miércoles. 17.04.2024

Vera Frassa Bolognese | @vera_frassa

“El zorro” cuenta la historia de una amistad inesperada en medio del caos: Franz, un soldado austriaco en la Segunda Guerra Mundial, encuentra un pequeño zorro herido y se lo queda, llevándolo consigo a todas sus misiones durante un año. En un panorama cinematográfico en el que abundan tanto las películas de guerra (solo en los últimos siete años, “Dunquerque”, “1917”, “Hacksaw Ridge” y “Sin novedad en el frente” han sido galardonadas con Oscars), esta película no llama la atención inmediatamente. 

Por suerte, en las manos del joven director austriaco Adrian Goiginger, “El zorro” se convierte en una película distinta que, aunque lejos de ser perfecta, tiene algo personal e importante que contar. Goiginger ganó popularidad en 2017 con su primera película “The Best of All Worlds”, que muestra la compleja relación de un niño con su madre, dividida entre el amor por su hijo y su adicción a las drogas. Con “El zorro”, el cineasta demuestra de nuevo su predilección por centrarse en relaciones frágiles que se desarrollan en contextos difíciles. 

“El zorro” se convierte en una película distinta que, aunque lejos de ser perfecta, tiene algo personal e importante que contar

Y es que, en esta película, la guerra funciona más como ambientación, como un escenario en el que se desarrolla la historia, que como trama principal. Condicionado por las frecuentes películas bélicas del panorama cinematográfico actual, el espectador espera constantemente la llegada de una escena violenta y climática de batalla, en la que casi todos los personajes pierdan su vida, pero esta escena nunca llega. La vida en el ejército es dura y estricta, y la presencia del nazismo, que impregna la atmósfera del filme, es ominosa. Sin embargo, la trama en la que se centra Goiginger -basada en la historia real de su bisabuelo- es más personal que histórica. 

En lugar de diálogos convencionales, en este filme el silencio lo llenan canciones populares y rezos pronunciados al unísono. La familia de Franz, sentada alrededor de una hoguera, canta en vez de conversar. La película no está articulada por ataques, batallas y muertes, sino por el viaje del joven Franz que, tras ser vendido de niño por sus padres a causa de la falta de recursos para su gran familia, se encuentra solo en un mundo con el que no sabe relacionarse. El ejército, con sus estrictas reglas y sus esquemas, parece un lugar apropiado para que Franz pueda vivir sin tener que salirse de fórmulas establecidas. Mermado por el trauma de su infancia y marginado de la sociedad por su incapacidad de para comunicarse, Franz parece ajeno incluso a la guerra en la que está luchando. Esta distancia es la que permite a la película centrarse en la relación del joven soldado con el zorro, con el que no necesita palabras para comunicarse.

La película peca en algunos puntos de una simbología algo obvia: Franz cuida del pequeño zorro como le habría gustado que sus padres hubieran cuidado de él. En una historia contada enteramente desde el punto de vista del protagonista y que da escasa importancia a los personajes secundarios, se echa en falta en ocasiones algo de matiz. Más allá de esto, la película es clara, concisa -aprovecha bien sus casi dos horas de duración, que no se hacen largas- y emotiva. La simple historia da sus frutos gracias a la interpretación protagónica de Simon Morzé, a la par estoico y conmovedor, cuyos problemas de comunicación dan pie a un filme en el que se nos muestran las cosas a través de las imágenes en vez de a través del diálogo.


Duración: 118 min.
País: Austria
Dirección: Adrian Goiginger
Estreno en España: 07/07/2023
Reparto: Simon Morzé, Adrianna Gradziel, Karl Markovics, Marko Kerezovic
Sinopsis: La historia del joven soldado austriaco Franz Streitberger (Simon Morzé) en la Segunda Guerra Mundial y su peculiar relación con una cría de zorro a la que decide proteger.

‘El zorro’, la amistad sin palabras