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'La mutación del primo mentiroso o el estilo que mata', la última novela de Francisco Nieva

La portada amarilla de Amarillo Editora ya anticipa el juego de verdades ocultas de la trama.

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Pablo D. Santonja | @datosantonja

Con un título tan extravagante como La mutación del primo mentiroso o el estilo que mata, Francisco Nieva (Valdepeñas, 1924-2016) da al lector un viaje literario sobrecargado e intrigante. Esta novela, recuperada este año por Amarillo Editora, fue galardonada en 2004 con el Premio Ducado de Loeches a la mejor novela. El dramaturgo manchego, más conocido por sus montajes teatrales premiados y su sillón en la RAE, ofrece aquí una historia inusual: un joven de La Mancha parte con sus padres a Auxerre (Francia) para vivir en casa de unos parientes aristócratas, lo que desencadena una aventura iniciática en los años cuarenta.

La portada amarilla de Amarillo Editora ya anticipa el juego de verdades ocultas de la trama. Nieva juega con esa idea desde el primer capítulo: el narrador, criado en Villanueva de los Infantes (la misma Ciudad Real donde nació Nieva), es un muchacho rebelde y casi “maldito”, “precoz sexual y culturalmente”. Perteneciente a una familia venida a menos (con el recurso picante de que el protagonista es hijo de primos), el joven desprecia la España rural que deja atrás y siente que ha nacido para algo mayor. Esta mezcla de pasiones y tabúes encumbra la narración con una tensión constante entre el deseo y la culpa.

Es fácil valorar sus aciertos: el tema central de la mentira, un tejido de fantasía y un planteamiento filosófico sobre lo que es real que no se permite divagar con calma

Al llegar a Francia nuestro narrador descubre los secretos de la mansión familiar. Allí vive Lambert, el primo bellísimo pero mentiroso patológico: un joven asmático sometido a tratamiento hipnótico, bajo cuyos delirios brotan relatos fantásticos. Lambert se convierte en el motor del relato, convirtiendo cada rumor en otra “verdad”. 

La prosa de Nieva es onírica, plagada de imágenes hipnóticas y un sobrecargamiento dialéctico que no gustará a todos los lectores, sobre todo los que prefieren algo ligero antes de irse a dormir. El lenguaje está lleno de giros: cada escena está narrada con tal detalle imaginativo que el lector puede sentirse abrumado. Hay ecos del surrealismo en esa cadencia, pues la mentira es el gran tema de la novela. Lejos de condenarla, Nieva la exalta como forma pura de creatividad. Esta paradoja literaria, casi profética ante nuestro tiempo de post verdad, sugiere que a veces las ficciones más audaces son las que más verdad revelan. El autor obliga al lector a dejarse arrastrar por el espectáculo de fábula delirante que propone.

A nivel crítico, hay que reconocer que Nieva no escribe para quien busque tramas sencillas. Su narrativa exige paciencia y un espíritu abierto: la acumulación de episodios y la mezcla constante de lo real con lo fantástico pueden desconcertar al lector más tradicional. Si buscas una lectura lineal, estarás fuera de la historia. Quienes se entreguen a su ritmo encontrarán una experiencia con descripciones tan precisas que parecen cuadros barrocos, cosa que, al que escribe estas líneas, le sacan del relato constantemente. 

Al final, La mutación del primo mentiroso no se perfila como una lectura cómoda. Es fácil valorar sus aciertos: el tema central de la mentira, un tejido de fantasía y un planteamiento filosófico sobre lo que es real que no se permite divagar con calma. Las únicas limitaciones estarían en el gusto: quizá no convenza al lector que huye del exceso estilístico en el que el autor nos recuerda lo listo que es en cada frase, como le pasa a Christopher Nolan en lo cinematográfico. Pero que mis preferencias y valoraciones no echen por tierra la aportación de Nieva a la literatura actual, pues no siempre se lee a un Premio Príncipe de Asturias (1992). 

Tal vez la única certeza que deja el libro es esa pregunta de ¿qué es lo real y qué lo inventado en esta trama? La respuesta te la dejo a ti, lector, como corresponde.