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miércoles. 29.06.2022

La 'Enciclopedia nazi' de Juan Eslava Galán

Familiarizarnos con los acontecimientos históricos es algo imprescindible para comprender el presente.
enciclopedia nazi portada
 

Como cualquier otro campo del conocimiento, la historia puede ser algo tremendamente aburrido y supone todo un reto relatarla con amenidad. Esto lo consigue holgadamente Juan Eslava Galán con un curioso maridaje que mezcla tres géneros aparentemente poco afines, como son las biografías, la novela histórica e incluso el formato enciclopédico. Esta mixtura literaria resulta profundamente sugestiva, toda vez que no deja de respaldarse con fuentes acreditadas y no rehúye la faena de documentarse adecuadamente.

Al entrar en una librería siempre acabas encontrado algo que no buscabas. El otro día me compré una Enciclopedia, con la idea de tenerla cerca para ir consultándola en un momento dado. Pero la estoy leyendo con fruición linealmente, de comienzo a fin, porque cada página te hace proseguir la lectura, sin perdonar las notas a pie y con letra más menuda.

enciclopedia naziMe refiero a la Enciclopedia Nazi contada para escépticos recién publicada por Eslava Galán. Es un regalo del confinamiento provocado por la pandemia. Casi todo el año 2020 lo dedicó a revisar sus anaqueles para profundizar en esta materia y ordenó sus notas arbitrariamente para invitarnos a comprender mejor el intrincado fenómeno del nacionalsocialismo germano. Por supuesto, se dirige a lectores que sean escépticos y no a los que ya se lo sepan todo por disponer de una inalterable verdad en su coleto.

El caso es que consigue brindarnos un producto literario inusual, donde se reúnen algunas dosis micro-biográficas relativas a ciertos protagonistas de primera fila y otros mucho menos conocidos, pero también se consigue retratar toda una época, como hiciera Stefan Zweig en El mundo de ayer. En ocasiones hay pasajes que se dirían extraídos de una novela histórica. En definitiva esta Enciclopedia se lee como si fuera un hibrido entre biografía y novela histórica.

En estos tiempos poco dados al sosiego que demanda el familiarizarse con temas complejos mediante una lectura reposada, todo se resuelve con precipitadas búsquedas en internet que dejan a un lado las fuentes primarias y obtienen resultados muy aleatorios. Familiarizarnos con los acontecimientos históricos es algo imprescindible para comprender el presente y es una suerte contar con libros de alta divulgación.

Estos no sustituyen los procedimientos tradicionales de rastrear documentación acreditada que nos ayude a formarnos una opinión, pero desde luego nos incitan a conocer más detalles al respecto. El caso que nos ocupa no presume de objetividad. Reconoce tener sesgos, como cualquier otra óptica no deja de tenerlos. La socarronería delata la cosmovisión del autor, quien a buen seguro se precia de no haber caído en lo que se ha calificado como “el buen lado de la historia” refiriéndose al fascismo.

Su libro anterior se titula La tentación del Caudillo: Nueve meses que no estremecieron al mundo. Un biografía indirecta y no autorizada de Franco en sus relaciones con Hitler, donde se profundiza en las complejas razones por las que España mantuvo durante la Segunda Guerra mundial una presunta neutralidad, en vez de corresponder a las decisivas ayudas militares recibidas para ganar la Guerra Civil española.

Ahí están, igualmente, Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie, Los años del miedo, De la alpargata al seiscientos o La Segunda Guerra mundial contada para escépticos, dentro de una prolífica producción. Parafraseando al gran pintor Magritte cabría decir que, aun cuando así lo parezca, esto no es una reseña de Juan Eslava Galán. Pretende ser una reflexión sobre lo que puede hacerse para divulgar algo tan fundamental como la Historia con mayúscula.

Revisitar la historia siempre viene bien para entender los acontecimientos presentes

Revisitar la historia siempre viene bien para entender los acontecimientos presentes. Ahora mismo podemos ver dos películas, Múnich: En víspera de una guerra y The coldest Game, que recrean dos momentos históricos evocados por el conflicto de Ucrania: la Conferencia de 1938 protagonizada por el premier británico Neville Chamberlain y la Crisis de los misiles cubanos fechada en 1962. Los ejemplos podrían multiplicarse con suma facilidad.

También la radio puede abrir nuestro apetito para bucear en las aguas del devenir histórico, tal como hacen programas como Documentos de RNE o Acontece que no es poco de Nieves Conconstrina. Las anécdotas bien documentadas pueden servir de aliciente para profundizar en los hechos (no alternativos). Familiarizarse con la historia previene de una dogmática negación de las evidencias. Los negacionismos apuestan por un escepticismo absoluto, mientras que la ciencia se sirve del método escéptico para revisar constantemente sus mejores hipótesis de trabajo.

Quizá sea hora de confesarlo. Aunque soy de letras, a mi lo que gustaban eran las matemáticas. Con memorizar unas cuantas cosillas obtenías muchos réditos y aplicaciones. Pero en el bachiller se me atragantó la historia. Demasiados datos que no decían absolutamente nada y no despertaban mi curiosidad. Muchos años después me acabe aficionando a la historia frecuentando el género biográfico.

Stefan Zweig me hizo descubrir otros mundos al trasladarme a otras épocas y sus contextos. Quien haya leído su Fouché, se hará cargo de la experiencia. Este personaje adicto al Directorio convivió luego con el emperador Napoleón y le sobrevivió en la Restauración. Este aperitivo nos puede abrir boca para estudiar después a Siéyès, alfa y omega de la Revolución Francesa, puesto que fue quien promovió su Asamblea Constituyente y participó en el 18 Brumario.

Sean bienvenidos aquellos textos que nos invitan a familiarizarnos con la historia, como los de Juan Eslava Galán, un autor capaz de conjugar varios géneros literarios al mismo tiempo y hacernos leer sus notas al pie de página.
 

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