FESTIVAL RÍO BABEL

Estopa y Madness brillan en la última jornada de Río Babel 2025

Estopa. Río Babel.

Rumba, ska y nostalgia se unieron en una noche inolvidable para cerrar por todo lo alto la octava edición del festival.

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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Si nos guiamos por el público congregado y los aplausos, el gran concierto de la última jornada de la octava edición del Festival Río Babel fue, sin duda, el de Estopa. Puntuales a su cita, los hermanos David y José Manuel Muñoz subieron al escenario a las 23:00 con Calorro como carta de presentación, seguida de Cacho a cacho, Vacaciones y El run run. Un arranque potente ante más de 25.000 personas que llenaron el Auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid.

Es cierto que no todos los presentes estaban allí exclusivamente por ellos —quien escribe es un ejemplo—, pero ¿cómo resistirse al magnetismo de sus grandes clásicos?

Estopa ofreció un viaje emocional que ellos mismos definieron como un “flashback”: una hora y media de lo mejor de su rumba catalana, esa que marcó a toda una generación y vendió más de 4 millones de discos. Sonaron Malabares, Cuando cae la luna, La raja de tu falda, El del medio de los Chichos, Vino tinto y, por supuesto, Como Camarón, con la que cerraron el concierto por todo lo alto.

Estopa. @ainhoalaucirica.

Una mención especial merece Chonchi Heredia, corista habitual del grupo, que aportó una voz desgarrada, poderosa y profundamente flamenca que encajó a la perfección con el estilo de los de Cornellà.

"Que le den a los liberales, a los amargos y a los anarcocapitalistas... ¡y viva el Barça!", bromeaba David Muñoz entre tema y tema. El cantante se mostró cómodo, cercano y divertido durante todo el show, que finalizó con un afectuoso “¡os queremos, Madrid!”. Antes de marcharse, dejó caer: “Haremos un disco, supongo... o un libro, o una peli. Yo qué sé. Pero seguro que nos veremos pronto”.

El de Estopa fue, en resumen, un concierto muy bien ejecutado: sin riesgos, pero lleno de energía y complicidad con su público, que no paró de cantar y aplaudir.

Madness. @ainhoalaucirica.

Dicho esto, hay que ser justos: aunque los catalanes llenaron, el gran concierto de la jornada fue el de los británicos Madness. Auténticas leyendas del ska, con una trayectoria que se remonta a finales de los 70, ofrecieron un show arrollador, divertido y con una energía envidiable.

Liderados por el carismático Suggs y sus estilosas gafas negras, Madness sigue fiel a su esencia, y arrancar el concierto con One Step Beyond fue toda una declaración de intenciones. Aquellos que no conocían a la banda —quizá muchos venidos por Estopa— probablemente alucinaron cuando sonaron himnos globales como Our House, Baggy Trousers o It Must Be Love.

Madness. @ainhoalaucirica.

Además de un repertorio intachable, Madness ofreció un espectáculo impecable, en gran parte gracias al descomunal Lee Thompson, saxofonista y verdadero titán del escenario. A sus 67 años, sigue robándose el show con carisma, humor y un virtuosismo que levanta pasiones.

El cierre de esta 8.ª edición de Río Babel también dejó otros momentos memorables. Uno de ellos fue el concierto de Yerai Cortés, al que muchos ya consideran el guitarrista flamenco más en forma de España. Desde que C. Tangana lo diera a conocer en su documental La guitarra flamenca, no ha dejado de crecer y de sorprender. Su actuación, acompañado de un sólido cuadro flamenco, fue una auténtica exhibición de duende y talento puro.

Yerai Cortés. Río Babel.

No podemos dejar de mencionar el buen directo de los uruguayos No Te Va Gustar, la sólida presentación de Griso, o la fusión de flamenco y electrónica que propone Queralt Lahoz, que sigue consolidando su particular universo sonoro.

El cambio de recinto ha sido, sin duda, un acierto. El Auditorio Miguel Ríos ha aportado mayor capacidad y, sobre todo, una mejor visibilidad gracias a la disposición escalonada de las gradas. En el concierto de Estopa, por ejemplo, se pudo ver y escuchar perfectamente desde cualquier punto del recinto, lo que contribuyó a que la experiencia del público fuera aún más satisfactoria.

Río Babel 2025 se despide con una edición sólida, diversa y muy celebrada, que ha sabido combinar grandes nombres con propuestas frescas y arriesgadas. El listón queda alto para la próxima entrega.