jueves. 04.06.2026
CINE

'El vestido': un atuendo de patronaje excesivamente esquemático

El vestido no es solo que carezca de transcendencia, es que escasea de cualquier tipo de profundidad o definición en sus personajes y sucesos, imposibilitando asentar cualquier tipo de verosimilitud en su progresión.

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Aleix Sales | @Aleix_Sales

Per se, el tópico no tiene por qué ser malo, ya que parte de unos mecanismos y estrategias sobradamente testados, caracterizados por su efectividad en el público. Jacob Santana, que el año pasado ya navegó por el tópico del thriller psicológico en Reversión, hace lo propio con el género de terror de casas y objetos diabólicos en el que se ven inmersos una madre divorciada y su hija de diez años. A raíz de las turbulencias en la adaptación a la presente realidad y el clima extraño del nuevo hogar, la relación entre las dos se tensionará hasta el límite.

El vestido es un pequeño vehículo de lucimiento para una icónica del género nacional como Belén Rueda, correcta, pero sin ningún aporte distintivo a su catálogo de reinas del grito

Sobre el papel, El vestido tiene potencial para ser un divertimento más para fans del cine de terror que no buscan tres pies al gato, hecho que no supondría ningún tipo de problema si se sabe jugar con el material, tratar de aportarle algo o establecer una base medianamente sólida con él. Pero aquí hay un craso error: con el cúmulo de lugares comunes que contiene, no se hace nada de provecho con ellos. Santana y sus espíritus aliados en el guion (Frank Ariza, Diego Ayala, Marco Lagarde) hacen una tela a base de parches reutilizados del cuento gótico, desde Henry James –a la memoria viene el relato corto La leyenda de ciertas ropas antiguas- o la escuela de otro James (Wan), sin ningún volante que le dé cuerpo y refuerce una base extremadamente plana. El vestido no es solo que carezca de transcendencia, es que escasea de cualquier tipo de profundidad o definición en sus personajes y sucesos, imposibilitando asentar cualquier tipo de verosimilitud en su progresión. La inquietante atmosfera no eclosiona debido a un desarrollo atropellado que avanza de punto en punto sin preocuparse por detallar atractivamente su esbozo, sumiendo una historia con un mínimo potencial en una entrega rutinaria y anodina de terror. El apremio y la falta de cocción deriva en un desenlace delirante y de banal explicación después de 75 minutos desaprovechados. Paradójicamente, es un claro ejemplo que, tal vez, con un metraje más largo en el que cuidar la caracterización, el resultado hubiera podido legar un traje mucho más atractivo.

Ambientando la historia en una España que está demasiado impregnada del imaginario estadounidense (el diseño del coche, la casa e incluso el colegio es demasiado anglosajón), El vestido es un pequeño vehículo de lucimiento para una icónica del género nacional como Belén Rueda, correcta, pero sin ningún aporte distintivo a su catálogo de reinas del grito. Asimismo, su elección como madre de una niña de 10 años (en su sesentena) ya hace temblar la verosimilitud de la que hablábamos antes. Dándole la réplica, están acertadamente, como vástago, Vera Centenera y Elena Irureta, como vecina supersticiosa, que hacen algo más digerible una propuesta tristemente desperdiciada. No es que el tópico sea malo, pero hay que coserlo con dedicación. Y aquí, por una razón u otra, falta más trabajo y enhebrar mejor la aguja.

'El vestido': un atuendo de patronaje excesivamente esquemático