente transmedia es que su propuesta dentro del mundo reticular en el que estamos sumidos, abstraída de sus altas dosis de trivialidad, puede ser ‘literaria’

La certeza de que todo sigue igual es asunto viejo: ya está en el Eclesiastés (1, 9-10) y en Terencio (Eunuchus, prol. 41). Sin embargo, esta pulsión escéptica sobre el futuro está excluida en la Bitácora porque es, en su formulación y en su morfología, un futuro en el presente, objetivo que cede al frenesí consecutivo del tiempo; es un medio «para canalizar —dice Henri Bergson en La percepción del cambio (pág. 16)— nuestra atención hacia el futuro, para librarle del pasado…, de esa parte de nuestra historia que ha dejado de interesar a nuestra acción presente». Este libro representa, todavía hoy, un hecho singular apartado de la espumosa negritud y de la ebriedad insulsa de los mundos fútiles que nada aportan a la universalidad de la narrativa. Si alguna vez los términos actual y futuro tuvieron verdadero sentido en el ejercicio literario, aquí lo tienen como redacción «marginal» en la que cabe una intertextualidad nueva: la logotípica de las conexiones QR y enlaces a otras aplicaciones reticulares como twittik-tok y plataformas de información digital de carácter social o personal. Esta realidad aumentada modifica sustancialmente el concepto básico de Saussure acerca del signo lingüístico en cuanto ese signo deja de ser lingüístico para mutar en signo icónico y, a partir de aquí, prefigurar sus respectivas e intangibles imágenes acústicas, ahora heterogéneas y por completo aconvencionales, situándolas en el plano de la tangibilidad.

Plot 28 tiene la réplica exegética en su propia web. Pero es en Bitácora donde se dará noticia indirecta de su redacción escrita: la periodista Joana T. Silveira es la autora de la nota biográfica de Miñana incluida en la solapa de Bitácora, la misma Silveira que en Plot 28 denunciará la censura de sus investigaciones en torno a los sucesos novelados, un thriller que evoca al palermitano Sciascia y que estará igualmente salpicado de aumentos exponenciales de la realidad a través de la iconografía digital que difumina los límites entre la ficción y la realidad superando el tópico sobre esta circunstancia estética.

Lo que claramente se deduce de esta corriente transmedia es que su propuesta dentro del mundo reticular en el que estamos sumidos, abstraída de sus altas dosis de trivialidad, puede ser ‘literaria’. Su fisonomía dispone de material suficiente para «hacer» literatura. La red, así, afirmaría ese isolement nervaliano en cuyo sueño se transcriben otras vidas con sus otros hechos como redes irrompibles a las que se regresa una y otra vez hasta quedar atrapado definitivamente en ellas. La narrativa transmedia representa un futuro literario más cercano de lo que podríamos imaginar y construye una fuga estética que sobrepasa toda consideración de la realidad actual como forma de existencia unívoca. Nunca ha podido ser más cierta la convicción, ahora verificable, del Rimbaud que nos persuadía de ser un autre. Este Je est un autre exige ahora su redacción en plural: Je est uns autres. Lo que diferencia a la realidad rimbaudiana de la actual es que ese otro, esos otros carecen de mediadores: son inmediatos, se expresan simultáneamente como verdaderos «emisores». Más aún —como lo expuso palmaria y enfáticamente Pessoa—: Viver é ser outro. Y nunca quizá como ahora esas metonimias se cumplen a costa del ciberespacio. En efecto, quizá ya estén aquí les spléndides villes que habremos de vivir y que han llegado como acertadas predicciones del propio Rimbaud. Pero tengamos su misma patienceBitácora a la deriva y Plot 28 son textos virtuales porque son actuales y nunca restringen la realidad. Son simplemente una realidad dentro de otra y la agrandan, un yo dentro de otros yoes: una vivencia otra: la actual frente a la o a las que fue o fueron y las que serán a partir de la intervención del lector y de la heterogeneidad iconográfica e informacional. Incluso desde la perspectiva epistemológica, tanto Rimbaud como Pessoa tienen razón. Pero Miñana, Ruiz y Serra también.

Hay que cruzar el río. Pero ¿regresarán de allí los millennials? En pleno chapuzón están los centennials. A novísimos y Xs nos corresponde equilibrar este escoramiento neutro de los espíritus embargados por el mathematical dream. Lo que pretende la literatura transmedia es que los enlaces superen la paradoja de la compañía del dispositivo en soledad para aliarse con la capacidad sensitiva de la doble página narrada: la web y la impresa para ser partícipes directos de la narración y, por fin y acaso, ser outro, o les autres en la otra orilla. Si no es así, es muy probable que el mito regrese al caos de donde vino y que el ser humano se convierta en una masa informe de individuos golpeándose unos con otros sumidos en el vaivén de la despersonalización absoluta, convertido en pura larva algorítmica, en perfil transido, en polvo, en nada.

Bitácora a la deriva.Jaime Miñana (Madrid, Esto no es Berlín Ediciones, 2015), COMPRA ONLINE

Pilot 28. Hernán Ruiz y Agustín Serra. Prames. Zaragoza, 2019. COMPRA ONLINE


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MANUEL MARTÍNEZ FOREGA es escritor, crítico y traductor

 


Literatura transmedia: Rimbaud entre nosotros