domingo. 23.06.2024

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Celín Cebrián | @Celn4

Es una película que cautiva de principio a fin por la intensidad. Todo comienza en una gasolinera solitaria donde dos tipos toman café en dos vasos de plástico, mientras uno de ellos no deja de hablar por el móvil, yendo y viniendo a cámara. Al fondo, la autovía, coches que pasan; a este otro lado, terreno baldío, desértico. Una mujer ha desaparecido. Los dos hombres la buscan: ambos la aman. Pero, ¿por qué se fue? Cada cual tiene una sospecha distinta de por qué se fue, pero ninguno tiene la razón, aunque seguramente que alguien en la película la tiene. Y esa huida es la que se revela durante todo el metraje como el centro de todas las ficciones que el filme va entretejiendo, sutilmente. En realidad, la película es un laberinto de secretos: el secreto del corazón de otra mujer que se perdió hace años; el secreto de la vida en un pueblo rural, sacudido por un suceso sobrenatural que nadie parece percibir; el secreto de la llanura, que devora todo y no deja de extenderse como si fuera una sombra que inunda la vida después del atardecer… Laura, que es como se llama la chica que desaparece, ha dejado en el parabrisas del coche de Ezequiel un papelito, que éste encuentra, donde dice: “Adiós, adiós…, me voy, me voy”. Pero Ezequiel no se lo enseña a Rafael. Cada uno asegura conocer una versión de Laura. 

La película fue creciendo en función de lo que me iba pasando en la vida misma

En segunda parte, de las doce en las que se divide la película, comienza la trama detectivesca sobre una tal Carmen Zuna. Suena una música inquietante, que para mí sobra. Es más hay momentos en los que el apunte musical es tan excesivo y subido de tono que no se oyen con claridad los diálogos, que acompañan a una maraña de informaciones y datos e investigaciones, que dan cuerpo al misterio. Pero, ¿cuál es el misterio, si acaso lo hay? Es buscar en el universo de los sátiros o hurgar en la vida de las abejas. Difícil. Como buscar una aguja en un pajar. 

Una chica ha desaparecido, ha dicho adiós… Quiere estar sola, nos preguntamos, o piensa que el amor es una cárcel… Cartas que se escriben, que después dejan de llegar, enredo, Carmen que regresa, ahora embarazada…. A veces no está en ningún lado; otras veces está en todos los lados… ¿Quizás le preocupa algo…? ¿Va a volver? Preguntas…. Hasta que la vemos llegando al mar, libre, sola… Y de nuevo esos exteriores inmensos donde no ocurre nada y el tiempo no existe. Más de cuatro horas, cuatro partes y doce capítulos de una historia o de un mosaico de historias ambientadas en Trenquen Lauquen, que a fin de cuentas es el nombre de una localidad de la Pampa en la que transcurre la película, cuyo argumento podríamos decir que va de mujeres que huyen. Y de hombres que buscan. También va de flores, plantas, campos eternos, casas aisladas, seres fantásticos…, mientras escuchamos programas de radio. La película va de la vida de los pueblos, de la maternidad, de lo cotidiano por donde se entremezcla lo sentimental, los secretos y lo poético. Todo eso parece tener cabida en un filme, tercera película de Laura Citarella, tras la mujer de los perros y Ostende, que se estrenó en el Festival de Venecia y clausuró la sección Zabaltegui del Festival de San Sebastián, producida por El Pampero Cine, un colectivo con pocos recursos económicos del que también forma parte Mariano Linás, pero con muchas ideas que llevan a cabo a base de originalidad, libertad, frescura.., ese tipo de películas que le devuelven al espectador el placer de ver una historia bien contada, con sentido de la aventura, con ingenio, buscando no sólo su complicidad sino también su consideración. 

Trenque Launquen es el placer de contar, que supera, con mucho, el interés por cerrar las historias, conseguidas a base de mezclar tramas, personajes, sucesos y acontecimientos con los que enganchar al espectador

De partida, el filme propone distintos puntos de vista, de cambios de estilo, de diferentes tipos de puesta en escena, incluso de saltos temporales y cierto humor, pero todo ello está contado de forma clara y sugerente, lo que obliga a la directora que todas las piezas encajen, aunque seguramente antes ya lo tenía previsto en ese guion escrito a contrapelo junto a la protagonista, Laura Paredes. Lo que propone Trenque Lauquen es un juego. Con un elenco donde figuran también Elisa Carricajo, Verónica Linás, Juliana Muras, Ezequiel Pierri, Cecilia Rainero y Rafael Spregelburd. 

Trenque Launquen es el placer de contar, que supera, con mucho, el interés por cerrar las historias, conseguidas a base de mezclar tramas, personajes, sucesos y acontecimientos con los que enganchar al espectador, que quiere más, hasta que el director decide cuando llegar al punto y final, que no tiene por qué ser el final de la historia. El filme es como un río que se desborda y que corre el riesgo de caer atrapado por una corriente que nos traslada a territorios que van desde lo más humano a lo más inexplicable, y donde hay un personaje que le da sentido a todo, que es el de Laura, en este caso Laura Paredes, una botánica que se desplaza al lugar para realizar un proyecto universitario que justifique su contratación en el departamento dirigido por su novio, Rafael, y que, tras ser ayudada por Ezequiel (Chicha), desaparece de la noche a la mañana. Cuatro horas que dan mucho de sí, imágenes de ida y vuelta, donde hay cosas excelentes, imaginación a raudales, encuadres de saldo, sutilezas, erotismo, homosexualidad femenina, disparates, aciertos, perplejidades, tensión, intensidad… y donde el silencio y la elipsis se adoptan como modelo narrativo. Es un cóctel tan anárquico como maravilloso, larguísimo, que se van enredando en una maraña de hilos narrativos y que, a medida que encajan las piezas, va apareciendo algo de claridad, para después volver a enredar. Es una obra en la que las mujeres son el centro y los hombres seres renqueantes, dependientes de una mirada o de una respuesta de cualquier mujer que surge en esta historia. 

La prestigiosa revista de crítica francesa Cahiers du Cinéma eligió Trenque Launquen como la mejor del 2023. Este reconocimiento es absolutamente excepcional, pues, como precisó el crítico y productor Axel Kuschevatsky, “es la primera vez (desde la película Él, de Luis Buñuel) que un film iberoamericano alcanza el primer puesto en la lista de la citada revista. Detrás de la película de Laura Citarella quedó incluso The Fabelmans, el último filme de Steven Spielberg. Ahora bien, pienso que necesita un público adecuado.

En una entrevista, la directora contó la cercanía que tiene con el lugar donde se rodó ya que su familia es oriunda de allí, aunque ella nació en La Plata. Pero pasó muchos veranos en esa tierra y conoce bien ese lugar, y a su gente. Y afirmó: ”La película fue creciendo en función de lo que me iba pasando en la vida misma. Esto es algo independiente y familiar, pero así es, de tal modo que Ezequiel, mi marido, ha sido uno de los productores, además de hacer un papel como actor. Y tuvimos una hija, que también aparece en la película… Es difícil decir de qué trata… Fueron surgiendo ideas y la película, poco a poco, se fue reestructurando. Aquello crecía por todos los lados”.

Al final, sólo me faltó una cosa: que la protagonista, Laura, subiera desnuda sobre el caballo blanco. Hubiera sido algo maravilloso.

Trenque Launquen, una obra con un ritmo “borgiano” que termina siendo un río que se...