‘Esencial azar’, ¿novela o cine?
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Torres-Remírez | @jostorresremrez
Ángel Rupérez ha vuelto a la novela este 2025 con “Esencial Azar” de la editorial Cántico. Sin embargo, esta novela no es una novela, ni una nivola, es un compendio de las pasiones y las filias de su autor.
Hablar de Rupérez es hablar de “Esencial Azar” o diseccionar “Esencial Azar” es diseccionar a Rupérez. Vayamos paso a paso ¿Quién es el autor? Es un burgalés y un hijo adoptivo de la villa de Madrid. Como muchos emigrados a la capital de España, el autor se siente acogido entre sus calles, pero siempre habla de ellas con un cierto aire de nostalgia. Madrid es España, pero no es Burgos, por lo que, aunque se sienta acogido y quiera a dicha ciudad, siempre le faltará algo. Lo mismo ocurre en “Esencial Azar” cuando transcurre la historia por las calles del viejo Madrid. La manera de narrar nos muestra un cariño especial a la ciudad, pero sigue siendo una ciudad a la que ha llegado por azar, no por querer. Esa manera de ver, de sentir Madrid, es tan nuestra que la podemos rastrear en otros escritores como José María de Pereda. Lo que hace Rupérez es seguir con la tradición que lleva dos siglos imponiéndose en nuestra patria al hablar de Madrid.
Si hablo del libro, aunque sea un poco, les estaré destripando mucho, porque yo, a diferencia de Ángel Rupérez, soy un mal columnista y no se transmitir un mensaje
Rupérez también es un poeta y no sólo lo demuestran sus más de media docena de poemarios escritos y las antologías de grandes poetas de las que se ha encargado. Es un poeta a la hora de encontrar el símil perfecto, la metáfora, la manera más delicada y certera de describir algo. El toque justo para que el lector sienta lo que están sintiendo en ese momento los personajes. Parece fácil y ahí está la importancia de Rupérez, que hace que parezca fácil escribir. Y eso también es por otra de sus facetas, la de periodista. Es cierto que en los días en los que vivimos los periodistas y los columnistas buscan las maneras más enrevesadas de explicar cualquier cosa, como popularmente se dice: tienen el don de resumir en dos horas lo que ha pasado en cinco minutos. Gracias a Dios (o a Dutton Peabody) el autor es un periodista de los de antes. Lo importante de una opinión o de una noticia, no es el emisor, sino el mensaje. Leer las columnas de Rupérez es leer un mensaje, no un autor. Leer “Esencial Azar” es leer una historia en lo que importa es que el mensaje llegue al lector, no demostrar nada. Los grandes escritores no demuestran nada, dan al lector una historia.
Por último, Rupérez es profesor. Una digna profesión que no se valora lo suficiente. Existen muchas clases de profesores, pero hay unos que son los divulgadores. Esos profesores que saben que lo importante no está en un examen, sino en enseñar a aprender, en abrir las mentes y en que sus estudiantes, el día de mañana sepan tener las herramientas para tener un juicio propio y una admitir sus errores. Leyendo “Esencial Azar”, el autor trata a los lectores como estudiantes, no les da todo masticado, sino que les hace trabajar un poco para que ellos sean los que juzguen a los personajes y las situaciones, dejando el libro al albur de quienes caigan en sus redes.
Leer “Esencial Azar” es leer una historia en lo que importa es que el mensaje llegue al lector, no demostrar nada
Y toda esta retahíla de parabienes es sólo para llegar a una conclusión: me ha encantado el libro y me gustaría que lo leyeran. Así que díganme ustedes ¿cómo quieren que les convenza? Si hablo del libro, aunque sea un poco, les estaré destripando mucho, porque yo, a diferencia de Ángel Rupérez, soy un mal columnista y no se transmitir un mensaje, sino que me pondría a desgranar la historia de dos ciudades que ocurre en “Esencial Azar” y les trasmitiría mi libro, no la historia de este autor burgalés.
El panorama editorial actual es muy complejo, no sólo por los millares de libros que se editan, sino porque los propios autores patrios no son profetas en su tierra, y preferimos leer novelas mediocres allende de los Pirineos, a darle una oportunidad a una novela de aquí. Vender un ejemplar es una batalla agotadora y que el público reconozca el nombre de un escritor nacional (más allá de Pérez Reverte o los Carmen Mola) es misión imposible. Ojalá este granito de arena sirva para que usted, que ha llegado hasta el final de esta reseña, le de una oportunidad Ángel Rupérez y a su “Esencial Azar”.