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viernes. 07.10.2022
LECTURAS SUMERGIDAS | REVISTA LITERARIA

Leyendo “El síndrome griego”

Por Emma Rodríguez | La izquierda cuyo curso lo empezó a marcar en Grecia Syriza tendrá futuro si es capaz de contagiar esos principios a movimientos de otros países.

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Alexis Tsipras

lecturassumergidas.com | @lecturass | Por Emma Rodríguez | En estos momentos en que Grecia está en el punto de mira y cuando todo indica que Syriza, clara favorita a ganar las elecciones de este domingo, podría impulsar el comienzo del cambio de las reglas del juego en la UE, resulta muy fructífero un paseo detenido por “El síntoma griego”, un volumen colectivo, publicado por Errata Naturae, que busca interpretar el futuro de Europa a partir de la experiencia del país heleno. En Grecia arrancan los análisis de once pensadores: de Alain Badiou a Antonio Negri, pasando, entre otros, por Étienne Balibar, David Harvey, Costas Douzinas, Anselm Jappe o Yannis Stavrakakis. Se trata de filósofos, economistas, expertos en teoría política que interpretan lo que estamos viviendo de manera esclarecedora y ponen en cuestión esas verdades oficiales cuyos cimientos se resquebrajan cada vez más.

Posdemocracia, guerra monetaria y resistencia social en la  Europa de hoy” es un subtítulo que ya dice mucho de esta entrega que nos explica por qué hemos llegado hasta aquí y de qué manera se puede salir del círculo de la resignación y de la obediencia a los postulados de la Troika. Si bien todos los textos resultan interesantes, hay uno, el de Costas Douzinas, experto en derechos humanos y teoría jurídica, que me ha atraído especialmente por su optimismo en la construcción de una nueva Europa que no iría en la dirección hacia el fascismo, abierta peligrosamente tras los últimos comicios, sino que estaría capitaneada por una izquierda renovada. Una izquierda cuyo curso lo empezó a marcar en Grecia Syriza, una coalición de diez partidos y grupos de distintas tendencias que reivindican el diálogo, el pluralismo y la democracia directa y que, en palabras del autor, tendrá futuro si es capaz de contagiar esos principios a movimientos de otros países.

“La era de los líderes y de los partidos y sindicatos centralizados, de los sujetos políticos conscientes que aguardan ser representados está concluyendo. Los principios rectores deberían ser la creación de redes, la solidaridad y la organización horizontal, el intercambio de conocimiento y capacidades”, señala Douzinas, quien cree firmemente en “las iniciativas procedentes de la base” y aboga por el hacer en comunidad, por el nosotros, porque “nosotros somos las plazas y estamos por todas partes”.

Antes de llegar ahí, el autor traza paralelismos entre la situación actual, el ciclo revolucionario de 1848 y la ola de descontentos que precedió a los acontecimientos de 1914; recorre el convulso trecho de la crisis que se abrió con el colapso bancario de 2008, sostiene que “tras un intervalo de cuarenta años, hemos entrado en una nueva era de resistencia” y examina las nuevas “formas, subjetividades y estrategias” de esa resistencia que está llamada a modificar el orden de las cosas; que se ha empezado a articular en Grecia; en España, a partir del 15-M, y en otros países, incluso más allá de las fronteras europeas, caso de las denominadas primaveras árabes, con su resultado desigual.

Profesor de Derecho y director del Instituto Birkbeck de la Universidad de Londres, Douzinas hace un certero análisis de la terrible trampa de la deuda, de la corrupción y la hegemonía a que conduce un sistema basado en el dinero. Analiza la situación de Grecia, tan parecida a la española, países ambos en los que, de forma drástica, se ha pasado de la promesa de la felicidad, a través del consumo, a la aplicación de la austeridad y el recorte en todos los ámbitos de la vida, ajenos los ejecutores a las vergonzosas franjas de pobreza, desigualdad y exclusión que han generado sus imposiciones.

Las élites griegas crearon la deuda y a continuación la trasladaron a la población en forma de paquetes de rescate (…) Se utilizó el endeudamiento estatal como herramienta para engrasar la máquina de amiguismos y favoritismos manejada por el duopolio que han formado, desde la década de los setenta del siglo pasado, la formación derechista Nueva Democracia y el PASOK (…) El Estado toleró el fraude fiscal (…) Por último, se llevó a cabo el enorme rescate bancario, lo cual elevó la deuda al 120% del PIB griego. Tras cinco años de austeridad, esa deuda se sitúa, actualmente, en el 165%…”, va exponiendo el autor, quien se pregunta: “¿Cuál es, entonces, el sentido de estas políticas catastróficas?”

La respuesta llega a continuación: “Lo que está en juego, tras las políticas de austeridad, es una reordenación del tardo-capitalismo promovida desde la cumbre hacia la base del sistema. Los salarios europeos actuales acabarán equiparándose a los chinos en algún momento, lo mismo que las condiciones sociales y laborales; entre tanto se asegurará la rentabilidad continuada del capital”.

Hay que romper la hegemonía, salir de ese círculo de deseo, consumo y frustración. “Cuando la vida se hace invivible y el sometimiento se vuelve intolerable, el rechazo a obedecer leyes opresivas y políticas que resultan ilegítimas desde el punto de vista democrático convierte la desobediencia en “bautismo político”, sostiene el ensayista, quien, siempre partiendo de Grecia y de la esperanza de Syriza, se plantea dos preguntas muy interesantes: ¿Está preparada la izquierda para presentarse a su cita con la historia? ¿Qué hará la izquierda cuando llegue al poder?

Esa respuesta es ir día a día. No hay plan o precedentes; la izquierda deberá improvisar y adaptarse, deberá ejercer un pragmatismo brutal y mantener sus principios de manera incondicional”, sostiene un Costas Douzinas convencido de que hay esperanza en la acción colectiva, en las asambleas públicas, en la democracia directa. Frente a él, un tanto más escéptico se muestra otro de los participantes en “El síntoma griego”, Alain Badiou, para el que la palabra que hay que aplicar al presente es “impotencia”.

El filósofo y escritor habla de “un sentimiento general de impotencia política”. Se refiere a “la comprobada impotencia de las fuerzas progresistas a la hora de oponer algún obstáculo significativo a los poderes económico-estatales que pretenden someter a los pueblos al nuevo orden, un nuevo orden, por otra parte, de lo más antiguo o fundamentalista, el del liberalismo integral”. Y no deja de ver que “son más bien las fuerzas fascistas las que están avanzando con su nacionalismo xenófobo y racista”, pese a la posibilidad de una acción popular directa y en masa en países como Grecia.

En opinión de Alain Badiou lo que sucede es que “la mayor parte de las categorías políticas a las que los activistas de base intentan recurrir para pensar y transformar las situaciones reales resultan, en su estado actual, ampliamente inoperantes”. Lo que sucede es que venimos de “un amplio periodo de contrarrevolución económica, política e ideológica, que ha socavado extraordinariamente la confianza y energía”. Lo que sucede es que la izquierda no ha acabado de superar sus complejos, su culpa por la deriva de los totalitarismos comunistas, sobre cuya autocrítica debe renovarse y avanzar, en opinión del pensador francés. Lo que sucede es que el lenguaje de la izquierda ha sido desacreditado y que las palabras que se han impuesto, el idioma que se maneja, “es un idioma demasiado pobre como para hablar del futuro de la actividad emancipadora”.

Hay que superar todo eso para devolver a términos como libertad, por ejemplo, su auténtico sentido, lejos del significado de poder hacer “lo que uno quiera” en relación únicamente al poder adquisitivo; hay que devolver al comunismo su afán de “movilizar la inventiva de la gente”. Hay que creer en “la fuerza de la rebelión, en su extensión y carácter audaz”, pero el éxito político no dependerá sólo de ello, sino también de la disciplina y de las proposiciones que se pongan sobre la mesa. “Proposiciones que atañan a un porvenir estratégico positivo, que revelen nuevas posibilidades insospechadas”, señala el filósofo, refiriéndose a la capacidad de un grupo o movimiento para articular los deseos y mandatos de la base popular...

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