lunes. 04.03.2024
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Francisco Nieto 

Nos hallamos ante un ensayo ideal para aliviar los calores veraniegos publicado por Ediciones B. Un escrito reconfortante y de lectura muy amena que exuda cine por todos sus lados. Se trata de una recolección de pellizcos vitales de Jaume Ripoll, conocido principalmente por ser el impulsor y creador de la plataforma de cine Filmin, una auténtica revolución en cuanto al streaming se refiere y para muchos el cobijo indispensable para poder embadurnarse de buen cine después de navegar infructuosamente por el resto de plataformas más convencionales. Aunque el formato breve de cada episodio nos pueda llevar a pensar que se trata de un compendio de escritos paridos a vuelapluma la realidad es que existe mucha chicha o tela que cortar en cada uno de ellos. 

Jaume Ripoll (Filmin)
Jaume Ripoll (Filmin)

Y si encima eres coetáneo de Jaume y el cine es tu pasión, pues miel sobre hojuelas, porque te vas a sentir muy identificado ante unas vivencias que en muchos casos te van a sonar a conocidas. Verbigracia esos videoclubes que dan titulo a la obra y que fueron centros neurálgicos de peregrinaje para quienes ansiábamos atesorar conocimientos cinematográficos por doquier o simplemente pasar un buen rato viendo las últimas producciones auspiciadas en la era Reagan de nuestros héroes favoritos: los Van Damme, Cruise, Willis o Schwarzeneggers de torno. En este aspecto, hay que mencionar la particularidad de que el autor, como si del mismísimo Tarantino se tratara, trabajó varios años en un videoclub de su propiedad en Mallorca, por lo que saber como se vivía la relación con los clientes o como se las tenia que ingeniar para sacar a flote el negocio resulta muy interesante, y además puede funcionar como lectura complementaria (o al revés) de otro escrito sobre este tipo de negocio que iluminó nuestra adolescencia escrito por el critico Xavi Sánchez Pons titulado El almanaque del vídeo publicado hace un año y en el que nos explica su experiencia como cliente asiduo. 

Un escrito reconfortante y de lectura muy amena que exuda cine por todos sus lados. Se trata de una recolección de pellizcos vitales de Jaume Ripoll

El libro no compromete para nada, y en un par de tardes puede estar más que leído. Con esto la intención no es otra que la de picar al autor para que exprima aún más sus recuerdos y nos regale un segundo volumen en el que podamos seguir chapoteando en su interesantísima biografía repleta de relatos breves extraños, curiosos y muy placenteros. También sorprende para bien lo divertido que resulta su lectura, con multitud de curiosidades y situaciones más regocijantes cuanto más surrealistas resultan. En algunos momentos no te queda más remedio que soltar una carcajada, como ocurre con la peripecia de ese clérigo metido a proyeccionista a quien no le aprieta la sotana a la hora de servir a sus feligreses sesiones nocturnas subiditas de tono, o aquella otra en la que se pueden apreciar las costuras de cierta escuela de cine que, como ocurre en todos los comienzos, no es que tuviera precisamente una prueba de acceso precisamente exigente.

Los capítulos postreros están dedicados a agradecer a todos aquellos que le acompañan en el día a día de su aventura empresarial en la plataforma descrita como “El mayor catalogo de cine”. También se nos informa de algunos acontecimientos en los que en la versión física del Festival impulsado desde Filmin se tuvo que lidiar con algún que otro integrante de la industria a quien resultó complicado complacer en algunas de sus “peculiares” peticiones, así como de la visita de personalidades con las que también ocurrieron algunos imprevistos. 

Sorprende para bien lo divertido que resulta su lectura, con multitud de curiosidades y situaciones más regocijantes cuanto más surrealistas resultan

Si alguien se está preguntando si además existe algún valor añadido a los ya expuestos podemos afirmar que como guía para descubrir nuevos títulos o como invitación a revisionar algunos ya conocidos funciona a las mil maravillas. Jaume tiene el detalle, a modo de epílogo, de regalarnos unas cuantas listas personales y particulares de sus títulos preferidos y aquellos que por una u otra cisrcunstancia le han ido marcando en su recorrido vital. Si ya a lo largo y ancho de todo el ensayo se cuelan mil y un títulos que deben despertar la curiosidad de todo aquel a quien le gusta el buen cine, en el capítulo final titulado 25 listas después bajo encabezamientos del tipo “Mis fugas favoritas” o “Así me aficioné al documental” hay un a más a más a modo e playlist tan precisa como útil.

Una última licencia si se me permite: haced el favor (si podéis, claro) de suscribiros a Filmin. Nunca ocho eurillos al mes estarán tan bien invertidos. Un verdadero paraíso del cinéfilo.

Videoclub: retales de una vida (de cine)