jueves. 04.06.2026
CINE

'Borau y el cine': descubriendo a Borau

Borau y el cine celebra con sencillez, claridad e intención divulgativa la herencia fílmica y la huella de un arduo y polifacético artesano del cine.

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Aleix Sales | @Aleix_Sales

Cuando se hacen listas recopilatorias de los mejores o imprescindibles cineastas del cine español acostumbran a repetirse los apellidos habituales de Buñuel, Berlanga, Bardem, Saura, Almodóvar o Erice, entre muchos otros, pero pocas veces se incide en el nombre de José Luis Borau, de quien básicamente se acuerdan estas compilaciones a la hora de hablar de títulos en concreto, donde habitualmente se recoge Furtivos, transgresor drama rural estrenado en 1975 capital para toda una generación que vino después. Aprovechando el medio siglo de su obra más celebrada, Germán Roda, documentalista de amplio bagaje especializado en biografías, rinde la cuenta pendiente de dar a conocer y poner en valor la importancia de Borau en el seno del cine nacional, así como sus aportaciones paralelas en la investigación cinematográfica, la docencia, la dirección de la Academia de Artes Cinematográficas de España o, incluso, como miembro de la Real Academia Española de la Lengua.

Roda concibe un documental clásico, de clara vocación informativa y pedagógica, compuesto a base de bustos parlantes, cortes de películas de Borau e imágenes de archivo con los que ilustrar la vida y obra del director aragonés. Un acercamiento correcto, que discurre en un suspiro y que de bien seguro animará a los neófitos a adentrarse en sus películas, aunque a los más versados en la figura del maestro no termine de aportarles nada particularmente revelador. Es en el testimonio de los entrevistados, compuesto por amigos y colaboradores recurrentes de Borau, donde residen las verdaderas perlas del film, especialmente a la hora de introducirse en el espectro humano, personal y fuera de los platós, como puede ser en la relación profesor-alumno que Manuel Gutiérrez Aragón relata simpáticamente. Aunque ciertamente se echa de menos una justificación más profunda de la riqueza de su trabajo, la narración de más batallitas en los rodajes que solamente conocen los que estuvieron allí, o una incisión más extendida en la recepción de sus cintas. Borau y el cine celebra con sencillez, claridad e intención divulgativa la herencia fílmica y la huella de un arduo y polifacético artesano del cine, que profesó, a cualquier precio, su amor por las imágenes en pantalla desde las teclas de una máquina de escribir, el objetivo de una cámara, la pizarra de una escuela, las páginas de los libros o un atril institucional. Y esto siempre es digno de ser reivindicado.

'Borau y el cine': descubriendo a Borau