'La sonrisa del mal', un perturbador cuento rural italiano sobre el dolor
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Guillermo Barrera | @guille_barrera
El terror contemporáneo lleva años explorando caminos que se alejan del susto inmediato para abrazar algo más incómodo. En esa línea se sitúa “La sonrisa del mal” (La valle dei sorrisi), de 2025, y dirigida por Paolo Strippoli, una propuesta italiana que se adentra en el terreno del llamado terror elevado.
La historia nos traslada a un pequeño pueblo italiano escondido en un valle aislado entre montañas. Allí llega un nuevo profesor de educación física que carga con un pasado del que sabemos poco, pero que pesa lo suficiente como para definir que está mal. En apariencia, un lugar idílico: sus habitantes son extraordinariamente felices, amables y tranquilos. Demasiado felices, quizá.
La película además se mueve con soltura entre el folk horror y ese subgénero tan yankee de “small town terror”
Una película que se construye a fuego lento desde la atmósfera. No es un film de terror que dependa de esos sobresaltos, sino de una sensación progresiva de incomodidad. Hay en su narrativa pequeños gestos cinematográficos muy interesantes. Durante buena parte del metraje la película resulta deliberadamente confusa, pero esa confusión funciona como un eficaz dispositivo narrativo: el espectador comparte la desorientación del protagonista y se pregunta constantemente qué está ocurriendo realmente.
Uno de los elementos más destacables ya no es solo su trabajo visual, sino también… el tratamiento sonoro. La música cumple su función, pero es en los efectos de sonido donde la película encuentra algo potente. Los leitmotivs —más insinuados que evidentes— no solo inquietan, sino que también ayudan a explicar la trama. Funcionan como pequeñas pistas emocionales que anticipan lo que el guion decide ocultar o retrasar.
'La sonrisa del mal', habla de varias cosas a la vez: del duelo, del dolor, y del fanatismo que puede surgir cuando una comunidad convierte el sufrimiento en dogma. La religión aparece aquí como impulso colectivo: la necesidad de creer que existe una forma de purificación, aunque el precio sea monstruoso. La película además se mueve con soltura entre el folk horror y ese subgénero tan yankee de “small town terror”. Pero lo hace desde un prisma europeo de entorno rural: las montañas, los espacios abiertos y el silencio del valle transmiten una calma engañosa que contrasta de forma positiva.
Su atmósfera opresiva, su particular uso del sonido y su reflexión sobre el dolor colectivo la convierten en una propuesta de genero notable
Cabe decir, que la historia no destaca por su originalidad. De hecho, el guion se dispersa en algunos momentos y parece perder el foco. Sin embargo, tiene personalidad, el desarrollo dramático avanza lentamente manteniendo la tensión. Esa tensión sostenida… termina desembocando en un final poderoso que da sentido a muchas de las piezas dispersas del relato.
Su atmósfera opresiva, su particular uso del sonido y su reflexión sobre el dolor colectivo la convierten en una propuesta de genero notable. Una buena película que cuenta una historia sencilla con personalidad.