lunes. 17.06.2024

Carlos Valades | @carlosvalades

Es mucha la oferta teatral en Madrid. Y más ahora, en pleno festival de otoño. A veces merece la pena investigar otras salas, más pequeñas, en el off. Por eso decidí acercarme a “El 5 de Velarde”, en pleno corazón de Malasaña. 

Me llamó la atención el cartel de la obra y pensé ¿por qué no?, vamos a dar una oportunidad a las compañías más jóvenes, a otros creadores que arriesgan tiempo y dinero, movidos por amor al teatro, más que por el afán de notoriedad. De entrada, el espacio es como el salón de una casa. Veinte espectadores que comparten la intimidad de la cercanía, una liturgia que se aprecia en la comunión que da la proximidad al escenario. A la entrada, todos los espectadores somos obsequiados con un pequeño bizcocho que hace referencia al texto. Un guiño que da a entender que es una producción minuciosa, que cuida los detalles.

Un monólogo singular, excelentemente interpretado y dirigido

Suena una radio de fondo, un murmullo, una melodía de Chamamé que nos sitúa en el litoral de Argentina. Las notas de acordeón acompañan a la nostalgia que sienten aquellos que tienen que abandonar su tierra. De la penumbra emerge Isabel, una mujer de avanzada edad. Estamos en el ático de una casa, con un calor abrasador. Isabel utiliza ese espacio para dialogar con su hermana Rosarito con la que nunca tuvo una relación fácil. Ana Bowers, actriz argentina afincada en España, maneja el reducido espacio con mucha soltura. Siempre en riesgo, domina registros y tiempos de manera magistral, involucrando al espectador a que siga con atención cada uno de sus gestos y silencios.

El autor, el también argentino Matías Oliver, dirige un texto que sale de la ortodoxia del microteatro para meterse dentro de una obra de media duración y que funciona como una bomba de relojería. El espectador quizás necesitaría algo más extenso porque quiere saber más de esa relación tan complicada entre las dos hermanas. Valeria Santiago, la asistente de dirección, completa el elenco de Puchero teatro.

Desde aquí animo a los espectadores a ver Isabel y Rosarito, un monólogo singular, excelentemente interpretado y dirigido. A veces, los descubrimientos surgen del caprichoso azar. (Para ver el 17 y 24 de noviembre)

'Isabel y Rosarito', un drama argentino en el corazón de Malasaña