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sábado. 04.02.2023
Casa del Carbón en Granada
Casa del Carbón en Granada

@Montagut5 | ¿Conservar el pasado o crear el porvenir? Esta disyuntiva era planteada por el catedrático Andrés Ovejero el domingo 10 de noviembre de 1929 en la Casa del Pueblo de Madrid en la conferencia inaugural de un curso organizado por los jóvenes socialistas madrileños, y que versó sobre el interés social en la conservación de los monumentos artísticos.

Andrés Ovejero
Andrés Ovejero

Ovejero habló de que la idea de conservación de los tesoros artísticos era moderna, y que había planteado un problema para la izquierda. ¿Por qué?, porque el socialismo veía hacia el futuro, construía para crear un porvenir mejor y, al parecer, “no le pertenecía la conservación del pasado”. El propio conferenciante afirmaba que se estaba a las puertas de una nueva época de creación, donde se plasmaría todo el esfuerzo acumulado a través de las generaciones precedentes, al revés que en las épocas agotadas caracterizadas por el culto al pasado. En este sentido, citaba cómo a fines del siglo XVIII desde una de las instituciones más altas en relación con la cultura se proponía la destrucción de todas las catedrales góticas existentes, aunque eso, desde la perspectiva moderna, y siempre según su opinión, era una injuria artística. Después, la idea de la conservación ganó terreno, especialmente con el Romanticismo que, como bien sabemos, desarrolló un verdadero amor por el pasado, aunque, también es cierto que idealizado y con altas dosis de manipulación, añadiríamos nosotros. En este sentido, Ovejero hablaba del culto romántico a las ruinas, y cómo los valores románticos contribuyeron al amor de las “grandezas pasadas”. En ese cauce prosperó la idea de la conservación en las mentes del siglo XIX, teniendo a Ruskin como uno de los adalides del respeto al pasado.

La izquierda, pensando en el futuro había comprendido la importancia de conservar el pasado cultural del país

Pues bien, aceptado el triunfo de la conservación del pasado, ¿qué hacía la izquierda que, en principio, estaba tan interesada en el porvenir? Ovejero nos ofrece algunas claves desde el pasado. Recordaba cómo España había pospuesto el centenario de Cervantes con el pretexto de la Gran Guerra, pero eso no había impedido a Inglaterra celebrar el de Shakespeare, pero lo que es más importante, los socialistas lo habían celebrado en la Casa del Pueblo. Otra clave nos aporta nuestro protagonista. Al parecer, había organizado en su día una excursión al Monasterio de El Escorial, llegando a visitar las tumbas de los reyes, y al regreso, los jóvenes socialistas excursionistas al llegar a la Estación del Norte rompieron a cantar “La Internacional”. Ovejero interpretó esa excursión como un símbolo: “era lo nuevo comprendiendo lo viejo”, es decir, la izquierda, pensando en el futuro había comprendido la importancia de conservar el pasado cultural del país. Y eso habían hecho los concejales socialistas en Madrid cuando proponían para denominar los Grupos Escolares nombres de personajes ilustres, como Galdós, Jaime Vera o Menéndez Pelayo.

Y Ovejero insistía que, en realidad, quién se preocupaba por el pasado era el pueblo, poniendo varios ejemplos, como lo que en 1840 había pasado en relación con la venta de la portada de la Universidad de Alcalá, impedida por los propios obreros, o cómo ya en fechas más recientes los albañiles se habían negado a trabajar en la Casa del Carbón en Granada, alertados por Fernando de los Ríos. Por fin, los propios trabajadores habían tenido un comportamiento escrupuloso y ejemplar en la colocación de las joyas artísticas en las vitrinas en la Exposición de Barcelona. 

La izquierda y el patrimonio artístico