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Pablo D. Santonja | @datosantonja
“¡Todos a bordo!” es uno de esos juegos que entran por los ojos, se explican en cinco minutos y se quedan en la mesa mucho más tiempo del que uno espera. Esta joya diseñada por Daryl Chow junto al estudio japonés Saashi & Saashi, y editada en español por Maldito Games, propone una experiencia de juego ágil, elegante y profundamente satisfactoria, ideal tanto para familias como para quienes buscan un juego con peso estratégico.
A primera vista, el juego deslumbra. El arte, con su estilo minimalista y encantador, imprime a cada elemento una sensación cálida y casi nostálgica. La paleta de colores suaves y la estética retro-moderna evocan una postal de crucero en los años 50. Cada componente —desde los tableros hasta las cartas de pasajeros— ha sido cuidadosamente ilustrado y fabricado, con acabados resistentes y detalles que elevan la experiencia. Destacan especialmente los meeples personalizados según su color, los tokens de equipaje con pistas progresivas, y la claridad de la iconografía, que ayuda a reducir la curva de aprendizaje sin sacrificar profundidad.
En Todos a bordo! cada jugador representa a un gestor de pasajeros dentro de un crucero, con el objetivo de ubicar a sus viajeros en las cabinas correctas según sus preferencias y conseguir la mayor puntuación posible. La partida se desarrolla a lo largo de ocho rondas. En cada una, los jugadores seleccionan cartas de pasajeros mediante un sistema de “draft”, lo que implica elegir una carta de una mano y pasar el resto al jugador siguiente. Esta mecánica, sencilla y eficaz, introduce una interacción indirecta muy interesante, obligando a anticipar no sólo lo que uno necesita, sino también lo que podría convenir a los demás.
El corazón del juego reside en su sistema de colocación de fichas en base a las “exigencias” de los clientes. Cada carta seleccionada indica cuántos pasajeros se colocarán, de qué color y hacia qué dirección del barco se moverán. Estos deben avanzar secuencialmente por habitaciones contiguas hasta encontrar una que coincida con su preferencia de color, o en su defecto, permanecer “descontentos”, lo que implica menor puntuación al final. Esta gestión de espacios, combinada con las bonificaciones que se activan al progresar en las pistas de equipaje, convierte cada turno en un pequeño rompecabezas táctico.
Uno de los grandes aciertos del juego es su ritmo. Gracias a que la mayoría de las acciones pueden realizarse de forma simultánea, el tiempo de espera es mínimo, incluso a cuatro jugadores. Además, el hecho de que cada decisión influye de manera significativa en el tablero propio mantiene el interés constante. Y aunque hay competencia por las bonificaciones de salas, la interacción entre jugadores sigue siendo limitada, centrada principalmente en el sistema de selección de cartas.
Dicho esto, sus virtudes superan con creces a sus defectos. Su modo solitario es sólido y mantiene el espíritu del juego original, lo que lo convierte en una excelente opción para quienes disfrutan de retos personales. Además, su escalabilidad está bien conseguida: funciona igual de bien a dos que a cuatro jugadores.
¡Todos a bordo! es un ejemplo brillante de cómo un juego puede ser accesible y profundo al mismo tiempo. Con partidas de apenas 25 minutos, logra ofrecer una experiencia estratégica compacta, visualmente llamativa y lo suficientemente variada como para invitar a la repetición. Perfecto como puerta de entrada a los juegos dentro del catálogo reciente de Maldito Games.




