Eduardo Barriobero y Herrán: un tribuno de la plebe a principios del siglo XX
Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna
Sergio Cañas
En 1875 nació el escritor, político y abogado Eduardo Barriobero y Herrán. Un notorio personaje de la historia española del primer tercio del siglo XX que actualmente pasa desapercibido para la sociedad española. Y que, por su singularidad más que por su olvido, merece la pena rescatar y traer al presente. Pues fue un hombre culto, un militante social y un escritor bohemio que en todo momento pensó y actuó contra el pensamiento mayoritario de la época desde sus principios republicanos y libertarios.
Sagasta representó la España que fue, mientras que Barriobero luchó por la que España que pudo ser y no terminó siendo
Precisamente fue por su actividad como moderno tribuno de la plebe por la que terminaría varias veces encarcelado y, además, en todos y cada uno de los sistemas políticos que le tocó vivir y, a su manera, combatir, desde la Restauración hasta el final de la Guerra Civil española no hubo sistema político español, ni monárquico ni republicano, ni democrático ni dictatorial, que no encontrase motivos para meterle en prisión. Pues si se distinguió públicamente por algo fue por la crítica al poder cuando se ejercía contra el pueblo desde la óptica (que hoy denominaríamos) de la justicia social. Aunque también destacó por su amplia cultura, su gran instrucción en derecho, por su literatura popular y, en suma, por ser un librepensador idealista y humanitario y un demócrata radical que amó la libertad a pesar de ella misma y por la que fue fusilado en 1939.
Barriobero no fue un personaje simple ni plano. Fue un abogado del común, un diputado republicano, un simpatizante anarcosindicalista y un erudito de prestigio inmerso en la bohemia literaria y en la lucha contra las injusticias del poder. Buen conocedor del submundo intelectual y político de la Europa de entreguerras, fue un hombre polifacético: militante político en la lucha por la libertad y contra la opresión monárquica o dictatorial, paladín de las causas perdidas del obrerismo revolucionario y de las injusticias sociales que azotaban a los más humildes y escritor de novelas, dramaturgo y traductor.
La historia de Eduardo Barriobero estuvo muy vinculada a La Rioja. Pues en esa tierra nació. Y lo hizo en Torrecilla en Cameros, el mismo municipio serrano que en el siglo XIX también fue el lugar donde medio siglo antes naciera Práxedes Mateo-Sagasta. Un personaje mucho más reconocido y famoso por sus enormes implicaciones en la política de la Restauración y por su liderazgo del liberalismo progresista hasta el siglo XX. Y que todavía recibe homenajes, libros y funciones en su honor. No así Barriobero, que apenas tiene una calle en Entrena, el pueblo de su padre. Tal vez el motivo principal de esta fortuna memorística desigual raye en que Sagasta representó la España que fue (monárquica, liberal y reformista), mientras que Barriobero luchó por la que España que pudo ser y no terminó siendo (republicana, federal y transformadora).
En el caso de Barriobero, sabemos que fue en la Facultad de Derecho de Zaragoza donde comenzó a familiarizarse con las ideas republicanas y federales de Francisco Pi i Margall, llegando a fundar la Juventud Republicana Federal en la capital aragonesa. A finales del XIX obtuvo la plaza de registrador de la propiedad en el municipio madrileño de San Martín de Valdeiglesias, se casó y tuvo un par de hijos. Pero su matrimonio fue un fracaso y no volvieron a conocérsele parejas estables. Igualmente, su labor funcionarial le aburrió y le hizo volcarse en la literatura, la política y el derecho social. Y desde principios del siglo XX comenzó a participar en la vida política y literaria capitalina. Tras librarse del yugo familiar, se afilió a Unión Republicana y comenzó a escribir en publicaciones literarias de corte satírico y antimodernista. Todo lo cual hizo que sus principios sociales se reafirmasen y comenzara su activismo y sus primeras entradas a prisión por defender los intereses de las clases populares y trabajadoras. Llegando a tener que exiliarse en Francia, donde trabajo como traductor, y regresando a Madrid en 1905, donde volvería a prisión.
Posteriormente comenzaría a trabajar sobre Don Quijote, una figura que interpretó desde la óptica libertaria y con la que estuvo muy familiarizado en su producción. Pues Barriobero fue también un quijote moderno, un idealista que vivió deshaciendo los entuertos de las clases humildes y peleando contra los gigantes del poder caciquil y del autoritarismo de toda clase y condición. Arriesgando en ello su salud y su libertad: sus bienes más preciados. Antes de ser elegido diputado nacional por la Conjunción Republicano-Socialista en las elecciones de 1914, comenzó a interesarse por las ideas feministas, ingresó en la Asociación Libre de Abogados y en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y conjugó su labor literaria con la defensa de militantes obreros. Llegando a ser perseguido, encarcelado y amenazado por el poder oficial y por las bandas de pistoleros de la patronal; además de integrarse en la masonería y declararse intelectualmente ateo y anticlerical.
En aquel mismo año de 1914 Barriobero visitó la riojana Entrena pocos días antes de irse a Madrid para tomar posesión en las Cortes, por lo que el Ayuntamiento le dedicó la calle Mayor en su honor, cosa que el diputado agradeció por ser un homenaje que su pueblo adoptivo le tributaba. Esta placa se eliminaría al principio de la dictadura de Primo de Rivera, pues Barriobero era un firme opositor de la misma, la monarquía, la Iglesia y el capital, pero se repondría después. El propio Barriobero, tras salir de la cárcel por su participación en los intentos de derrocar a Primo de Rivera, tuvo ocasión de agradecer el detalle defendiendo con éxito y gratuitamente los intereses de Entrena en un pleito. Ya en la Segunda República Española, Barriobero fue elegido diputado por el Partido Republicano Federal en 1931. Era la cuarta vez que alcanzaba ese honor. Razón por la que el Ayuntamiento republicano de Entrena enmarcó una fotografía de Barriobero y la colocó en el consistorio. Allí quedó hasta que fue eliminada tras el golpe de Estado de 1936. Ya en 1980, en otros tiempos bien distintos, durante la Transición, se decidió dedicarle otra calle en el municipio distinta a la original calle Mayor, en una temprana recuperación de la memoria histórica local.
Además de ser Barriobero un azote parlamentario frente a las ideas conservadoras de la CEDA y de las propias ideas progresistas de Azaña, cuyo enfrentamiento político llegó a ser proverbial y le hizo abandonar la masonería, su ligazón con el anarquismo permanecería intacto. Así se explica que, tras el comienzo de la Guerra Civil, fuera nombrado presidente del Tribunal Revolucionario de Barcelona y colaborase con el proceso revolucionario iniciado en 1936 a raíz del fracaso del golpe militar; enfrentándose no solo al bando golpista y profascista de Franco, que le tanteó para ganarlo para su causa, sino también a comunistas, separatistas catalanes y republicanos-socialistas. Razón por la que fue víctima de una campaña política en su contra elaborada desde las filas antifascistas y republicanas españolas y fue confinado en un hospital barcelonés. Su delicada salud, en gran medida deteriorada por tantas encarcelaciones anteriores, así lo aconsejaban. Perdida toda esperanza de victoria para el gobierno republicano tuvo la oportunidad de huir a Francia, donde tantas veces se refugió de los ataques del poder autoritario, pero decidió quedarse en España. Procesado sumarialmente por el franquismo incipiente, fue fusilado en 1939. Atrás quedaron su defensa de los más débiles, sus envites por instalar en España un sistema plenamente democrático, una sociedad culta, racional y justa y varios cientos de publicaciones.