‘El mensaje’: ¿El don de una niña o la mayor estafa del campo argentino?
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Jaime Polo | @lovacaine
Iván Fund, uno de los nombres más sólidos del cine argentino contemporáneo, regresa con El mensaje, una obra que combina la sensibilidad poética de sus trabajos previos con una mirada aguda sobre la supervivencia, la fe y la ambigüedad moral. Estrenada en el Festival de San Sebastián 2025, tras haber cosechado el Oso de Plata en Berlín, esta película se erige como un retrato íntimo y a la vez universal, donde el misticismo y la precariedad se entrelazan en un viaje por los caminos polvorientos del campo argentino.
La película nos presenta a una niña con el supuesto don de comunicarse con animales, acompañada por sus tutores, quienes capitalizan esta habilidad ofreciendo consultas como médium de mascotas. La premisa, que podría derivar en un relato folclórico o caricaturesco, es tratada por Fund con una delicadeza que esquiva los lugares comunes. La autocaravana que recorre los paisajes áridos no es solo un vehículo físico, sino una metáfora de la fragilidad de sus personajes, atrapados entre la necesidad económica y la búsqueda de algo trascendental. La pregunta que atraviesa la película no se responde de manera tajante, sino que se despliega como un lienzo donde la inocencia de la niña y el oportunismo de los adultos coexisten en una danza incómoda pero fascinante.
El mensaje es una obra que respira autenticidad, un relato sobre la fe, el engaño y la inocencia en un contexto de crisis
Fund, conocido por su capacidad para capturar lo humano en los márgenes (La risa, Los labios), demuestra una vez más su destreza para trabajar con atmósferas y silencios. La dirección es sobria, con una cámara que observa sin juzgar, dejando que los gestos y las miradas hablen más que los diálogos. Los paisajes del interior argentino, polvorientos y vastos, no son un mero telón de fondo, sino un personaje más que amplifica la sensación de desamparo y posibilidad. La fotografía, heredera del trabajo premiado en Hoy no tuve miedo (BAFICI 2011), encuentra belleza en la austeridad, con tonos terrosos que refuerzan el tono melancólico de la narrativa.
Sin embargo, la película no está exenta de tropiezos. En ciertos momentos, el ritmo se vuelve contemplativo en exceso, y algunas subtramas, como las tensiones internas entre los tutores, se sienten menos desarrolladas de lo que podrían haber sido. Aunque esto no empaña el conjunto, sí deja la sensación de que Fund podría haber profundizado más en ciertos conflictos para redondear la experiencia.
El mensaje es una obra que respira autenticidad, un relato sobre la fe, el engaño y la inocencia en un contexto de crisis. Iván Fund consolida su voz autoral con una película que no solo dialoga con su filmografía previa, sino que se atreve a explorar nuevos matices. En San Sebastián 2025, la cinta brilla como un reflejo de las contradicciones humanas, recordándonos que, a veces, el milagro más grande es seguir adelante.