Inflitradores y Nimalia, novedades de Maldito Games
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Pablo D. Santonja | @datosantonja
Cuando Maldito Games publica juegos ligeros, los aficionados a los juegos de mesa sabemos que se avecinan propuestas con personalidad. No hablamos de títulos que requieran tardes enteras ni manuales de veinte páginas, sino de experiencias rápidas, accesibles y con ideas originales con fácil rejugabilidad. Ese es el caso de Nimalia e Infiltradores, dos juegos que comparten ligereza en la forma pero ofrecen sensaciones muy distintas. Ambos se juegan en menos de media hora, están pensados para grupos pequeños o medianos y resultan perfectos para abrir o cerrar una sesión lúdica. Sin embargo, uno invita a la calma del rompecabezas personal y el otro a la tensión de la deducción.
Empecemos por Nimalia, un diseño de William Liévin para 2 a 4 jugadores, con partidas de unos 30 minutos y recomendado a partir de los 10 años. El tema es construir un parque natural donde conviven distintos animales, pero bajo una premisa: cada carta de animal que añades a tu reserva tiene condiciones y exigencias que pueden chocar entre sí. La gracia está en que las losetas no se colocan como piezas aisladas, sino superpuestas, obligándote a encajar un pequeño puzzle espacial donde lo que colocas “hoy” puede complicar mucho tus planes de “mañana”. Lo que hace especial a Nimalia son sus cartas de objetivos, que cambian de una partida a otra y obligan a replantear la estrategia: a veces te conviene agrupar, otras diversificar, y en algunas partidas lo mejor será dejar huecos estratégicos. La interacción entre jugadores es más bien indirecta, porque cada uno construye su parque por separado, pero al compartir objetivos comunes siempre existe esa presión de no quedarse atrás. Jugarlo deja una sensación agradable de haber montado un pequeño ecosistema en miniatura y esa satisfacción personal de haber conseguido que todo encaje más o menos bien. Es un juego que transmite calma, que invita a pensar y que recompensa la flexibilidad.
En el lado opuesto está Infiltradores, creado por John Kean y Liam Kean, para 2 a 5 jugadores, de 20 a 30 minutos y recomendado desde los 8 años. Aquí la ambientación cambia radicalmente: los jugadores son agentes de una organización secreta y su misión es descubrir a los espías infiltrados antes de que sea demasiado tarde. La base del juego son las cartas y la información oculta: cada ronda se manejan pistas parciales que, si se interpretan correctamente, permitirán desenmascarar a los traidores. Y ojo, es un juego colaborativo, nada más lejos de lo que puedas pensar en un origen. El giro interesante es que el juego incluye 20 misiones distintas, cada una con reglas especiales que modifican ligeramente la manera de jugar, lo que da una gran rejugabilidad. La dinámica es totalmente cooperativa: todos ganan o pierden juntos, y lo que importa es la comunicación, el razonamiento compartido y la capacidad de tomar riesgos con la información disponible. La tensión aparece cuando el tiempo apremia y hay que tomar una decisión sin estar del todo seguros. Aquí la interacción es altísima: si alguien no participa activamente, la partida se resiente, y si el grupo está en sintonía, se producen momentos de entusiasmo colectivo, discusiones, hipótesis arriesgadas y grandes celebraciones al acertar. Punto positivo: un despliegue en mesa discreto, que puede adaptarse a cualquier lugar.
Comparar ambos juegos es un ejercicio curioso porque muestran dos formas muy distintas de entender los juegos de mesa. Nimalia es introspectivo: cada jugador se centra en su propio tablero y experimenta la satisfacción personal del puzzle bien resuelto. La interacción es más fría, casi secundaria, y el placer está en el ajuste de piezas y en cumplir objetivos bajo limitaciones, al estilo “Todos a Bordo”, otro juego de la editorial. Infiltradores, por el contrario, es extrovertido: todo gira alrededor de hablar, convencer, proponer teorías y resolver un misterio en conjunto. Incluso la frustración se siente de modo diferente al reirte con el grupo de los ciegos que estabais frente a una pista evidente.
Los dos, eso sí, comparten virtudes clave: se explican en pocos minutos, no requieren grandes despliegues de mesa y ofrecen partidas que encajan en cualquier momento. Ambos son juegos con alta variabilidad gracias a los objetivos de puntuación o a las misiones especiales, lo que alarga mucho su vida útil. Y ambos son buenos ejemplos de que un juego pequeño no tiene por qué ser un juego menor.
¿A quién recomendar cada uno? Nimalia gustará especialmente a quienes disfrutan con los puzzles espaciales. Es un título perfecto para quienes quieren pensar un poco, pero en un entorno relajado y sin demasiada confrontación. Infiltradores, en cambio, es ideal para grupos que valoren la interacción social y la cooperación.