jueves. 04.06.2026
CINE

Crítica de 'Sentimental Value'

Joachim Trier nos regala un trabajo notable que lo consolida como una de las voces más interesantes de nuestra generación.

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Miguel Ángel Leija | @CinemaCuarenten

En Sentimental Value la protagonista es la casa. Un hogar que ha visto pasar distintas historias de vida: desde una madre torturada por ir en contra de los nazis en la Segunda Guerra Mundial hasta una pequeña niña que escuchaba por un conducto las pláticas que su mamá psiquiatra tenía con sus pacientes.

Stellan Skarsgard interpreta a Gustav, un director de cine que abandonó a sus hijas tras divorciarse para perseguir su carrera artística. A partir de ese día, la casa se sintió más liviana. Pero siempre extrañó sus ruidos.

Tras la muerte de la exesposa, el hombre regresa para reencontrarse con sus hijas y le ofrece a la mayor ser la protagonista de su nueva película. Una en donde intenta entender el suicidio de su propia madre, o al menos eso parece, porque ante su incapacidad de pedirle perdón al no haber estado como debería, tiene esta última esperanza: hablarle en su propio lenguaje, con la casa como testigo de fondo.

Sentimental Value, así como el conjunto de la obra de Trier, toca temas con los que todos podemos identificarnos

Tras el triunfo entre el público y la crítica de la excelente La Peor Persona del Mundo en el año 2021, el director noruego Joachim Trier regresa con Sentimental Value, una película que continúa definiendo la voz propia de un autor en toda la palabra: un cine de lo cotidiano, alejado de grandes pretensiones estilísticas que se mete por completo en el día a día de sus protagonistas sin perder en ningún momento la emoción.

En la película anteriormente mencionada, uno de los personajes comenta que pasó toda su vida preocupándose por lo que podría salir mal y al final lo que falló fue todo lo demás a lo que no puso atención.

Béla Tarr, que en paz descanse, decía que todas las historias ya habían sido contadas en el Antiguo Testamento y la única diferencia está en la originalidad con las que las narramos. Sentimental Value, así como el conjunto de la obra de Trier, toca temas con los que todos podemos identificarnos: relaciones entre padres e hijos, el significado que adquieren los lugares una vez que vivimos algo importante en ellos, la búsqueda de la voz personal o el arte como medio de expresión para comunicarnos con los demás.

Las interpretaciones de Stellan Skarsgard e Inga Ibsdotter Lilleaas merecen una mención especial

No solo el fondo destaca, la forma también lo hace: la historia es narrada por una voz en off que todo lo sabe, que mueve los hilos y complementa las palabras que no se atreven a salir de las bocas de sus personajes. Además, es satisfactorio ver escenas cada vez más arriesgadas y espectaculares como las que muestran las obras de teatro o los fragmentos de las películas de Gustav (en pasado y en futuro).

El otro punto fuerte de la película son las actuaciones. Todas ellas son muy destacadas, aunque las interpretaciones de Stellan Skarsgard e Inga Ibsdotter Lilleaas merecen una mención especial.

El fallo más notable de la cinta reside en su incapacidad por mantener el ritmo durante todo el metraje. Si bien la misma cuenta con varios picos altos y un final excelente, existen varios momentos en los que por explorar el camino interior de los distintos personajes principales se ralentiza la narración y no todo es interesante.

En conclusión, Joachim Trier nos regala un trabajo notable que lo consolida como una de las voces más interesantes de nuestra generación. Cada película que dirige suma puntos en atrevimiento y la consecución del Gran Prix en la pasada edición del Festival de Cine de Cannes lo confirma. El noruego llegó para quedarse.

Crítica de 'Sentimental Value'