miércoles. 28.02.2024

Torres-Remírez | @jostorresremrez

¿Cómo se puede intentar convencer a alguien de que vea una obra de teatro si no se puede contar nada de la misma? El encanto de la obra “Si lo cuentas te mato” reside en no saber nada. El mínimo argumento que nos permiten conocer antes de entrar en la sala es que: “Leo va a presentarle a su novia a su mejor amigo Bruno, pero por lo visto, amigo y novia ya se conocen y tienen un secreto en común”. Y hasta ahí se puede leer. 

Antes si quiera de empezar la obra, el espectador está ya en una situación entre peligrosa y cómica, pues la megafonía pide amablemente a los asistentes que mantengan los teléfonos apagados. Posteriormente, viene una amenaza: “Como se oiga un teléfono, los actores sacarán al dueño del mismo al escenario”. Aún no sé cómo nos debemos tomar eso ¿es el primer chiste o sólo una muestra de que ya no hay educación y hay que amenazar al público para que apaguen de una vez el maldito teléfono?

La obra cuenta con un reparto mínimo en el que destaca la grandiosa Irene Garrés. Sus compañeros de escena están a un nivel excepcional y consiguen sacar carcajadas al público, pero el personaje interpretado por Irene es maravilloso. Ella es la clave de la obra y el enredo comienza en cuanto ella cruza el umbral de la puerta, o del escenario. La finura con que Joaquim Bundó escribió el personaje se ve coronado con el desparpajo de la actriz. Además, roba todas las miradas del público. Pequeños gestos como comer durante una escena, llenar una copa, o cómo se mueve hace que, a pesar de que la acción esté transcurriendo en el otro lado del escenario, todos nos fijemos en ella. E Irene lo sabe. Por ello agradece al público esa atención dando una actuación sobresaliente desde el primer momento. A su vez, Irene es actriz de doblaje y se nota a lo largo de la obra. Su voz es más importante que su propia actuación. Convence con sólo oírla. Da miedo y risa en menos de un minuto gracias a cómo esta actriz controla su voz. Es algo que sólo puede ocurrir en un escenario.

El tema central de la obra es la locura. La situación esperpéntica es una locura en sí misma que hace que los enredos sean cada vez más locos

Cabe destacar la labor del autor. Lo que está subiendo al escenario no es una idea original. Lo hemos visto, de distinta manera, en libros, películas y en alguna que otra obra de teatro. Y por eso mismo tiene aún más mérito lo que ocurre cuando las candilejas se encienden. Bundó nos vende una historia antigua totalmente actualizada, con pequeños detalles en cada escena que consiguen que el espectador no esté ni un minuto en silencio. Siempre hay una risa, ya sea aislada o retumbando en todo el teatro

A Bundó no le da miedo ni rebajar su humor, ni hacerlo elevado. Tenemos chistes tan barriobajeros como: “-Te como la polla -Eso dijo ella”

O un debate sobre “El Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, que acaba con una rotura de la cuarta pared (o eso parece) en el que nos advierten de un spoiler sobre la novela, que luego tendrá mucho que ver con el final de la obra de teatro. En otras palabras, Bundó quiere que nos lo pasemos bien, por lo que nos acerca el humor desde todas las perspectivas y nos muestra todas las referencias en las que se ha basado para hacer la novela. Las cartas están sobre la mesa, pero el público está muy ocupado riendo como para darse cuenta de lo que está pasando. 

La obra nos acerca el humor desde todas las perspectivas

El tema central de la obra es la locura. La situación esperpéntica es una locura en sí misma que hace que los enredos sean cada vez más locos. Los libros que se mencionan también versan sobre personajes desquiciados, y todo ello hace que el espectador no sólo se vuelva majareta, sino que ya no sepa qué creer.

De momento, la obra estará en cartel en Barcelona durante el mes de diciembre, y su vida posterior aún está por dilucidar, pero sería de agradecer que las capitales de provincia empezaran a agendar esta obra. Su estructura, su dinamismo y el reparto tan reducido la hacen perfecta para una gira por toda la geografía española. 

Como conclusión y siendo sinceros, lo mejor de la obra son los diez últimos minutos. Ahí el laberinto de historias y amenazas que se han contado culminan en un apoteósico final. Del cuál, no puedo decir nada, ya que, si lo cuento, me matan. 

Si lo cuentas te mato… De la risa