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‘Sujétame el cubata’: cubata de garrafón para muy cubateros

Sujétame el cubata podrá satisfacer a la parroquia de J.J. Vaquero, pero dudo que sume adeptos ya que cómicamente resulta un producto muy básico, facilón y cargante.

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Aleix Sales | @Aleix_Sales

Del cierre y la solera cosechada a lo largo de tres lustros del bar El Rincón del Erizo de Valladolid, antro de referencia por donde han desfilado muchos de los cómicos más célebres en España del siglo XXI, nace esta película. Su propietario, el monologuista J.J. Vaquero, está detrás del libreto –junto a Carolina Noriega- que rinde homenaje a este local que, según él, contiene muchas historias dignas de difundirse. La época dorada del stand up comedy nacional, propulsado gracias a programas como El club de la comedia, es deudor de referentes costumbristas propios como Gila o Eugenio, pero también de todo el imaginario estadounidense salido de Saturday Night Live y sucesivos late shows, generando un estilo eminentemente americano pero anclado en nuestra sociedad. Sujétame el cubata pretende hacer un tributo a esta generación de comediantes –no en vano, el film toma demasiadas digresiones para dar a los invitados un momento en el que puedan hacer gala de su tipo de material-, y lo inscribe en una trama ficticia en la que el propio Vaquero se (re)interpreta a sí mismo en una trama de niño grande inmaduro que debe salvar la susodicha taberna, claramente inspirada en la factoría de Judd Apatow o en las películas de los hermanos Farrelly.

Un cubata de garrafón que los seguidores más conformistas de Vaquero podrán tomarse al estar en la misma onda que él, pero que se le atragantará a cualquier otro casual.

El (auto)servicio de Vaquero y a toda su troupe de amigos podría resultar una buena idea si encontrara un formato más adecuado para ir colocando ese desfile de caras, pero decide apostar por una propuesta que no funciona al contar con una trama extremadamente endeble y tópica, lastrando su ritmo por la necesidad de recurrir a apariciones especiales frecuentes que no aportan nada y rellenan un contenido que habría sido más natural y menos cortante como espectáculo teatral filmado, ya que cinematográficamente y visualmente es sumamente pobre.

Por otro lado, Sujétame el cubata podrá satisfacer a la parroquia de J.J. Vaquero –que la deberá tener-, pero dudo que sume adeptos ya que cómicamente resulta un producto muy básico, facilón y cargante, buscando constantemente la batería de bromas y chascarrillos de los cuales solamente funciona 1 de cada 25, así que la experiencia puede suponer una ardua tarea para quien no conecte con el sentido del humor de su artífice, que es el que empaña toda la propuesta, al fin y al cabo. Mención aparte merece el bochornoso segmento que involucra a Jorge Cremades, gamberro y zafio en la peor acepción de sus términos. Lo dicho, un cubata de garrafón que los seguidores más conformistas de Vaquero (y de El Hormiguero) podrán tomarse al estar en la misma onda que él, pero que se le atragantará a cualquier otro casual.